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Misión de escolta [rango C]-atemporal

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Misión de escolta [rango C]-atemporal

Mensaje por lucian el Vie Abr 22, 2016 6:40 pm

Tipo de misión: individual
Lugar: Desierto norte
Descripción  y objetivo: Escolta al mercader hasta la villa
Recompensa: 100 exp//1.000 ryos

Hace ya unos meses me encontraba tranquilamente en la habitación de mi casa, estaba estudiando algunos pergaminos de técnicas elementales cuando de pronto un águila de colores bastante llamativos, aterrizó sobre el saliente de la ventana y con el pico comenzó a dar golpes en el cristal, al principio pensé que era un animal salvaje que querría algo de comida, pero cuando vi que el águila llevaba el sello de Sunagakure me levanté rápidamente de la cama y fui corriendo a abrir la ventana. El águila se posó en mi brazo y recogí el pequeño papiro que llevaba atado a la pata. Era un mensaje de los ancianos consejeros de la aldea, querían que realizase una misión para ellos. Según lo que pude leer en el pergamino, un importante mercader que aprovisionaba a la aldea con sus productos de altísima calidad venía desde bastante lejos, de otro país vecino, con nuevas mercancías, debía de atravesar el desierto para llegar hasta la villa. Mi misión sería escoltarlo hasta la aldea sin que él ni sus mercancías sufriesen ningún daño. Acepté la misión y en cuanto estuve preparado salí de casa hacia las puertas de la villa. Una vez que estuve allí, pedí a los guardias que aguardasen mi llegada, debía de hacer una misión fuera de la aldea. –Volveré pronto, voy a escoltar a un mercader hasta aquí, tener los ojos bien abiertos, puede que alguien esté intentando matarle y un muy buen sitio para emboscarle sería este.- Tras decir aquello salí de la aldea, adentrándome en el desierto, por el que pasé casi inadvertido de todo tipo de criaturas horribles que allí se encuentran, desde serpientes descomunales a todo tipo de insectos devora hombres. Como se había acordado con el mercader, él esperaría justo donde comenzaba el desierto y no se adentraría allí solo, por miedo a que algún animal salvaje lo atacase atraído por el olor de sus mercancías.

Recuerdo haber estado corriendo por las dunas del desierto durante aproximadamente una hora, y eso que conocía muy bien la zona, alguien de fuera podría perderse en ese inmenso mar de arena y no salir nunca, ya que cuando las tormentas  de arena arreciaban, no se podía ver ni a cinco centímetros de distancia. Justo antes de llegar hasta donde se encontraba el mercader, una horripilante hormiga gigante salió de un enorme hoyo en la arena. –Mierda, no vas a retrasarme bicho asqueroso.- Di un enorme salto tratando de pasar por encima suya, pero la hormiga me agarró del pie con su boca cuando pasaba por encima de su cabeza y me lanzó contra el suelo. Me levanté rápidamente y saqué cuatro shurikens de mi porta kunais, imbuyéndolos con mi elemento viento los hice más rápidos y penetrantes y los lancé contra la hormiga gigante cortándole las patas y atravesando su cabeza. Quedando tendida en el suelo, proseguí con mi camino hacia el mercader, que ya llevaba un rato esperándome. Por eso cuando llegué hasta él me disculpé por la tardanza, pero el tipo era muy buena gente y no aceptó mis disculpas porque pensó que no había motivo por el que disculparse. El hombre llevaba consigo un par de caballos que tiraban de un gran carro lleno de diferentes tipos de frutas, carnes, incluso había algún pescado guardado cuidadosamente en cajas llenas de sal. Durante todo el camino de vuelta el mercader me contó que él siempre había querido ayudar a la aldea, por eso pensó en hacerse ninja, aunque finalmente acabó como un mercader, ya que pensándolo mejor, se dio cuenta de que lo que le hacía falta a nuestro país eran recursos, de los cuales escaseaban. Al convertirse en mercader, pudo viajar por muchos países, ver sus recursos y comprarlos para llevarlos hasta nuestra gente. Sinceramente la tarea de aquel hombre, que mantenía a buena parte de la aldea bien alimentada, me parecía de admirar.

A medida que nos acercábamos a la aldea, cuando apenas nos faltaba menos de medio camino, una tormenta de arena comenzó a arreciar, los caballos se asustaron y el mercader también, si se ponía peligrosa la cosa, la tormenta de arena podría llegar a arrancarnos la carne de los huesos. Realicé unos sellos de manos y apareció un gran torbellino de viento en el que quedamos dentro, impidiendo que la arena de la tormenta se acercase a nosotros ya que chocaba con el torbellino de aire y comenzaba a girar y ascender alrededor nuestra.  El mercader se alivió y mientras estuvimos encerrados allí, sacó una gran fruta de color verdoso que tenía buenísima pinta, parecía ser bastante refrescante y jugosa y así resultó ser. El mercader la quiso compartir conmigo y ambos la comimos mientras esperábamos a que la tormenta de arena pasase. Cuando la tormenta hubo pasado, proseguimos nuestro camino. No nos quedaba nada para llegar hasta las puertas de la villa, desde lo lejos podía verse la estructura de roca que la conformaba. –Esa es la villa, ya casi hemos llegado.- Le dije en ese momento al mercader, justo antes de que fuésemos atacados por otro par de hormigas gigantes que parecían estar muy bien coordinadas entre ellas. Al poco de sufrir su ataque, un ninja que llevaba un velo marrón tapando su boca apareció justo encima de unas rocas. El ninja parecía estar controlando a las hormigas con su látigo, mediante maestrales movimientos lograba que le obedeciesen. Por lo que  parecía, el ninja estaba tratando de acabar con el mercader y con sus mercancías, pero cada vez que sus hormigas arremetían contra nosotros, las detenía utilizando el jutsu de las balas de arena, comprimiendo la arena formaba bolas que lanzaba contra ellas para frenarlas. No supe nunca quién había enviado a ese ninja para semejante labor tan despreciable, intentar dejar a la aldea sin suministros, pero sí que logré derrotar al ninja y a sus hormigas. Con mi jutsu de las llamas del sabio fénix, logré que las hormigas abandonasen la batalla asustadas por el fuego, y al quedarse sin sus principales herramientas de batallas, el ninja desapareció sin dejar rastro usando algún jutsu  que lo alejó bajo tierra. Finalmente el mercader y yo llegamos a la villa, donde enseguida estableció su mercado para vender sus productos.

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