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Un poco más..(Pasado-Privado)

Mensaje por Saga el Vie Abr 29, 2016 8:21 am

Off:
130 lineas/ninjutsu
El Uchiha comenzaba su camino, el cual sería arduo, muy extenso y a su vez intenso.Pocas veces esos genios llegaban a ser enormes, puesto que en la marcada trayectoria del mundo los más reconocidos tuvieron que sacrificarse por demás para poder obtener su fama así como su poder, otros habían nacido con enormes capacidades pero aparte de ello, pudieron entrenar y hacerlas aún más fuerte. Había muchos casos y muchos linajes "bendecidos" por así decirlo con esos dones maravillosos que le aportaban mayor capacidad física o de poder en algún punto específico.
 
Ese quizás era el caso de Saga, él era uno de esos que nacieron con un poder enorme, sus ojos y su capacidad de utilizar estos como arma de ataque o defensa, le daban cierta ventaja sobre otras personas, aun así, su clan se caracterizaba por el entrenamiento continuo y duro, la especialización en cada técnica del clan desde pequeños, obligándolos a pelear aun entre hermanos de una manera demasiado seria, tanto para sacar provecho del Sharingan como para aprender a dominar el ninjutsu de estilo fuego típico del clan.El pelinegro no fue un caso especial, tuvo el mismo trato y el mismo esfuerzo desde pequeño, aunque se lo notaba como alguien por demás fuerte desde muy joven, sus capacidades no lograron ser explotadas al máximo debido a que debió marcharse de la aldea y así también de su clan.
 
Esta decisión forzosa lo alejó por mucho tiempo de sus entrenamientos en el área de ninjutsu, Saga a medida que crecía perdía la orientación de este y se basaba en su genjutsu, el cual había logrado un poder abismal y de un control supremo, así también como su velocidad y resistencia, eran cosas que había dominado. El control sobre sus ojos era magnífico, podía ya tener el dominio de anticipar en base al chakra ataques y demás, aunque esto era una característica del Sharingan mismo, pero pocos dominaban en su totalidad su enorme poder, puesto que si se lo controlaba completamente era algo difícil de persuadir.
El ahora Mizukage, deseaba ser más fuerte cada día, por eso, aprovechando que tenía los conocimientos de las habilidades que poseía y como podía extenderlas más, decidió entrenar fuertemente su ninjutsu, aprovechando días en los que estuvo de descanso, luego de estar atareado en cosas básicas de la aldea.
 
Este se dirigió al campo de entrenamiento, el cual tenía varias partes, siendo una más alejada de la otra, equipada con diversas cosas que ayudaban a los ninjas a poder entrenar más eficazmente, pero él no necesitaba nada de esto, debido a que era algo que no requería mucho esfuerzo físico, sino más bien, un buen uso de la técnica, su Sharingan y manejo de chakra. Así que debido a esto, trató de ir a un lugar más alejado en este campo mismo, el cual era un espacio bastante amplio, vacío donde solo había un típico tronco de entrenamiento, con una especie de almohadón que lo cubría, quizás para proteger el cuerpo de los shinobis mientras lo golpeaban,
 
Saga iba caminando lentamente hacia una de las puntas de dicho lugar, dejando a un costado la bolsa con sus kunais, shurikens y demás, también llevaba un bolso donde tenía agua y algo de comida, sabía que pasaría mucho tiempo así que además se trajo algo de ropa, toallas y cosas básicas de higiene las cuales usaría ni bien acabado el entrenamiento. Al dejar todo esto en el suelo, caminó hasta el centro del lugar y comenzó a estirar sus músculos un poco, como así concentrarse y colocarse unas vendas en ambos brazos, las cuales cubrían hasta sus dedos, la primer parte del entrenamiento sería concentrar chakra en su cuerpo, usarlos como una ayuda a sus golpes para poder así tener un dominio más óptimo del chakra en movimiento, tras acabar de vendarse se acercó al antes mencionado tronco y comenzó a golpearlo velozmente utilizando sus puños, sus movimientos eran precisos y hasta elegantes, propios de un Uchiha, el cual daba golpes siguiendo indicaciones que sus propios ojos carmesí daban, puesto que el taijutsu no era para nada su fuerte. Se lo veía golpeando una y otra vez, mientras giraba y balanceaba su cuerpo de lado a lado lanzando golpes a lo que serían puntos vitales si se hablase de un contrincante humano, generando así daños graves y hasta su muerte, debido a que golpeaba utilizando chakra para ganar fuerza en lugares vitales.
 
Pasaron un par de horas y el Uchiha seguía golpeando, tanto así que aunque sean golpes de alguien que quizás desconocía el taijutsu, gracias a la ayuda del chakra, el tronco comenzaba a agrietarse en las partes golpeadas, no tanto por la fuerza como se mencionó, si no por la constancia y repetición de cada golpe, los cuales eran siguiendo una línea de ataque, basándose en la visión privilegiada que poseía, cada golpe iba justo al mismo lugar exacto que el otro. Era impresionante ver como en la memoria del mizukage había quedado tan grabada la técnica, las posturas y demás, era algo asombroso el saber que pasó tanto tiempo en los que no lo entrenó y al hacerlo, parecía como si lo hiciese cada día... Era algo que otorgaba la sangre, esos ojos tan bien dominados le brindaban una ventaja quizás única, por lo cual era de esperarse que pasara tal cosa.
 
El Uchiha estaba algo agotado, habían pasado varias horas desde que empezó por lo que decidió tomarse un respiro, se acercó a su bolso, tomó la botella de adentro y le dió algunos tragos, no por gusto, si no los necesarios para re-hidratarse, no quería pasarse de agua, ya que esto quizás generaría un exceso de líquido en su estómago, causando que se moviera con mayor dificultad. Dejó el agua de nuevo en su lugar y tomó algo de la comida que tenía, era una sopa fría con algo de pan, rica en nutrientes pero realmente fea en sabor, eso se notaba en la expresión de Saga cada vez que tomaba un bocado, era una sopa que le recomendó una anciana de la aldea, la cual tenía muchas vitaminas y lo ayudaría a recuperar algo de la energía perdida.
 
Tras tomarse un descanso de una media hora, bueno en realidad como cuarenta minutos hasta que logró de nuevo tomar fuerzas para continuar, más mentales que físicas, el Mizukage comenzó a sacarse las vendas que poseía en sus brazos, dejándolos completamente al descubierto. Se veían unas extrañas marcas, quizás eran ampollas que se habían reventado producto, primero en su creación del roce y segundo su deterioro por los golpes dados, era algo lógico por lo que el joven no le prestó demasiada atención, sin más preámbulos concentró algo de chakra,cubrió nuevamente su cuerpo de chakra para repetir el camino que había empezado, era extraño que entrenara de esa manera el dominio del ninjutsu, aunque también era lógico, puesto que estaba manteniendo su sharingan y aparte daba golpes cargados de chakra, eso generaba un conocimiento especial y necesitaba mantener todo en orden, por lo que sumaba a su dominio de la energía, su mejor empleo y demás. Era algo que quizás sonara extraño, pero para el Mizukage era mejor no gastar demasiado chakra y a su vez, saber como dominarlo mejor, que hacer gastos excesivos lanzando ninjutsu tras ninjutsu.
 
Dando ahora pasos más firmes, y rápidos, como así más precisos a atacar, esta vez los golpes era más consecutivos, veloces y precisos. Aparte se notaba el destello de chakra cada vez que golpeaba, sus ojos le daban una capacidad diferente, referido a que podía ver en otra forma y capacidad, parecía tonto, pero era muy diferente cada golpe realizado con  ahora más control de chakra a los hechos previamente sin ello, ahí se comprobaba la importancia enorme que tenía el correcto dominio de chakra para atacar, no necesitó el pelinegro mucho alboroto ni realizar grandes ninjutsus, con un uso constante de chakra logró cada vez sacarle más provecho.
 
 Cada golpe desprendía una cantidad siginificativa de chakra, aunque parecía no cansarse en nada esta vez, se podía ver como la técnica era tan perfecta que causaba más cansancio "mal hecha" es decir, sin uso correcto de esta y solo golpeando, que con el buen uso. La teoría es porque sin saber,Saga golpeaba directamente casi sin cubrirse de chakra, esto a la larga puede causar un cansancio en las manos, los brazos y en si en todo el cuerpo, puesto que para golpear utilizaba su cuerpo, desde la postura en sus piernas , comprimir sus músculos para rotar y lanzar su palmas con más impulso, al utilizar chakra esto no era necesario, debido a que casi no tocaba el tronco, el chakra que desprendía era el que lo tocaba, aparte utilizaba más fuerza en sus músculos fortalecidos por el chakra, por lo cual el cansancio era menor, ese era el pro, la contra es que el gasto de chakra era mayor, de ser nulo pasó a ser considerado, debido a la utilización tanto del Sharingan como del conocimiento de como y cuando liberar más o menos cantidad.
 

 Luego de unos minutos más, decidió desistir del entrenamiento, ya sentía que había podido controlarlo. No lo había notado, pero entre descanso y descanso, las veces que paró a dormir y demás, habían pasado algunos días.. Los ANBU sabían donde estaba, no había ido ni había oído nada, por lo que el Uchiha estuvo bastante relajado este tiempo, ahora se marcharía por un rato a descansar, puesto que tenía planeado continuar dicho entrenamiento.


Última edición por Saga el Lun Mayo 09, 2016 6:32 am, editado 4 veces

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Re: Un poco más..(Pasado-Privado)

Mensaje por Saga el Vie Abr 29, 2016 8:23 am

 
off:
113lineas/genjutsu

A lo largo del tiempo, en movimientos intensos de la vida, las cosas se fueron acomodando de una manera extraña en la villa, quizás por negligencia o incapacidad, las cosas iban empeorando poco a poco, los Mizukages de los últimos tiempos no tenían la capacidad para soportar el peso que conlleva una aldea, mucho menos fomentar y capacitar ninjas que puedan protegerla y transformarla en un lugar seguro para el resto de los habitantes.
 Por cosas como estas, las relaciones hasta comerciales habían empeorado, los proveedores de cosas básicas para subsistir, tanto entrantes como salientes se sentían inseguros, dado que las defensas eran tan deplorables que hasta simples rateros tenían la capacidad de robar traslado de mercaderes en niveles abismales y con impactos significativos a la economía y a la vida rutinaria de la aldea, tanto así que la calidad de vida había disminuido, mucha gente buscaba exiliarse y tratar de encontrar algún lugar mejor que este, no era el caso de todos, pero la mayoría buscaba un futuro mejor.
 
 Mirando todo con otra cara, Kirigakure no Sato era una aldea llena de paisajes naturales casi perfectos, aunque actualmente, como todo en la aldea, estaba descuidado. Su belleza natural era impactante, algunos quizás podían odiar o no tolerar la constante niebla, que es parte de sus características geográficas, algunos aseguran que es obra de algún jutsu que permanece activado permanentemente como protección a la aldea, aunque es solo un mito. Por otro lado se cree que es solo en base científica, la aldea tiene subsuelos calientes y al estar rodeada por un mar que tiende a tener agua más fría que dichos subsuelos, al chocar se produce una condensación normal, a lo que se conoce como niebla.
 
 Cerca de una de las playas más bellas de este mar, dentro de la aldea, se hallaba el joven pelinegro miembro del clan Uchiha, el cual solo estaba descansando luego de haber entrenado algunas cosas básicas de su clan, más que nada leyó viejas libretas que su madre le dejó de su padre, cosas útiles para cualquiera de su clan, puesto que enseñaba formas de mejorar en el genjutsu, una rama que el joven quería dominar al máximo y que le agradaba para aventurarse.
 
 Saga se encontraba sentado sobre una roca, afuera de ese campo de entrenamiento donde siempre se lo veía, pensaba en qué podía hacer para mejorar sus dotes visuales, por lo que comenzó a concentrar chakra, aun sin utilizar su doujutsu, este chakra corría por todo su cuerpo y comenzaba a esparcirse por todo su alrededor, poco a poco, estaba tratando de orientarse a los genjutsu de campo, los cuales necesitan un dominio de chakra especial, ya que mientras mejor es el shinobi, con más velocidad se expande el chakra generando así que se pueda efectuar mucho más velozmente el genjutsu, también con mayor fuerza y siendo más difíciles de evadir, dado que los genjutsu de campo bien realizados pueden generar distracciones válidas y buenas para que su portador salga victorioso casi sin siquiera luchar.

 Mientras más se concentraba más fácil se le hacía realizar lo necesario para que su chakra quede más alejada de su centro, el cual era precisamente el joven, casi sin esforzarse lograba en poco tiempo expandir su chakra a unos 20 metros, lo cual era bueno, puesto que cualquier enemigo en ese rango quedaría bajo el efecto de un genjutsu rápidamente, pero si quería, podía extender más esto.


 Luego de unos momentos dejó de concentrar chakra, para relajarse y continuar leyendo unas notas en unos papeles viejos, algo borroneados por el mismo paso del tiempo pero que aún se dejaban leer, no mucho pero lo suficiente para que el Mizukage entienda cada paso, eran teorías antiguas de dominio del genjutsu, considerándolo el arte más mortal si es bien empleado, aunque el Uchiha se basaba más en el ninjutsu, donde quizás daba su mejor versión, dominando por el momento dos naturalezas poderosas como el Katon y el Fuuton, cosa que le daba una ventaja de uso, por el hecho de que eran naturalezas, aunque opuestas, que podían mezclarse dando así un nuevo ataque aun más poderoso.
 Era algo que el Uchiha sabía por demás, era conocido en su aldea por su gran dominio de este arte, pero pocos sabía que también tenía un enorme dominio de las artes ilusorias, en las cuales quería ahondar aun más, esto era a causa de que en momentos de aprieto podría realizar algún genjutsu para safarse o bien para dar por terminada una batalla, cosa que no pensaba mucho, era más del niinjutsu al ciento por ciento, le gustaba acabar las peleas demostrando superioridad en el campo importante que creía que era el ninjutsu, pero no estaba de más hacerse más fuerte en una de las ramas más importantes del clan.

 En la rica historia del clan, resonaba un nombre destacado en esta área, el cual era Uchiha Itachi, no solo un hombre devastador con su ninjutsu, si no un genio en el genjutsu, el cual se decía que podía controlar a varias personas a la vez, como así meterlos en un genjutsu solo apuntándolos con un dedo, sin necesidad de sellos ni nada, con un simple movimiento era algo asombroso de imaginar pero por algo en la historia había quedado en la elite ,a algo similar deseaba llegar Saga, sabía que era una meta bastante difícil debido a que luego de el, por varias generaciones no hubo otro que siquiera estuviese cerca, es más, ni aún siendo contemporáneos con Itachi, otros shinobis de gran calibre lo igualaban en Genjutsu, era algo en lo que era único y sin dudas un erudito.

 Saga creía que quizás el podría llegar a ser tan fuerte como para quedar en la historia Uchiha, la cual a lo largo de este tiempo tuvo muchos, aunque habían pasado 100 años desde aquella generación que marcó sin duda un antes y un después en la vida del clan.
 No dejaría de entrenar y de tratar de hacerse más fuerte, para llegar a esa meta deseada, la cual era convertirse en el Uchiha más fuerte de todos, era su objetivo en la vida algo soñador, de seguro imposible, pero era algo que lo motivaba, aunque fuese alguien serio y callado, su orgullo como así su ambición eran enormes, sabía ocultarlas bien, pero por ocultarlas no quiere decir que no estén.

 Pasado unos segundos, los ojos del Uchiha cambiaron al color rojo carmesí del Shringan,ahora pasaba a la parte más especial, puesto que en materia de genjutsus, no había algo más letal que estos ojos, buscaría concentrar el chakra necesario para que al simple contacto pueda llevarse a cabo, como así imaginar escenarios terroríficos y de tortura que puedan dejar knock out a los enemigos sin mayor esfuerzo que el visual,era un arma letal si era bien usada, si no, podía transformarse en solo un gasto de chakra que no trae aparejado ningún beneficio, si no más bien una desventaja futura.
 El Uchiha se concentraba cada vez más, buscaba esa forma óptima, mantenía sus ojos cerrados con las tres aspas presentes, en su mano un sello normal, más que nada para poner su chakra en orden y lograr enfocarla en su visión, necesitaba que a la velocidad de un pestañeo, sus ojos liberaran ese chakra el cual se movería a unas velocidades imperceptibles para hacer contacto con el enemigo e inducirlo en ilusiones creadas a voluntad por el ejecutor.
 El tiempo pasaba mientras el chakra se armonizaba y se concentraba en un punto específico
el cual eran sus ojos, se notaba la diferencia de genjutsus con respecto a los primeros de campo, puesto que en este caso el chakra era más concentrado, no estaba esparcido aparte de eso, el control era superior, se tenía un lazo directo con la mente del ejecutor lo que causaba un dominio total de sensaciones y percepciones emitidas y dadas a conocer a la victima ,como así un lazo especia el cual hacia notar las recciones que el afectado tenía con el genjutsu, llegando a compartir el mismo espacio etéreo y ficticio, tanto el ejecutor como quien recibía el jutsu, estas cosas lo mostraban como un genjutsu de elite, algo de tal poder que podía generar un cierto grado de confianza por demás en esta rama de los shinobis, pero no era algo lógico ni tampoco seguro, puesto que a veces un mínimo error podía condenar al ejecutante a una muerte segura, ya que la concentración que se requiere podría tapar que su enemigo logró evadir dicho genjutsu y quedar expuesto así a un ataque directo y certero.

 Luego de varios minutos más, Saga abrió de par en par sus ojos y se sorprendió al ver la velocidad con la cual su chakra salió disparada, casi no lograba el mismo notarla, esto hizo que se produjera una pequeña mueca en su rostro, casi llegaba a ser una sonrisa por el motivo de que podría efectuar demasiado velozmente un genjutsu de su clan ciertamente poderoso, este poder ocular le daba una ventaja sin dudas, pero también una responsabilidad absoluta, ya que debía ejercer cada movimiento de una forma prolija y medida, convertirse en un genio en ambas ramas, para poder así realizar cualquiera de sus ataques de una forma correcta y precisa.


Última edición por Saga el Lun Mayo 09, 2016 6:35 am, editado 2 veces

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Re: Un poco más..(Pasado-Privado)

Mensaje por Saga el Sáb Abr 30, 2016 8:59 pm

Las nubes se movían de lado a lado en el tranquilo cielo, libre de obstrucciones que presentaba la aldea escondida entre la niebla, esta justamente era muy popular por sus extrañas formas de construir sus casas, su infraestructura era algo exótica por así decirlo, algunos pensarán que no tanto como la de la aldea de la roca y mucho menos como la aldea de la nube, la cual simplemente es demasiada excéntrica para muchos pareceres.
 En diferencia, la aldea de la niebla presentaba construcciones más orientadas a la cercanía con el mar y la continua niebla que descendía sobre ella, por esta razón era que casi todas las construcciones se hacían unos metros por sobre el nivel del suelo, con esto se aseguraban en el caso de alguna inundación, la protección de los interiores, claro.. Si no se trataba de un tsunami y cosas de esa índole.
 Aunque por la ubicación de dicha aldea, que surgiera algo así era prácticamente imposible, estaba en una zona de bajo movimiento en consideración a las placas tectónicas, el mar era más que nada tranquilo y no había riesgos naturales de una catástrofe semejante, pero previniendo no se perdía nada, y al menos eso era lo que pensaban los aldeanos.


 En los libros no se encontraban rastros de fenómenos de ese tipo, al menos no estaban descriptos, eso no quiere decir que no hayan sucedido, quizás si, y fueron tan devastadores que destrozaron absolutamente todo a su paso, sin dejar la posibilidad de que alguien redacte lo sucedido, aunque pensar en catástrofes de tamañas magnitudes, es como creer algo bíblico por así decirlo, pero bien se sabía que el poder de la naturaleza era muy superior al de cualquier shinobi, sea de la clase que sea o si bien posea cualquier doujutsu o habilidad superior, la naturaleza con solo un chasquido puede desaparecer continentes y si quisiera, desaparecería la vida como la conocemos, por eso, el concepto de muchos shionobis que llegaron a ser poderosos, era tener en cuenta a la naturaleza como un pro, una ayuda en cada ataque, una distracción o bien, un beneficio que llegue a ser útil en dado el caso de necesitarla, se habla de que uno de los casos más significativos era el de Sasuke Uchiha, que cuenta la leyenda que había podido dirigir un rayo, creado por nubes de tormenta, pero quizás eran cosas falsas, ya han pasado 100 años de lo que data dicho suceso, a lo largo de este tiempo pueden haber cambiado muchas cosas.
 Los maestros en usar la naturaleza, quizás pueden ser los Senju, debido a que crean vida directamente utilizando sus ninjutsus, era algo asombroso quizás es el único clan al cual el Uchiha respeta, a lo largo de la historia han pasado de ser aliados a rivales en reiteradas ocasiones, pero siempre con el respeto al poder de ambos, era algo mutuo, puesto que quizás los Uchiha concentraban su poder en sus ojos, mientras que los Senju en su cuerpo, eran ambos ventaja vs Desventaja, en cada punto de pelea, pero quizás las más épicas se desarrollaron entre representantes de ambos clanes, estas quedaron grabadas en la historia y el mundo desea que no vuelvan a repetirse, pero quien sabe… Solo el futuro lo dirá.

 
  Hace poco habían cambiado varias construcciones cercanas al mar, puesto que el nivel de este había subido bastante, llegando a incomodar la entrada a esos lugares, los cuales estaban sobre el nivel del suelo unos metros, pero el agua llegaba hasta las escaleras haciendo que se volviese incómodo entrar, puesto que siempre llegabas al punto de mojarte tratando de subir las mismas. Esto hizo que se demolieran algunos edificios que estaban hechos cerca a las aguas por casos específicos de relajación y demás, uno de estos era un área que se usaba como entrenamiento, allí solían ir tanto los shinobis de cualquier clase, hasta el mismo Mizukage, quien dicho sea de paso, era uno de los que más lo frecuentaba, exigiendo siempre su cuerpo de una manera sobrehumana, puesto que deseaba estar en forma y ser cada vez más fuerte para poder así proteger la aldea como el pensaba que era mejor.
 Esta construcción, como se dijo, se “tiró abajo” y se alejó unos metros más atrás de donde solía estar, ahora estaba a unos 15 metros de la nueva playa que se había formado, por lo tanto cuando el mar está “normal” queda a 20 o tal vez 25 metros del agua, cosa que antes no podía, puesto que al subir el agua quedaba a escasos metros y a veces hasta llegaban a conectarse la entrada con la marejada.

 Esto era producto de una elevación en el océano que se trasladaba a las costas del mar de kiri, puesto que no podía culparse a las olas ni nada, estas casi ni existían, más bien el mar de esta aldea era tranquilo, como si fuese una enorme piscina.
 La ubicación era buena, quizás en momentos de verano era donde más podía aprovecharse, puesto que ahí el agua tomaba un calor natural el cual la hacía bastante agradable para sumergirse y demás, allí aprovechaban los más jóvenes y los aldeanos mismos en momentos vacacionales. Ya luego, una vez llegadas las temporadas más frías, esto cambiaba rotundamente, el lugar aparecía desolado día y noche, de vez en cuando ciertas parejas de aldeanos entrados en edad paseaban por ahí aprovechando la tranquilidad, se veía algunas veces a los pescadores los cuales también aprovechaban que no había personas en el mar, por lo que los peces suelen acercarse más a las costas, dejándose así ver y siendo más propensos a ser pescados, no por nada en el invierno la actividad comercial más monetizada era la pesca, Kirigakure era la aldea que exportaba pescados por excelencia, esto la convertía en una potencia en lo económico, debido a que podía comercializar tanto por tierra como por agua, teniendo grandes puertos comerciales. Además, siendo el pescado tan fundamental en muchas de las dietas shinobis, o en la creación de platillos clásicos y típicos de varias aldeas, se necesitaba con mucho empeño que haya cantidad y cantidad, aunque siempre y siguiendo con la regla básica de exportación, la propia aldea se quedaba con los mejores ejemplares para el consumo en el mercado interno.

 
  Como se había mencionado, el Uchiha era uno de los que más visitaba el lugar, puesto que el mar lo relajaba a la hora de entrenar, esto sumado a la lejanía de las zonas habitadas de la aldea, lo transformaban en un lugar excelente para entrenar y si era necesario desplegar parte de su arsenal de jutsus, sabiendo que no dañaría a nadie a menos claro, que alguien sepa de que estaba allí y se acerque para hablar o solo verlo, era algo normal. Puesto que los jóvenes admiraban a Saga, aunque este no sea muy carismático, ni le guste estar en el centro de atención, el ser un Uchiha, poseer el sharingan algo que era conocido por algunos de la aldea, más no así por extranjeros, sumado a esto su poder el cual era sin dudas algo de llamar la atención, lo ponían como un ejemplo para los jóvenes, estos deseaban algún día estar en su lugar o bien, estar cerca de el para poder aprender o solo ayudar a la aldea desde un lugar de más significado, de igual manera, Saga sabía elegir bien que días ir y era siempre en momentos donde la mayoría o en su totalidad, los jóvenes se encontraban en la academia ninja, puesto que era un lugar completamente desolado. Sumado a esto, los únicos que sabían de su ubicación eran los cazadores especiales ANBU, esto era por si se daba alguna emergencia que requiera su presencia.
 Esto nunca se había producido, pero como siempre hay una primera vez habló con quien era el líder del escuadrón dejándole las coordenadas de donde estaría exactamente, también acordaron una clave sonora la cual serviría si la emergencia es tan grande que hasta el mismo ANBU deba acudir y llamar desde el lugar del problema al Mizukage,Saga era muy precavido y buscaba siempre lo óptimo para poder efectuar y ejercer su cargo de una manera más eficiente, como así también mas segura.
 
 Dando unos pasos calmados y tranquilos, se veía a una figura acercarse bajo el manto de niebla, una túnica de color negra de una tela que parecía seda o algo similar, larga hasta el suelo mismo se empezaba a diferenciar, no se lograba identificar el ser, ya que una capucha cubría su cabeza.
 Mientras se acercaba se alcanzaba a ver en una de sus mangas el clásico símbolo Uchiha, era la única insignia que esto poseía, una simple identificación del Mizukage.
 En su mano derecha llevaba lo que parecía una bolsa, la cual contenía alimentos e hidratos, esto daba a entender que sería hoy un entrenamiento más físico que otra cosa, lo cual no era de extrañarse, si pensaba el pelinegro ir por etapas, ya había estado entrenando lo que refiere a ninjutsu y genjutsu, quizás las áreas que más conoce hoy por hoy, por lo tanto pasar a algo más físico no estaría para nada mal, estaba algo indeciso aún, no sabía que rama esencialmente entrenar, puesto que no quería perder un días o tal vez semanas entrenando algo que no le diera frutos, por lo que luego de unos pasos más, llegó hasta la puerta y mientras subiendo las escaleras comenzaba a decidir que haría, en base a las habilidades que el sabía que poseía.

 Era algo complicado, debido a que estudiarse a uno mismo siempre era un problema, siempre querría hacerse más fuerte en lo que sabía que era bueno y letal, como Uchiha sabía que tenía ciertas ventajas para aprovechar y que si se enfocaba más en ellas podía llegar a no necesitar cubrir otras partes que el tenía en este momento en baja consideración, como podría ser más lo físico, era alguien que casi no utilizaba el taijutsu, se le daba bien gracias a su velocidad como a la ayuda de sus ojos para prevenir golpes y demás, pero no podía considerarse para nada un experto en esto, al contrario era la rama que quizás menos manejaba.
 Tampoco era alguien con una gran fuerza física, es más, tenía la fuerza de un joven promedio, no era nada sobre humano, quizás al ayudarse con chakra si podía llegar a niveles superlativos, debido que en el ninjutsu se desenvolvía muy bien, pero hablando de lo que sería sin uso de chakra, no se diferenciaba de un joven de su misma edad sin conocimientos ninjas, quizás porque nunca vió necesario ser una bola de músculos para ser un buen shinobi, debido que a veces si se tiene la técnica y la inteligencia para efectuarlas en el momento justo, no sería necesario recurrir a la fuerza bruta ni mucho menos, a veces, menos es más, con un simple movimiento puedes dejar fuera de combate a tu rival y sin gastar energías, cosa que puede beneficiarte más, que si llevas tu cuerpo al límite teniendo que luchar cuerpo a cuerpo como tu arma primordial, era algo que entendía muy bien Saga,, creo que era algo que ya venía en la sangre de los Uchiha, puesto que lo suyo justamente no era eso, si no era más  del clan opuesto el cual era el Senju, ellos si quizás se basaban más en su cuerpo, aunque no demasiado, pero seguro más que un miembro del clan del abanico, puesto que estos a veces, como un error, basaban todas sus fortalezas en sus ojos.

 Saga en cambio, quería por eso mismo ser un shinobi completo, para poder así tener más armas en un arsenal y no solo ser predecible con sus ojos puesto, que quien llegara a conocerlo y saber sobre este podría estar más precavido, aunque realmente, aunque lo sepas, contra un Uchiha pelear es muy difícil, más si este sabe utilizar sus poderes adecuadamente.

 Dejó el bolso con alimentos antes mencionado en un costado, mientras se sentó de una manera extraña, como si fuese a meditar, levantó su brazo derecho lentamente llevándolo a su cabeza, acto seguido prosiguió a quitarse la capucha.
 Algunos cabellos cayeron en su rostro, en el cual podía verse que permanecía con sus ojos cerrados. Al quitarse por completo la capucha, bajó sus brazos y comenzó lentamente a abrir sus orbes, se denotó como el grisáceo comenzaba a cambiar a un color carmesí, mientras en forma rotatoria los tomoes comenzaban a tomar su ubicación dentro de la pupila, estaba usando su majestuoso Sharingan, acto seguido se levantó nuevamente y comenzó, a caminar hacia una de las esquinas, allí se encontraban unas especies de pesas, las cuales eran más que nada utilizadas en los especialistas en taijutsu, los cuales se las colocaban y golpeaban para poder así obtener mayor fuerza, Saga tomó 4 de estas y comenzó a anudarlas en sus muñecas y sus tobillos, esto generaba un peso extra en el movimiento, lo que llevaría a generar en si mayor esfuerzo y que los músculos se desarrollaran más y mejor, en menos tiempo.

Era una técnica antigua pero que siempre trajo sus frutos, cargar los músculos con más peso al realizar cualquier actividad que requiera forzarlos, para luego una vez hecho esto, quitarse el peso de más, entonces el cuerpo trabajará normalmente con menos peso del que preparó sus musculos, esto hará que al tener menor resistencia, se trabaje mejor y más rápido, esto ayuda a la agilidad de los músculos en velocidad y también en fuerza.

 Tras colocarse esto, se quitó la túnica colocándola en uno de los costados, donde previamente había dejado el bolso con sus alimentos, ahora estaba con una ropa normal de jounnin, solo que sin el distintivo chaleco, era una ropa por demás más cómoda.
 Tomó una pequeña bandita elástica con la cual ató su cabello, haciéndose una cola de caballo como la que solía llevar, pasado esto comenzó sin más preámbulos a realizar ejercicios de velocidad, cosas típicas y sencillas pero llevadas a cabo con estás pesas proporcionaban un calentamiento más inmediato de los músculos, tras esto llevaría al límite su cuerpo, realizaría ninjutsus de todas las índoles para hacerlos más potentes. A su vez, concentraba chakra en sus ojos de una manera extraña, como si estuviese por ejecutar algún tipo de genjutsu, era extraño, debido a que se movía a grandes velocidades por el espacio realizando jutsus pero a su vez controlando su fuerza para no dañar nada, exigiendo su cuerpo de gran manera, también usando su otro arte por lo que esto llevaba que esté entrenando todo su cuerpo a la vez, desde el punto de velocidad, pasando por reserva de chakra, resistencia, ninjutsu, fuerza, taijutsu y genjutsu, era un entrenamiento sin precedentes para el joven Uchiha, pero que de seguro le traería grandes frutos de seguir de esta manera.

 Pasaban los minutos y el joven continuaba sin cesar, se veía como una sombra se movía velozmente golpeando y lanzando jutsus de fuego y de viento, podía llegar a notarse por destellos el carmesí de sus ojos, los cuales observaban a varios puntos donde ejecutaba un ninjutsu y luego se ponía delante de la trayectoria del mismo para detenerlo utilizando otro, todo moviéndose a velocidades abismales utilizando la técnica del cuerpo parpadeante, de esta manera llevaba al limite tanto su cuerpo como su uso del ninjutsu, era algo tan drástico, estar entrenando cada rama de su ninjutsu en un solo tirón, podía llegar a generarle problemas o causar estragos, pero si salía bien y encontraba el punto justo entre descanso y descanso, sería bastante provechoso para el.
 
 Al cabo de algunos minutos se veía como los movimientos de Saga se hacía cada vez más lentos y como cada vez le costaba tanto realizar el jutsu como contrarrestarlo en el lado opuesto, se podía oir ya en su voz como comenzaba a quebrantarse poco a poco al mencionar cada jutsu, así fue como en una de esas formas de ejecutar, realizó un katon Goukakyu de los que a el le resultaba tan fácil hacer, pero al moverse por delante no reaccionó a tiempo por culpa misma del cansancio y el jutsu casi lo golpea de lleno, de no ser porque realizó el mismo jutsu para frenarlo.
 Luego de esto cayó al suelo mientras mostraba señales de cansancio extremo, se notaba esa respiración agitada buscando aire de todos los lugares, para de un momento a otro comenzar a arrastrarse, literal y lentamente hacia el bolso donde tenía agua y demás, eran solo unos cuantos metros, pero en el estado en el que se encontraba el mizukage parecían kilómetros bajo el sol del desierto del país del viento, le costaba hasta el simple movimiento de arrastrarse, también era porque en sus muñecas y tobillo se hallaba un peso extra el cual también restringía sus movimientos de gran manera, esto sumaba dificultad, tanta que unos 5 metros se hacía eternos.
 El rostro de Saga estaba lleno de sudor, su cabello se había soltado y estaba algo desarreglado, mientras que su ropa estaba quemada en algunas partes como así sus brazos, aunque eran quemaduras leves, pero quizás causaban algo de ardor o cierta molestía, para moverse o si se rozaba esta con algúna parte de la vestimenta, el pelinegro seguía luchando por acercarse a la zona donde había dejado su bolso, tras unos cuantos segundos más logró hacerse con ellos y lo abrió velozmente, casi de una manera desesperada, tomando enseguida una botella de agua la cual tenía a mano, la agarró fuertemente y la abrió, comenzó a  beber de manera alocada, para hidratarse, ya que había utilizado su cuerpo a un nivel extremo durante horas sin detenerse si quiera un segundo, esto lo había llevado a un límite que jamás había conocido, el cual lo puso en aprietos, uno que pensó que no iba a pasar.

 
 
 Luego de unos momentos en los cuales Saga solo trataba de recuperar el aire, este mismo prosiguió a sentarse, mirando hacia abajo, mientras caían gotas de su cabeza, era producto de un inmenso desgaste, por lo cual se mantuvo así varios minutos más, poco a poco levantó algo la mirada en la cual ya no se veía el Sharingan, si no sus ojos color negro nada más, esto demostraba que siquiera poseía el chakra suficiente para mantener su doujutsu activo, pero se podía llegar a ver una leve sonrisa, quiere decir que estaba dando resultados, que podía notar que mejoraba, era algo que buscaba con énfasis.
 Mientras pasaban los segundos, se podía ver como poco a poco el semblante del uchiha mejoraba, ya se movía sin mayor dificultad y no se lo veía jadear como hace unos momentos, tomó de su bolso unas vendas las cuales comenzó a poner en las zonas de sus brazos donde había sentido la quemadura, también se colocaba una especie de hoja verde, la cual de seguro era aloe vera, la cual entre una de sus tantas propiedades, tenía la de aliviar un poco el ardor que causaban las quemaduras como así, acelerar la compostura de la piel, cosa que hacía sentir mejor a Saga. No quiere decir que unas simples heridas lo molestaran demasiado, pero se hacía molesto para seguir el hilo natural de un entrenamiento, debido que cualquier roce producía una sensación molesta en el cuerpo del joven Uchiha.

 Segundos luego, volvió a abrir el bolso, de donde sacó algunos alimentos, quizás no eran los mejores en sabor puesto que se había concentrado más que nada en que sean fuentes de vitaminas y proteínas, algo que necesitaba sin dudas para poder continuar entrenando, la mirada del Mizukage no era la mejor con respecto a dichas cosas, hasta se podía decir que las miraba con algo de asco, o desprecio, puesto que no se encontraban en ese menú cosas de gran sabor, la mayoría de todo lo que había eran verduras, algunas ballas medicinales y etc, su sabor de seguro no sería el mejor, aparte no estaban cocidas ya que así conservaban al ciento por ciento sus propiedades.
 Siendo algo previsor, Saga tomó una segunda botella de agua, mientras abría una pequeña bolsa la cual contenía las antes mencionadas ballas medicinales con su otra mano, tomando algunas de estas e introduciéndolas en su boca, rápidamente tras una mueca de asco, tomó un gran sorbo de agua para tragarlas, aunque previamente las masticaba tratando de disimular el horrible sabor con la ayuda del agua, pero era muy difícil , su sabor realmente era horrendo.

 Pasado algunos minutos más, el pelinegro comenzó a guardar todo nuevamente en el bolso, era algo tarde ya, por lo que pensó que quizás sería bueno dormir una hora o tal vez dos, para ya reponer todas las energías y que el cuerpo asimile lo que había entrenado, sin más preámbulos procedió a estirarse un poco, apoyando su cabeza en una especie de almohada que en realidad era usada para entrenar, siendo algo previsorio el Uchiha cubrió dicha almohada con su túnica la cual previamente se había sacado, se estiró un poco y terminó acostándose observando el techo, hacia uno de los lados, más precisamente el derecho, estaban las grandes ventanas, las cuales estaban cubiertas en parte con unas cortinas, en medio se dejaba ver la inmensa luna, la cual estaba iluminando con una luz blacusca casi celeste el interior del centro de entrenamientos, el Mizukage comenzó a observarla de re-ojo mientras lentamente comenzaban a entrecerrarse sus orbes.
 Como si fuese un flash, así sucedió el tiempo en el que Saga pudo descansar, de un momento a otro, sus ojos se abrieron, el sol había comenzado a entrar por la ventana de dicho lugar, esto hizo que se despertara de inmediato. Solo habían pasado dos horas, pero parecía estar como nuevo, esto era producto de la recuperación lógica de un Kage, no por nada llevaba este mote y el peso de una aldea completa en sus espaldas.
 Se levantó lentamente, a todo esto no se había sacado en ningún momento las pesas agregadas a sus articulaciones principales, pero por cierta razón parecía no prestarle atención a esto, si no que se paró cerca del lugar en donde se encontraba antes, cuando estaba entrenando.. Comenzó a estirarse, flexionó sus músculos un poco, con sus ojos cerrados y de repente los abrió dejando ver su sharingan, dando rápidos movimientos y realizando sellos continuó con lo mismo que hizo la vez anterior, lanzaba jutsus de sus dos naturalezas , moviéndose de lado a lado, contrarrestando una tras otra con otro de sus ninjutsus, o bien cubriendo sus brazos de chakra y golpeando directamente las técnicas, las que el sabía que no iban a dañarlo, por ende era algo que llevaba como antes su cuerpo a un límite, aunque ahora se lo veía no solo más veloz, si no más fuerte en varios puntos, no le molestaba impactar las técnicas directamente con su cuerpo, aparte su sharingan le daba el tiempo para realizar una técnica suplementaria para derrotar la que previamente había realizado, como así exigir sus músculos y moverlos de forma pre-meditada hacía que aumente su conocimiento en lo que era lanzar golpes y que estos sean efectivos, era algo bueno puesto que no era un conocedor de estas artes.
 El Uchiha continuaba con esto hasta que de un momento a otro se detuvo, había llegado a su límite, mucho más había aguantado, aparte que no terminó de la misma manera, si no, que estaba bastante bien, solo se lo veía jadear un poco mientras se acercaba a buscar algo de agua y comida.
 Los días pasaban y el entrenamiento del pelinegro era cada vez más exigente pero a su vez, cada vez le costaba más cansarse, llegando algunos días a detenerse por voluntad propia viéndose imposibilitado de agotar tanto sus reservas como su energía corporal, le agradaba pero a su vez pensaba que debía agregarse peso si no estaría entrenando sin obtener ningún tipo de frutos.
 Así fue, como uno de los días, tras haber dormido lo que dormía habitualmente, lo cual eran dos horas a lo sumo, se acercó hacia uno de los rincones, donde estaban las pesas que el tenía colocadas en sus articulaciones, tomó algunas más y comenzó a anudarlas en sus pantorrillas y también en antebrazos, generando que no pudiese moverse con facilidad ni mucho menos, es más, le costaba en gran parte hasta dar unos simples pasos, esto quería decir que estaba a tope del peso que podía soportar, sus orbes rojos mostraban un brillo peculiar, sabía que desde hoy empezaría un entrenamiento más duro, luego de haber estado tres semanas exactas con el entrenamiento previo el cual ahora parecería un juego de niños, por lo que ya notaba el peso al moverse, continuó pero esta vez empezó de una manera más suave, puesto que su movilidad realmente estaba limitada en gran tamaño, realizaba ninjutsus y los contrarrestaba, pero no realizaba de inmediato otro , si no que esperaba un segundo, tomaba algo de aire y luego utilizaba el siguiente, y así iba de jutsu en jutsu, poco a poco le agregaba algo más de velocidad, en pequeñas dosis, cuando su cuerpo se acostumbraba al peso, pasaba al siguiente nivel y así una y otra vez, sin dejar que su cuerpo descanse demasiado, puesto que llevarlo al límite era quizás su mayor preocupación, esto solo lo lograría peldaño a peldaño, debido a que si lo hacía todo enseguida, podía llegar a desgarrar sus músculos y todo habría sido en vano, ya que en los momentos de recuperación en los que no pueda realizar ejercicio alguno, perdería la masa que estaba ganando.

 
 Los días pasaban en el arduo entrenamiento del joven Uchiha, cada vez le costaba menos moverse, es más, era alguien realmente veloz aun con todo el peso que tenía encima, el cual calculándolo un poco, era arriba de los cien kilogramos, cosa que al principio casi le impedía moverse y ahora es una leve molestía, esto era bueno debido a que cuando el joven se quite todo ese peso y su cuerpo deba reaccionar al peso normal del uchiha, sus musculos serán mucho más efectivos de lo que eran antes, brindándole una fuerza superior como así, una velocidad mucho mayor que la que poseía, sumado a esto al estar realizando ninjutsus continuamente, había llegado a una versión más óptima que la que tenía antes, además de ello también logró concentrar en sus ojos chakra y utilizarla de mejor manera para efectuar genjutsus si así los requiere, a todo esto se le suma el haber estado al límite siempre, pudiendo utilizar hasta el último poco de chakra de sus reservas, obligándose a sí mismo agrandarlas a la fuerza por lo que sentía que al haber optimizado su ninjutsu y genjutsu, le daba más capacidad para realizar más de estos antes de quedarse completamente sin chakra.
 De este entrenamiento saldría una versión mejorada del Mizukage, se sentía más fuerte y sabía bien que era más fuerte, pero aun así no pensaba dejar de entrenar, tenía planeado una vez acabado este y de haberse encargado de los papeles que seguro se le habían acumulado, regresar y exigir su cuerpo aun más, nunca dejaría de tratar de mejorar, el tenía una meta, una obligación más que nada… Ser el Uchiha más fuerte, medirse ante quien sea para comprobarlo y mostrar de lo que estaba hecho, el confiaba por demás en si mismo, aunque nunca subestimaba a nadie, por esa misma razón es por lo que no pararía de entrenar de ninguna manera, como así, de buscar poder de ser necesario, sabía de cosas ocultas como así de muchos potenciadores de los cuales se podía hacer, pero sabía que el no era el único que pensaba esto si no que había más en busca de lo tan ansiado, lo cual es poder.
 Igual, no era de esos a los que solo le importaba el poder en si, si no, que pensaba en conseguirlo para proteger a los suyos, y con los suyos, se refiere a la aldea en general. Era frío, solitario, calculador, pero era un Kage leal y que no traicionaría a la aldea, es más, haría pagar con sangre a quien se atreva a traicionarla, sus ninjas lo sabían y quizás alguno algún día busque desafiarlo, llegado el momento quiere ser un oponente digno, ya que si alguien lo vence, debe ser lo suficientemente poderoso para cuidar la aldea, mejor de lo que él mismo lo hubiese podido hacer, ya que siendo vencido, demuestra que el vencedor, es mejor y más apto. Siendo así, no le molestaría perder, es más, si el sabe de alguien más fuerte, no dudaría en ceder su lugar, era orgulloso, y por lo tanto sabía mejor que nadie sus límites y sabría reconocer a un superior. Pero hoy en día, el era la cabeza de la aldea y eso explica porque entrena y se esfuerza tanto, se toma en serio su rol y no quisiera dejar que nadie menos fuerte lo tome, así como así.

 

 Las semanas pasaban, ya había sido un mes desde el comienzo del entrenamiento del joven, se lo notaba diferente, su seriedad era superior, como había cambiado su musculatura, así como su semblante.. Su ropa estaba algo desgastada, era normal luego del entrenamiento que había soportado, exigido así por el mismo, era su peor sensei y más exigente.. A la media tarde de un lunes, sus rodillas tocaron el suelo mientras jadeaba, sus ojos perdían el color carmesí para tornarse grisáceos nuevamente, poco a poco, comenzaba a quitarse los nudos y por ende, las pesas que tenía disipadas por todo su cuerpo, soltándolas en el suelo, una tras otra, acto seguido se desplomó y quedó observando el cielo… Los 30 días habían pasado muy rápido, sus músculos se sentían presionados, como así se lo notaba con heridas, pequeñas pero heridas en fin.. Magullones, raspones, moretones y hasta quemaduras estaban presentes en el cuerpo del pelinegro, esto generaba ciertas molestias pero ya pasaban desapercibidas. Era incapaz de moverse, casi incapaz de moverse, trataba de recuperar aire, pero esta vez era diferente ¿Porqué?... Había entrenado 48hs sin parar ni un segundo, llevó al límite todo su cuerpo, sabía que era el último día por lo que quería comprobar de que estaba hecho, quizás había sido demasiado, era muy pronto para aventurarse y decir que había sufrido algún desgarro o similar, pero tampoco estaba de más no descartarlo.. El Uchiha trataba de analizar su cuerpo, pero le era imposible, estaba al borde de perder el conocimiento por lo que de un momento a otro, sus ojos se cerraron… Pero esta vez no fueron dos horas, si no que casi fue un día seguido sin poder recobrar el conocimiento, pero bueno, era algo obvio, al despertarse, observó hacia afuera, era de noche y por la densidad de la niebla, era de madrugada, el joven se levantó, colocándose su túnica, acomodó las cosas en los lugares en donde estaban, trató de limpiar lo más posible el sitio, levantó sus cosas, la comida la cual había acumulado en todos estos días, guardándola en un gran bolso para lentamente salir del lugar.
 Dando pasos lentos, bajó las escaleras y seguía su camino de regreso al centro de la aldea, para dirigirse a su despacho y ver con que se encontraba..

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Re: Un poco más..(Pasado-Privado)

Mensaje por Saga el Miér Mayo 04, 2016 5:41 am

La humedad abombaba la pintura blanca de las fachadas de la aldea y las kunoichis se entretenían desconchándola, arrancándola con sus terribles deditos. Los ancianos asistían, desde sus balcones, impávidos al espectáculo. Uno de ellos, de vuelta a la realidad, comenzó a gritar algo amenazador y las niñas salieron corriendo con las manos manchadas de polvo y cal, en dirección al parque. Era algo simbiótico: las niñas vivían algo de acción y los ancianos se reafirmaban en su ya difusa identidad, protegiendo sus calles moribundas. Las kunoichis olvidaban aquello, compraban golosinas, ramen o helados y se iban a jugar, pero, de haber podido seguir, habrían seguido allí, habrían continuado hasta llegar a los balcones y desconcharían a los ancianos mismos. Se habrían puesto perdidos los zapatos separandoles la abombada piel en quebradizos pedazos, dejando al descubierto sus relucientes y casi inorgánicos esqueletos. No les llamarían la atención, no gritarían nada amenazador. Esperarían a que las fachadas se ocupasen de eso.
 Comenzaba un nuevo día, todo lo anterior quedaba atrás y como de costumbre en la aldea de la niebla, apenas el sol salía el suelo comenzaba a levantar la humedad de las noches, la cual rápidamente se perdía en el cielo para volver a dejarnos un clima seco, lo que a Saga le agradaba, los climas húmedos por lo general eran mas pesados, las gotas de agua aunque fueran minúsculas dificultaban la respiración y hacía que la manera de sobrellevar el sol fuera mas difícil. El joven salió a recorrer los alrededores, con pesas de entrenamiento en sus tobillos, su intención en el día de hoy sería entrenar su velocidad,como así otras aptitudes, como puede ser ninjutsu, genjutsu y demás…Pero en un espacio más libre.De seguro por estos lares, no había nada mas que inertes árboles y arbustos por lo que el entrenamiento se volvería mas fácil que dentro de la ciudad en donde tienes que lidiar con los obstáculos de la gente, tenía pensado llevar su cuerpo al límite y como era sabido tendría que medir mi el espacio de ataque y demás.
 Seguramente sería agotador, pero era la única manera que por lo menos que Saga sabía para poder entrenar de una manera más útil. Estaba seguro que nadie esperaría que alguien del clan Uchiha se enfocara tanto en el aspecto físico, como era la velocidad o demás, pero el pretendía hacer esto con el fin de estar mejor preparado ante eventualidades y enfrentar más eficientemente a sus enemigos.No estaba seguro si la velocidad de las piernas repercutiría en la velocidad general de su cuerpo, tal vez ganar velocidad en el tronco de abajo  vuelva mas lenta  la parte superior de su cuerpo, eso sería algo que el trataría de evitar de cualquier manera, debido que de esta manera se perjudicaría, de todas formas ya tenía en mente la respuesta que creía la correcta, " entrena todo tu cuerpo ", muchas veces suena como un pensamiento obvio, pero no es así, debido que siendo un ninja completo ganaría mejores posibilidades que cualquier otro que se enfoque solo en algo particular.
Pasados varios minutos de calentamiento, el uchiha comenzaría a esforzarse poniéndose así mismo retos,
Se puseo en posición para salir, previamente había colocado como meta un par de piedras las cuales terminaban en un camino recto de unos 30 metros, era un poco largo para el tipo de entrenamiento que llevaría a cabo, había estado muy indeciso con respecto a esto, pero después de mucho dudar decidío tomar esa medida de espacio, a la vez que se concentraba para aumentar la cantidad de chakra ayudando a ganar más reacción y longitud de pasos, de alguna manera tendría que estar concentrado en no perder la cuenta de los segundos con los cuales se movería, puesto que en eso consistiría la práctica de hoy, en cuantos segundos podría recorrer tal y tal distancia, realizando ninjutsus y empleando chakra y así comparar sus tiempos una y otra vez. Sin dar más rodeos y se dispuso a comenzar con lo que tenía planeado, había tomado una posición parecida a la que tomaban los atletas olímpicos antes de comenzar con sus recorridos, era sabido que de esta manera se rompía un poco con la resistencia del viento, cosa que buscaba la mayoría de los ninjas del mundo, a eso se debía su manera inclinada de correr. Este último pensamiento le había dado la idea de que podría probar corriendo erguido en otro momento para generar mas resistencia para con el viento y así generar una mayor presión en sus piernas para cuando deba recorrer distancias largas. Una ráfaga de viento pasó por delante de el, esta haría que una planta rodadora terminara en la roca de la izquierda, una vez que esta llegara allí comenzaría a correr a toda velocidad, la miraba con detenimiento, no estaba nervioso, era algo simple, sin embargo se podía ver como tomaba con seriedad este asunto, cuando la planta alcanzó el punto que esperaba que alcanzara comenzó a correr,era algo tonta la largada, aunque Saga se tomaba sus entrenamientos como algo serio, se divertía internamente mientras trataba de ser más fuerte .Estirando sus piernas todo lo que podía, esto hacía que su cuerpo tendiera a inclinarse hacía arriba, lo que le hacía notar que necesitaba un poco mas de fuerza abdominal para poder mantener su cuerpo en una posición firme mientras corría estirando las piernas como era necesario para abarcar un mayor área en menos tiempo. 1,2,3,4,5 ... Había tardado al rededor de 5 segundos en terminar un  recorrido de 30 metros, daba un promedio aceptable de segundos por metro, lo que era bastante bueno para ser un shinobi, algunos incluso podían recorrer kilometros en segundos, esas eran leyendas claro, pero era tenía claro que el límite de los shinobis sobrepasaba por mucho lo que se podía escuchar de los mitos y leyendas, una de las creencias que había oído del país del fuego es que ellos lograron  sobrepasar a cualquiera de estas, esta era una gran manera de motivar a todos los ninjas de esta nación para alcanzar y sobre pasar incluso sus metas personales. Ahora el Uchiha tendría que bajar un poco esos segundos utilizando la técnica del cuerpo parpadeante a un nivel superior, seguramente le costaría toda la tarde bajar aunque sea un segundo, pero en estas cosas solo un puñado de centésimas representaba un gran avance, muchos ninjas orientados al taijutsu se esforzaban por meses para alcanzar una leve variación en sus números, el objetivo de Saga sería alcanzar eso en tan solo una tarde, por eso no dejaba de moverse secó un poco la transpiración de su frente con su mano derecha para que no se moviera el pelo de su lugar, agitó un poco su cabeza para hacer que su cabello se quite un poco algo de la húmedad que había acumulado en estas tantas pasadas, también tomó un poco de agua para refrescarse, era algo a lo que los que vivían entrenando se acostumbraban, a estar atentos, después de todo el peligro de deshidratación era muy probable aquí, tenía unos 4 litros de agua en botellas de plástico las cuales tenía planeado repartir en algunas horas de entrenamiento, tenía que ser sabio a la hora de usarlas puesto que no podía desperdiciarlas, una vez que no tuviera más agua tendría que marcharse a su casa a descansar, seguramente para ese entonces sus músculos ya estarían muy estresados de todas formas. Luego de refrescarse volvió a el entrenamiento, no tenía que bajar los brazos si quería mejorar aunque fuere minimamente en este aspecto, el cual tenía pensado usar mucho en las batallas, la velocidad era un elemento crucial en cualquier terreno, tanto en aire, agua y tierra tenía la idea de que los usuarios de una buena velocidad lograban sobrepasar a los que tenían pura fuerza bruta, puesto que estos siempre lograban asestar sus golpes en lo que los otros no podían hacerlo, siendo shinobis siempre iban a tener armas de filo, así que la fuerza no sería tan necesaria, ya que un espadazo  a una zona como las costillas o a la altura del hígado podría ser mortal aunque no tuviera una gran fuerza ...Le gustaría entrenar un poco mas esas cosas para generar un poco mas de musculos en su por ahora brazos “débiles”, pero ahora lo esencial era volverse más dotado en líneas generales, se volvió a posicionar en el inicio de su pista imaginaria donde medía su velocidad, ahora tendría que procurar bajar de los 5 segundos iniciales con el jutsu de cuerpo parpadenate, tragó saliva y comenzó cuanto antes, ahora no esperó a la planta rodadora, lo que en resumidas cuentas había sido una estúpides y una perdida de tiempo sin comparación alguna.

Volvió a correr a toda velocidad, nuevamente procuraba no levantar el tronco de su cuerpo mientras estiraba las piernas todo lo que pudiera para alcanzar una buena superficie y así poder cubrir mas lugar con menor cantidad de pasos, 1,2,3,4 ... Aunque no lo pareciera el echo de llevar la cuenta de los segundos era incluso mas dificil que correr e intentar aumentar la velocidad, era muy dificil no perderse y contar mal, o atrasarse o incluso aumentar el ritmo con el cual contaba y así contar menos segundos de los que realmente hacía, poco a poco su energia comenzaba a bajar y su ritmo cardíaco a aumentar, le estaba dando con todo lo que tenía, según su pensamiento era la manera para alcanzar sus objetivos mas rápidamente, le preocupaba un poco el como esto podía repercutir en si cuerpo, un desgarro múscular sería inaceptable en este momento podría representar un atraso terrible para sus objetivos próximos, pero era un riesgo que estaba dispuesto a tomar.
 Una vez que terminó volvió caminando hacía su posición inicial, le daba la sensación de que había bajado su tiempo sin embargo tenía miedo de estar errado, como se había dicho anteriormente era muy dificil mantener la concentración como para decir exáctamente cuanto tiempo había echo, la próxima vez tendría que traer a alguien que lo ayudara con esto, un ANBU o seguramente un reloj con cronómetro lo ayudaría. Estaba suspirando, nuevamente se sentó en el suelo unos segundos para recobrar el aliento y tomar agua, lo que le hacía pensar en su resistencia, por lo visto en este aspecto estaba bastante bajo siendo así que solo había estado un par de horas y ya estaba demolido, sus músculos se hacían notar enseguida, podía sentir como sus gemelos y aductores estaban ya hinchados,contraídos, tenía miedo de que se terminaran por estirar mas de lo que debían y que terminaran desgarrandose, por lo que se quedéó unos minutos sentado bajo el ardiente  pero tolerable sol que se dejaba ver en la aldea, sus botellas de agua ya estaban bastante calientes, pero servía todavía para que se mantenga hidratado, sabía de viajeros que se habían perdido en los bosques que habían llegado al extremo incluso de beber su propia orina por no encontrar una fuente de agua viable que estuviera claramente libre de microbios y gérmenes que podrían ser potencialmente letales para la vida, no quería llegar a aquel punto, por lo que se tomaría su agua aunque estuviera hirviendo. Ya estaba listo para su última vuelta de la tarde, esperaba que aunque estuviese mas cansado que al principio pudiera lograr alcanzar una mayor área que en su vuelta pasada, así podría irse a su casa sin ningún tipo de culpa ni sintiendo que hubiera desperdiciado su tiempo y energías, tal vez mas tarde trataría nuevamente  para poder comprobar su velocidad actual, ya que más relajado la scaría al ciento por ciento. Nuevamente se posicionó inclinando su cuerpo con la cabeza apuntando hacía delante con su mirada puesta en un punto fijo, aspiró y suspiró rápidamente para luego salir a correr a toda velocidad hacía dicho objetivo, tenía cabeza gacha como había echo previamente para cortar la resistencia del viento, así que ya estaba completamente listo, comenzó a correr, 1,2,3,4 ... Rápidamente lleguó al objetivo, estaba exhausto, puesto que como a lo largo de toda la tarde le había dado con alma y vida, pero esta vez pudo darse cuenta claramente que bajó casi dos segundos, pudo recorrer el trayecto en 3 segundos casi exactos. Lo ideal sería que recogiera sus cosas para marchase a su hogar a descansar, pero todavía era temprano quería seguir entrenando un poco más. Ahora mismo entrenaría la velocidad del tronco superior de mi cuerpo, mientras practicaba sus técnicas en velocidad había estado ideando algunos planes sobre como entrenar sus brazos en esta materia, por su puesto de pequeño también había entrenado con sus senseis sobre como dar más y rápido los golpes de puño y maniobras a corta distancia.
Entrenaría junto con unas redes de chakra, las crearía infundiendo chakra en hilos de metal, así se facilitaría la tarea de tener muchos objetivos juntos, podría colgar muchas piedras de un árbol, tenerlas todas a una distancia media, digamos que el largo de sus brazos para poder golpearlas con fuerza y así poder entrenar la velocidad de sus manos, seguramente terminaría con los nudillos bañados en sangre, por que sin importar lo que golpeara sus manos se irían lastimando más y más, sin embargo no le preocupaba en absoluto, le serviría incluso para descansar sus piernas, movió su cuello, tronó los dedos de sus manos y se dispuso a colgar sus objetivos desde una rama gruesa que se erguía desde el tronco de un árbol que estaba a unos cuantos metros de su posición. No importaba que su mano izquierda tuviera que estar realizando el jutsu para mantener el chakra en los hilos, podría entrenar con ella igual. Esto era muy importante, sabía que si entrenaba su mano derecha sola, esta se volvería mas diestra y esto generaría un desequilibrio potencialmente letal en su ser, puesto que un ataque de un lado podría llegar a ser mas o menos letal que del otro y los ataques con una mano serían mas certeros que con la otra, estas cosas rayaban lo absurdo por su puesto, sin embargo no quería correr riesgos y dejar todas las cosas perfectamente cubiertas para que en un futuro cuando le tocara batallar contra algún shinobi poderoso pudiese enfrentarlo sin ningún tipo de problema. Generó una especie de sistema de poleas, dejando colgar las piedras en el lado opuesto a donde  estaba parado, tomó  posición de combate, como si estuviera listo para pelear contra alguien delante de las inertes rocas, sin mover las manos, pero obviamente moviendo los cordeles bañados de chakra hizó que sus objetivos comenzaran a moverse de un lado a otro, cada vez con mas y mas fuerza una vez que se sintió satisfecho con la dificultad que buscaba que tuvieran se puso a lanzar golpes a estos, era un poco más complicado que el tema de las piernas, sin duda sentía este entrenamiento como si no fuera lo suyo, sus brazos le daban la sensación de ser extremadamente ligeros, así que si bien no se cansaba, le resultaba incómodo, era como intentar lanzar una bola de papel al aire ( por su puesto lanzar una roca con un peso medio era mas fácil y sencillo que lanzar una completamente ligera bola de papel sin nada dentro, todas estas cosas le daban a pensar que, seguramente le vendría bien entrenar su musculatura corporal, para así tener un poco mas de pesadez en los brazos y con ellos tener un mejor manejo de estos cuando se trataba de cosas veloces, tendría que cambiar su dieta y aumentar las comidas más sanas, que proporcionan una mejor generación de masa muscular, los entrenamientos que solía llevar a cabo de agilidad y velocidad solo volvía mas y mas delgado su elástico cuerpo.  Cortó su entrenamiento por unos minutos, puesto que debía descansar un poco si quería seguir, no le había gustado este tipo de entrenamiento, en el futuro debía pensarlo mejor para buscarse alguna manera menos rebuscada de entrenar la velocidad de su parte superior, tal vez con algún tipo de pesa con más kilogramos en sus muñecas y simplemente moviéndolas sería lo mejor,  esa era la manera mas clásica de hacerlo, pero bueno ahora no tenía pesas  de mayor calibre ni cosas por el estilo para llevar a cabo ese tipo de entrenamiento mas simple y efectivo, una vez vuelva al campo de entrenamiento tomaría pesas pesadas con forma de  muñequeras para sus brazos y tal vez algunas tobilleras también más fuertes para así fortalecer con el tiempo sus extremidades sin la necesidad de perder el tiempo con entrenamientos de este tipo. Nuevamente se puso con las manos a la obra, seguramente todo el esfuerzo realizado se vería bien recompenzado luego con una mayor agilidad en sus brazos a la hora de batallar, sin embargo el mayor avance que podía notar , era la poca dinámica de mi cuerpo, se podría decir que al igual que un vehículo que pretendía ir rápido y sin estabilidad se terminaba yendo por los matorrales sin poder dominar a la perfección su cuerpo.

 Se lo notaba algo disconforme, se miró al pasar en el reflejo de una especie de ventanal.. En ese momento, recordó el instante exacto en que sus sueños y esperanzas de infante dieron paso a la historia de su vida, al destino de sus esfuerzos. Se vio a si mismo transformando todo aquello que le resultaba familiar, modificando su vida, la de sus familiares fallecidos, la de su aldea, la de sus aldeanos, en si, la de su región. Se vio a si mismo creando un nuevo mundo para si mismo y para sus descendientes, se vio construyendo los sueños de su hijo, tal y como su padre los había construido para el, de una manera diferente.. Aunque su padre ya no estaba, aunque su relación había sido escasa.. Todo había valido la pena, para que hoy, los ideales del Mizukage sean únicos realmente. Tenía un objetivo y no pararía hasta conseguirlo, no se dejaría llevar por otros planes ni nada que influya en lo que a el le parecía correcto… Así era Saga y así sería toda su vida.

 A veces creía que las cosas no saldrían como el esperaba o en si, que el destino le cambiaba los planes.. Como el hecho de ser Mizukage, era algo que nunca esperó pero que cuando vino lo sintió como un halago ante sus hechos, y todo lo que había generado.. Le hacía gracia de cierta manera que alguien frío como él fuese escogido, pero si a su vez realizaba el mejor labor para la aldea, no tenía por qué sentirse menos que nadie o más incapaz.
 Pero ahora trataría de dar todo con su esfuerzo… Querer conocerse a sí mismo aun más.
 La presencia de la vida supone el esfuerzo del Universo por conocerse a sí mismo. Y la presencia del ser humano, la posibilidad de comprenderse. Aunque esto es muy difícil y aun no se ha conseguido en su totalidad. Tal vez nunca se consiga, al menos en un tiempo cercano o a través de unos seres, como los humanos y tal y como los conocemos ahora. Difícil, pero no imposible. 
Si un supueto Dios creó la vida en el planeta Tierra, por qué no iba a probar un experimento tal en otra parte similar o diferente? Teniendo en cuenta que solo en la Vía Láctea existen más de 400.000 millones de estrellas y que se supone que existen miles de millones de Galaxias, no resulta pueril suponer que solo existe algo similar a la vida en este planeta? Y si la vida se desarrolló en la Tierra con todos sus componentes básicos procedentes de otro planeta -por ejemplo, Marte- o de un cometa o de algo diferente, incuso tal vez debido simplemente al azar, no resultaría muy probable que esto sucediera de forma similar en otra parte?


 Las leyendas contaban que los ninjas habían comenzado a existir gracias a alienígenas, los cuales crearon clanes poderosos, es más… El propio Saga descendía de uno de esos clanes, por ende.. Porque no creerlo..
 Todo se basaba en suposiciones algo estúpidas pero en fin.. La mente del Uchiha estaba algo perdida si se quiere decir así, sus ideales chocaban con su sangre.. Debería poner en claro esto a la brevedad.. Si no, podía surgir un problema de magnitudes enormes en su vida.
 Siguió su caminata lenta, recuperando aire nuevamente hacia su hogar, trataría de descansar un poco, ya su cuerpo comenzaba a mostrar rasgos buenos a partir de aquel primer entrenamiento, hoy por hoy, era alguien de temer.

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Re: Un poco más..(Pasado-Privado)

Mensaje por Saga el Miér Mayo 04, 2016 8:05 am

 Cada día que transitan los shinobi no regresa. Por lo tanto, disponemos la posibilidad de vivir plenamente cada uno de ellos.El tiempo reconoce lo que logra el pasado, aunque en la antigüedad los ninjas no comprendíamos qué nos depararía el futuro.Lo que ha sucedido en el ayer nos ayuda a evolucionar para dirigirnos con libertad hacia un nuevo sueño.Tenemos la oportunidad de vivir el presente aceptando las idas y las vueltas, disfrutando los maravillosos momentos y haciéndonos cargo de los malos instantes. Hoy podemos crecer para el futuro sin pensar en el con desasosiego. Así aceptaríamos instantáneamente nuestro destino; el que creamos nosotros, el que nos otorga señales para que determinemos si optamos por cambiar el sendero en el que vivimos o si persistimos por el mismo. La vida se encuentra en avance; tenemos que cumplir nuestra misión en ella. Vivamos aquí y ahora.
 
Saga Uchiha, el Mizukage  se dispuso a iniciar su trayecto con el estoicismo propio de los habitantes de estas tierras. Calzó sus sandalias ninja, ajustó su túnica,se colocó su banda ninja como así ató su pelo, tomó dos tazas de café negro y amargo, endulzado con panela y humo, cosechado en las  tierras que fueron de los antepasados, con un gesto de aprobación recibió las riendas de la bestia, es decir.. Este nuevo desafio que pocos minutos antes había pensado tener el día de hoy, que,  además de su porte y rápida sonrisa, había heredado el clan que alguna vez su padre había llevado a lo más alto.
Ser Uchiha,  llevar ese apellido había despertado un sinnúmero de sentimientos encontrados a lo largo de su vida. Cuando el sopor de la tarde lo vencía, se veía a si mismo siendo un  niño,  recordaba las largas horas dedicadas a escudriñar los senderos del camino real con ansias de ver sus sueños transformados en realidad, teniendo un legado por su padre desde los inicios de su vida hasta la distante realidad en la que se encontraba hoy. Recordaba las largas semanas de su ausencia, recordaba lo orgulloso que se sentía frente a su pasado, aquel que ya quedó en un olvido al parecer pero no para el pelinegro. Recordaba su vida en aquellos parajes y que veía  en su padre a un héroe con una vida llena de aventuras, visitando tierras lejanas e inhóspitas, lugares y hogares tan diferentes a los suyos que bien parecían ser fruto de la imaginación. Recordaba también  a su madre, siempre un punto de inflexión en su vida, recordaba sus manos duras y ásperas por el trabajo extenuante y la dedicación absoluta a el, recordaba el aroma del café por la madrugada conjugado con el olor de la madera húmeda, recordaba los días en que junto a ella leía y aprendía sobre la vida de un shinobi. Recordaba a quien era su hermana.. La cual murió, era la más pequeña del clan en su momento, la menor de todas,  recordaba su sonrisa diáfana y pura, recordaba su llanto profundo y doloroso, recordaba el ataúd pequeñito en el cual la vió luego de un trágico accidente.. recordaba como desde allí su vida se había vuelto otra.
 
El sol aún no despuntaba, pero el cielo ya deparaba una claridad mesiánica que anticipaba un día sin nubes, comenzó a caminar el joven hacia el campo de entrenamientos donde muchos, que al igual que él, habían dejado su coraje y bravura adoquinando los empinados senderos de su aldea. Con un gesto derivado de la cotidianidad había vuelto sus ojos hacia su paternal hogar, y sin detenerse a dar un segundo sorbo de pasado, emprendió su camino cansino hacia el lugar donde sus cuitas y pesares perdían el sabor a fardo viejo y pesado y se teñían de nostalgia, melancolía y esperanza, donde quizás el se sentía más cómodo en el mundo.. Donde el sentía que se volvía más útil.
A lo lejos, en la frontera de la aldea, los ecos del pasado replicaban al unísono las melodías de los días perdidos, indiferentes a las penas y alegrías de los hombres, alzándose por encima de sus esperanzas y sueños perdidos, haciendo hincapié en su pequeñez e intrascendencia. Saga conocía cada uno de los recodos del camino mejor de lo que se conocía a si mismo, reconocía y casi saboreaba la dureza de su tierra, la tersura de sus vientos, veía en cada saliente, en cada valle, un gesto de cariño, un rasgo amigable y tranquilizador,  podía escuchar sin esforzarse  el caudal del mar de kirigakure, imperturbable y terco, arrasador y atemorizante, marchando implacable en lo profundo del cañón,
A su lado, sin preocupación alguna, su sombra se fundía con el amanecer distante. Siempre habían dicho que era su viva estampa, de espalda ancha y manos de piedra, de cabello hirsuto y mirada profunda, pero.. ¿Cómo lograban ver a través de esa sombra?
 Saga no pensaba igual, para él nuestras sombras eran opuestas a nosotros como no imaginamos, hasta la suya propia era tan diferente, como  la cordillera lo es del llano, como la luna del sol, como el trino de un ave difiere del grito del Alcaraván. Sabía que era diferente, por que su vida era diferente, cuando su padre,  reinaba en estos parajes, el soñaba con ser un renegado poderoso, navegar por todo el mar que se unía a la aldea, cual centauro ancestral, emprendiendo  travesías épicas a través de territorios plagados de peligros y amantes de posta,  de días soleados y noches tormentosas, enfrentado madremontés y lloronas, bolas de fuego y bandoleros, conquistando cumbres olímpicas y valles dignos del hades.
 
Ahora sin embargo, no creía en estas fantasías infantiles de su pasado en lo absoluto, y el mizukage sabia el por qué, él mismo, su vida, sus obras, habían marcado las esperanzas e ilusiones de su decisión y habían trazado nuevos caminos y  horizontes.El pelinegro de ojos oscuros, había transitado una y mil veces los recodos de su tierra, disfrutado de las mieles de sus gentes, de la gentileza  y dureza de sus hombres, de la dulzura y franqueza de sus mujeres, del arduo terreno, del cambiante e indómito clima, esperanzado en algún día recorrer los pasos recorridos por su padre,  de revivir sus aventuras, desventuras y romances, de remontar ese mar por las venas y arterias de sus laderas, y alzarse vencedor en la eterna pugna  entre la minúscula  humanidad y la magnífica y grandiosa naturaleza, aunque fuera solo por un segundo, aunque fuera una quimera, aunque fuera un espejismo causado por el soroche. Pasó por  un recodo, dos, tres, hasta que su mente dejo de contarlos, para él, el sendero, esté sendero, era igual a muchos de los que abundan por la región, un camino minúsculo e insignificante, que permitía acceder al campo de entrenamientos que solía visitar, en donde pasaba sus días feriados y las vacaciones, carente por completo de emociones y aventuras, desprovisto de magnificencia y respeto.
 
Remontó el último tramo del camino, desde la cual se divisaba el pueblo enclavado en la ladera desafiando el tiempo y la gravedad, con nostalgia noto que el campanario del templo, desaparecido varios años atrás, ya no lo recibía con gesto sublime y amable, que la plaza en donde conoció la historia de su madre y la cual estaba agazapada bajo toneladas de ladrillos sin memoria ni sentimientos, que los techos de paja habían desaparecido,  que el empedrado de sus calles  había sido sustituido por una cobertura sin alma, sin historia, abajo, cerca del mar, se veía la carretera y a su lado, impasible, Puente.
Rodeo la última curva del sendero y se vió a sí mismos transitando por lo que ahora  era un camino transitado de gran manera por el que cajas de metal trasportaban gentes y mercancías, se adentraron  por sus calles y desembocaron en un espacio amplio y ligeramente inclinado en el que se percibía de forma evidente la ausencia de algo fundamental, una playa sin arena o mar,  había dicho su padre antes de morir, refiriéndose esta plaza sin iglesia, en la esquina opuesta, una mujer de apariencia tranquila , acompañada de una niña de no más de diez años y de dos jóvenes que se esforzaban por procurarle un apoyo que no necesitaba, levanto su mano y  esgrimió una sonrisa, mezcla de alegría y angustia frente a lo inevitable.
 Saga, terminó su recorrido sintiendo que su mente era mucho mas joven que su cuerpo,  apoyo su mano en lo que era una especie de monolito de piedra y se dispuso a tomar un ligero respiro, mirando a la totalidad de la aldea.. Sintiéndose especial unos segundos, todo lo que veía era liderado por el, era respetado en cada esquina de dicho lugar.. Sus ojos se llenaban de orgullo y a su vez de una ambición.. Porque no se conformaría solo con esto.. En ese momento, recordó el instante exacto en que sus sueños y esperanzas de infante dieron paso a la historia de su vida, al destino de sus esfuerzos. Se vio a si mismo transformando todo aquello que le resultaba familiar, modificando su vida, la de sus allegados, la de su pueblo, la de su aldea, la de su país. Se vio a si mismo creando un nuevo mundo para si mismo y para sus aldeanos. Se vió siendo capaz de realiza todo lo que decían que podría hacer, si bien nunca fue un mizukage demasiado excéntrico remontando las alturas y desafiando a los elementos, si bien nunca pudo cumplir el sueño que se había trazado junto a su pasado de navegar el mar de kirigakure de punta punta conquistando en cada posta amores y aventuras, Saga Uchiha había contribuido con una gesta de equiparables proporciones a las acometidas por su padre, había delineado una nueva quimera en el horizonte de sueños de sus coterráneos. Recordó su pasado, y se vio a si mismo emprendiendo un aldea digna de reconocimiento y alabanza, condimentada con sangre y sudor, con dolor, sufrimiento, esperanzas y esfuerzo. El pelinegro se vio a si mismo labrando con sus manos un camino para ser recorrido por muchos, se vio a si mismo sufriendo miles de penurias insoportables para aquellos  incapaces de amar su pasado, su presente y su futuro, para aquellos que no comulgan con su tierra, para aquellos que no respiran y saborean el aire, la arena, la montaña y el valle, el filo y el fondo del cañón.
Saga, se vio hombro a hombro  los grandes de la historia, junto a muchos de los que sacrificaron muchas horas de su vida procurando que otros no tuvieran que sacrificar las suyas, se vio en batalla franca contra la ladera, en duelo abierto con el barranco, en pugna mortal con los límites del esfuerzo humano. Finalmente, instantes antes de ser arrastrado por un tirón en la túnica por parte de la realidad, el Mizukage,  recordó el momento en que su vida y sus acciones transformaron la vida de todos aquellos que compartían su aldea y país, el dia en que sus acciones y esfuerzos mudos y honestos, le permitieron  a los hijos de los habitantes que no eran de su aldea y a los suyos propios alzar sus ojos al mundo y trazarse nuevas metas y objetivos, más allá del océano verde de la llanura, de las inalcanzables cumbres de la cordillera, del infranqueable rio y del profundo cielo.  Yondaime Mizukage, heredero de la sangre más pura y leal, enviado ancestral y constructor de sueños y caminos, sintió como una lagrima se  deslizaba por la mejilla de su madre en el cielo  mejilla al ver a su hijo abordar el camino que le permitiría ir aún más lejos de lo que nunca había soñado, recordó a su padre llevándolos a la aldea de pequeño, recordó a sus hermana, a sí mismo soñando, luchando, odiando y creciendo. Supo en ese momento que los sueños y  esperanzas están unidas por un camino que todos, incluso el mismo, construimos con cada gesto hacia los demás.
 Luego de haber recorrido los senderos, llegaba por fin al campo de entrenamientos, en este sus sueños de grandeza se hacían cada vez más reales, siguió caminando un poco más, subió las escaleras y se dispuso a entrar. Sospechosamente el lugar estaba de la misma manera que él lo había dejado, es decir, nadie lo había utilizado en semanas, las mismas en la que él no había visitado el lugar.
 Fue hacia uno de los costados, tomó unas pesas pero esta vez mucho más incómodas y pesadas que las que utilizaba normalmente, doblando algo su cuerpo comenzó a anudarse estas a sus tobillos, luego comenzó a erguirse y anudó las dos restantes a sus muñecas, ahora el peso se sentía diferente, pero era tanto el desgaste físico al cual se expuso que ya no le molestaban tampoco estas, aunque había cambiado el peso por uno mayor, de igual manera no le impedía mucho para nada.

 Esto le agradaba, se veía que todo lo que había trabajado se notaba en su cuerpo, de un momento a otro, saltó unos metros más atrás, pasó a dejar sus cosas en el suelo, sus botellas de agua, como así alguno de sus alimentos, se mantenía relajado y concentraba algo de su respiración, trataba de bajar su ritmo cardiaco para dar comienzo a otro enérgico entrenamiento, de los cuales no cambiaría la forma, ya que erán casi sádicos pero le ayudaban bastante.
 Comenzó a relizar sellos veloz mente mientras se movía, parecía flotar literalmente, se veía como su velocidad había aumentado de una manera por demás sobrehumana, como su cuerpo respondía al mismo tiempo que si mente lo necesitaba, todo parecía cada vez salirle más fácil, realizaba sello tras sello, jutsu contra jutsu, a su vez controlaba sus ojos de una manera mucho más clara, podía ver todo mejor y con mas detenimiento y a su vez su cuerpo le respondía de inmediato a las líneas de acciones que su subconciente trazaba en el espacio, era bastante bueno de ver a un ejemplar de tal magnitud esforzarse cada día más por ser simplemente el mejor, no se conformaba con nada más que ello, con ser el más fuerte en todos los sentidos posibles, sus movimientos eran elegantes y a la vez sus jutsus cada vez más devastadores, por lo que debía emplearse al máximo y más, era una rueda, a medida que más se exigía, más poderoso se hacía y esto en consecuencia más lo obligaba a exigirse. Era algo único.
 Hoy, de todas maneras, pretendía no líarse tanto, si no más bien reconocer sus habilidades, verse hoy en día en el poder que había conseguido, aprender a dominarlo y así hacerlo efectivo. Ver cuanta velocidad poseía, a su vez que tan devastadores eran sus jutsus, que tan buen control tenía de sus ojos y también por su puesto, como repercutía esto en sus reservas de chakra, todo era un sin fín de posibilidades que estaba dispuesto a afrontar sin miedo, no quería perderse de nada, quería conocerse al extremo y saber que podía hacer y que no.
 Más pasaban los minutos y más agobiante era el entrenamiento, pero a su vez, más frutos le daba, ciertamente le estaba dando una capacidad nueva, la cual era la de conocer sus limitaciones. Lanzaba sus jutsus más fuertes, contra los que le seguían, es decir, paraba sus jutsus poderosos con los otros no tan fuertes, por ende debía emplearse más que al máximo para no perder oportunidad y en resultado resultar, valga la redundancia, herido.


 Luego de varias horas de este agotador entrenamiento, Saga se detuvo unos instantes, fue hacia donde sus alimentos, tomó su botella de agua y comenzó a beber.. Luego tomó algo de comida y dio algunos mordiscos considerables, necesitaba reponer algo de lo que había perdido igual hoy, había sido más leve.. Un poco porque no tenía el tiempo que habitualmente posee y otra parte porque prefería ver hasta lo que había llegado, disfrutar unos segundos efímeros de ese poder que tuvo que forzarlo para conseguirlo, verse a sí mismo como alguien que ya no tenía potencial, si no que era una realidad, era quien protegería a la aldea, era quien la representaba y se sentía cada día más capaz para hacerlo.
 Dio algunos sorbos más a su agua, la guardó, tomo sus cosas y procedió a marcharse. Al salir del campo de entrenamientos se lo vió sonreír un poco, mientras cientos de cuervos lo rodearon y acto seguido su figura desapareció del lugar.


Última edición por Saga el Lun Mayo 09, 2016 6:59 am, editado 1 vez

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Re: Un poco más..(Pasado-Privado)

Mensaje por Saga el Jue Mayo 05, 2016 7:34 am

Una mañana relajada en la aldea, el Uchiha quien era el actual Kage. estaba en la playa de la aldea, caminando por la arena cerca del agua, mirando como esta estaba congelada por el invierno que llegó. Caminó hacia una casetilla celeste que se encontraba por el parque que comenzaba a formarse al acabar la arena donde las hojas de los árboles caían y allí se recostó.  Hacía frio cuando miró hacia un lado, las hojas secas se movían hacia el lago, los pájaros sólo cantaban y se iban, los animales no salían de sus cuevas y las flores dormían con el arrullo del viento. El viento daba su canto de frio y brisa; las aceras se congelaban solas. El se abrazó a sí mismo, su cabello era largo y lacio, ojos tristes y oscuros, una mirada bastante intimidante. Un susurro vino detrás de la casetilla, un susurro de mujer, o niña, un susurro que se camuflaba con el del viento. Una helada brisa rosó la mejilla de aquel shinobi el miró hacia un lado, no había nadie, sólo las hojas que corrían hacia el lago. El dejó de recostarse  y caminó hacia un lado, siguiendo la acera; miró el mar y cómo las hojas se hundían por el hielo que se formaba;  solo, así estaba, un día calmado y frío quizás como su corazón, en un parque un poco cerca de su casa.
 Otro susurro camuflado con el viento, que elevó algunas hojas y las arrastró más allá de donde estaban se escuchó. El las miró irse, sus ojos claros y hermosos vieron mover las ramas soltando hojas. Otro frio frotó su nuca como si le hubieran puesto un cubo de hielo, el hizo una mueca mirando hacia atrás. —Niños, ya es tarde, deberían ir a descansar. —dijo llevando sus manos a su abrigo y caminando hacia la salida. El viento helado soplaba con fuerza su espalda, la empujaba a caminar más rápido, el joven miró hacia atrás frunciendo el ceño.
—Deben hacerme caso, es peligroso a estas horas por aquí, de seguro sus padres deben estar preocupados. —De repente, el viento que soplaba dejó de hacerlo, el cabello dejó de moverse, quedando postrado en su cara, su boca semi-abierta dejo escapar un leve suspiro. Se dio la vuelta y se fue.
         En la calle principal de la aldea, estaba situada la casa esquinera de Saga, una grande y clásica de madera, rodeada por dos robustos pinos y varios montículos de piedras. El  frio entró por la puerta de su casa al abrirse, algunas hojas y barro entraron al leve calor del lugar. Lanzó el abrigo a una silla y se quitó el gorro que proporcionaba su túnica de su cabeza mirando la ventana. Se detuvo por unos momentos a pensar la situación de la aldea, como todo había cambiado, como básicamente su aldea había comenzado a empeorar antes de que el llegara.. Era algo que le molestaba y a su vez, esperaba cambiar.  Se puso a pensar en todo lo que había mejorado, como sólo pudo hacerse más fuerte, se levantó y fue hacia la puerta de su casa y comenzó a leer algunas de las cosas que el mismo se dejaba anotadas, donde decía que debía hacer y como debía hacerlo.

  Al terminar de instruirse en las aptitudes que siempre repasaba en sus entrenamientos prosiguió a salir, le quedaba algo más que hacer, una historia más que recorrer..
 Saga sabía de un anciano en la aldea, el cual se decía que era un maestro en la meditación, aunque otros lo consideraban alguien molesto o alguien de verdad con problemas mentales, otros cientos lo veían como una eminencia en cosas que de verdad le interesaban a los shinobis, el pelinegro emprendió su camino velozmente hacia una de las zonas más alejadas de la aldea, allí se decía que vivía dicho anciano.. Alguien solitario, pero con un gran conocimiento según los habitantes más longevos.

 Pasados unos minutos, Saga llegó al lugar,desde afuera se veía una vieja choza, algo descuidada realmente.. Se acercó lentamente, con algo de curiosidad hacia la puerta de dicho lugar y la tocó un par de veces. Esperó unos segundos y nadie parecía mostrar señales de vida, por lo que decidió dar media vuelta y marcharse..
-Hmm.. Típico ninja, impaciente..-
 Se oyó una voz grave desde dentro mientras se abría la puerta, Saga volteó nuevamente quedándose de frente a la entrada del lugar, sin decir palabra alguna observaba mientras un anciano se hacía presente, de test blanca, cabello aún más blanco, vestido con unos trapos viejos si así podía decirse y un bastón, se ve que le costaba caminar, aun así lo hacia.
 -¿Qué buscas aquí tan lejos del centro?-Preguntó gran curiosidad..
-Mi nombre es Saga, soy el Mizukage… Me dijeron que usted es un gran maestro ninja y deseo conocer sus formas, para poder hacerme más fuerte, para poder ejercer mi cargo de mejor manera..- La voz de Saga era de alguien seguro de si mismo, pero a su vez, necesitaba volverse más fuerte… por alguna razón necesitaba de más poder.
-Más fuerte… Más.. FuerBueno, es algo típico de todos, es extraño que alguien con un cargo como tu aun quiera más poder.. Pero en fin podré entrenarte si pasas una prueba, esta misma comenzará en unos momentos, pero antes déjame contarte la historia de un viejo amigo y su maldición infernal, hace tiempo no viene nadie y bueno… Es algo que es bueno contar….-

 Saga no entendía muy bien lo que quería decir el anciano, es más, estaba sorprendido.. No lograba comprender que hacer o que contestar, el quería entrenar de inmediato mientras que el anciano se sentó en una silla y con su mano le indicaba al Mizukage que tomara asiento frente a él.. El pelinegro algo dudoso tomó asiento, pero escuchó el relato del anciano, algo ansioso pero trataba de ser respetuoso y entender que era una consigna para poder entrenar, puesto que si no lo hacia, posiblemente no obtuviera nada de el.

 El anciano tomó aire y comenzó..
“Hizune era mi vecino, me llevaba un año y estoy seguro que nunca culminó la academia ninja. Según mi madre una frase suya, cuando estaba por terminar la academia, fue: "¡para qué estudiar vecina!, si lo más importante es trabajar y hacer dinero". No sabría decir si ahora, a los 82 años, aún sigue pensando igual, pues tantas cosas le ha pasado a él y a su familia que a cualquiera le infundirían compasión, pero creo saber por qué a mí no. Siempre han vivido en mi misma calle y manzana, aunque ahora más alejados debido a la ambición de un "feudal" que les propuso traspasarse y así expandir su propiedad; creo que un "gran mercado de arroz" traía en la cabeza, pero no lo concretó, meses después murió abatido por unos delincuentes. La maldición se remonta mucho tiempo atrás, cuando Hazaku, padre de Hizune, se hizo fama de ero-sennin, tanto así que a fuerza de saliditas sábados y domingos, homilías y reuniones imperdibles, embarazó a una jovencita de su congregación. Los rumores nunca cesaron, aminorados hasta nuestros días, pero igual, ya había un nuevo miembro en la familia, y a ella, la despachó; la madre de Hizune, como es previsible, rabió unas semanas, pero terminó resignándose. La maldición se estuvo latente por algunos años, hasta que un hecho, que ahora mencionaré, quizá la despertó. Un primo del país del arroz nos vino a visitar. Éste era ingenuo y noble, por raza y geografía, así que no demoró en verse asediado por dos jovencitas desenvueltas y pizpiretas, que traveseaban por la aldea de esos tiempos. De una de ellas, sólo diré que tiempo después se ganó el prejuicioso apelativo de "parca", pero que ahora, tantos años después, colijo que fue difamatoria, pues ya se hubiera muerto; la otra era Kary, la segunda hermana mayor de Hizune. El asunto era que mi padre había salido a pasear con mi primo, y estas bandidas, nada discretas, al percatarse del muchacho lo empezaron por piropear; mi padre naturalmente se incomodó. Mi madre, al enterarse del percance, fue hablar con Najike, la madre de Hizune, pero tuvo que regresarse mortificada por los improperios de una vieja que aducía que su hija era una niña de casa, y que seguro estaba celosa del sobrino; mi madre nunca se lo perdonó. Meses después, irremediablemente, la maldición brotó de nuevo. El esposo de Sakura, la primogénita del padre del susodicho, demostró tener un corazón entregado al prójimo, en especial para con su única cuñada, no necesitó más de un tiempo para también concebir una criatura; cuando a ésta se le instó a que dijera quién era el padre, prefirio callarse, y así solo recibir las zamarreadas y bofetadas de la madre, mas no de la hermana. Menos de un año después le tocaría el turno al mismo Hizune. Venía de vender arroz en su carreta, y ya se disponía a guardar el vehículo, cuando se vio sorprendido por unos "bandidos" que querían llevársela. Protagonizó empecinada resistencia, y entre el forcejeo uno de los facinerosos, enfurecido, de un solo tajo le mutiló la oreja derecha; luego, disipada la furia por la vista de sangre que inundaba su hombro, sobreseyeron en su propósito y huyeron. Al día siguiente, en la sobremesa de almuerzo, entre familia, comentamos el suceso de la víspera; fue allí, por primera vez, que tomamos conciencia de la envergadura del asunto y atribuímos categoría de maldición a lo que se cernía sobre esa familia. Un año hará desde que se produjo el acontecimiento más insufrible, más deshonroso, que haría que cada vez que saludara a Hazaku, al pasar por su casa, me contestara con la vergüenza dibujada en su rostro. Nafuki, su quinto y último hijo, después de terminado el examen chunnin, a duras penas claro, se puso a taxear. Se distinguía por ser un chico respetuoso, amable, e incluso llegó a ser el que más aportaba a la historia familiar. Pues como se espera, siendo el más querido en su familia, fue triste enterarnos por el periódico que uno de los dos fugitivos, de un frustrado atraco a un próspero feudal en la que murieron nueve renegados abatidos por las fuerzas especiales ANBU, fuera Nafuki. Este estuvo prófugo un par de días hasta que lo capturaron, lo hallaron culpable, no le quedó más que confesar su delito y terminó la cárcel de la aldea. Meses después, la maldición extendió sus brazos y se ensañó con el nuevo conviviente de Sakura ---su exesposo había fugado a la selva con la mala hermana, tarde o temprano todo iba a salir a la luz. El nuevo yerno era todo lo contrario: trabajador, humilde y dedicado a sus hijos, a pesar de que no eran suyos; pero sus virtudes iban de la mano con su desgracia, un infarto cardíaco le cegó la vida. Hoy día, en la mañana, mi padre vio salir de su casa a Hazaku-Sama, lo llevaban de uno y otro brazo, Hizune y su hermano mayor; más tarde nos enteramos que fue una crisis hipertensiva.  Hasta aquí los infortunios de la familia de mi viejo amigo, aunque más parezcan una incesante expiación por pecados cometidos. He tratado que este relato sea una fiel transcripción de la realidad; esto significa que en ningún momento he pretendido dilatar, arbitrariamente, la lista de malhadados acontecimientos, ni mucho menos, quizá, otorgarle algún desenlace trágico. Por otra parte, ello no excluye que la maldición siga en pie, y que tarde o temprano, Dios no lo quiera, me vea en la necesidad de actualizar esta  humilde historia.Ya que esta maldición fue pasada a lo largo de los años y aunque no tenga mucho sentido, siempre me sirve para educar nuevos ninjas… ¿No crees?"
Saga había prestado atención al extraño relato, pero a su vez no entendía, era algo muy enredado y en si, estaba con su mente puesta en cual sería la prueba que debería pasar para ser entrenado por el anciano que tenía en frente.. Por lo que se decidió a hablar..
-Perdón pero.. ¿Podría decirme cual es la prueba que debo pasar para ser entrenado? Mi tiempo no es extenso..-
 Al decir esto, el anciano comenzó a reírse, la sorpresa del uchiha era mayor, el desconcierto también pero de un momento a otro el longevo comenzó a esgrimir palabras..

 - Has pasado la prueba… Has estado paciente escuchando una historia sin mera coherencia… La paciencia es una de las mayores virtudes de un shinobi, sumado al respeto.. y tu has tenido ambas.- El anciano se levantó de su silla, y por primera vez abrió sus ojos.. Estos eran completamente blancos, no se le alcanzaba a ver ninguna pupila o algo similar, eran extraños.. Similares a los del clan Hyuga, Saga no sabía mucho de estos, pero conocía por leyendas algo y sus capacidades asombrosas.
 El anciano realizó algunos sellos, y unas venas alrededor de su rostro aparecieron, este le explicó a Saga que su nombre era Mizaki Hyuga, que era un refugiado de la aldea de la hoja, no sabía ninguna de las técnicas de su clan, más que el uso del Byakugan, pero tenía un dominio excelente en el ninjutsu de Kirigakure, como así una enorme reserva de chakra y velocidad.
 Esto se vió reflejado unos segundos más tarde, puesto que se movió varios metros hacia uno de sus costados sin siquiera poder sido visto por el Uchiha, un shinobi de nivel Kage.
 El pelinegro utilizó su Sharingan, a lo que Mizaki sonrió comparando el pasado de ambos, puesto que habían surgido de clanes oriundos de una aldea lejana a la actual.


 Luego de todo tipo de bromas y conocerse algo mejor, hasta entablar una extraña relación.. extraña debido a la personalidad de Saga. El anciano prosiguió a explicarle al Uchiha en que consistiría el entrenamiento, este se basaría en una lucha, la cual comenzaría y tendría fin si Saga vencía al anciano o bien, cuando este exhausto.. Parecía algo en broma, puesto que el pelinegro era alguien realmente poderoso, por lo que aceptó con algo de desconfianza.
 Ambos tomaron una distancia de unos 5 metros, Saga no utilizaría en principio sus armar más letales, que eran el ninjutsu y el genjutsu, si no que trataría de noquearlo basado en su enorme velocidad. Al comenzar, Saga se movió tratando de golpear la nuca del anciano, pero este desapareció, el uchiha observaba a su alrededor y no lo veía, pero segundos más tarde sintió un golpe en la espalda el cual lo hizo volar unos 23 metros hasta detenerse contra unas rocas, el golpe había sido duro y no entendía bien lo que había sucedido.
 Al recobrar algo la compostura, divisó a unos metros al anciano, el cual estaba sonriendo, al parecer esto sería de verdad algo serio… Saga mostró una sonrisa, mientras realizaba una serie de sellos y de su boca salía una llamarada de fuego, la cual el anciano repelió con un jutsu de viento, pero el Uchiha en realidad usó esto solo para ocultar otro jutsu. Un millar de cuervos apareció rodeando cada punto de vista del anciano, mientras que Saga a la distancia realizaba otra serie de sellos y lanzaba unas shurikens envueltas en fuego, las cuales pasaban entre los cuervos buscando dañar a su por ahora rival, pero no había caso, el Hyuga se las ingeniaba para repeler todo, hora tras hora, el Mizukage atacaba con todo y no obtenía nada, hasta que de un momento a otro cayó rendido.. Perdió el conocimiento a causa del enorme gasto que había realizado.

 Horas más tarde, se despierta dentro del hogar del longevo, este estaba a su diestra con un tazón enorme de sopa, se lo acercó indicándole que le vendría bien.. Saga lo tomó, mientras conversaban y el anciano le marcaba los errores al Uchiha, el cual atentamente trataba de memorizarlos para tenerlos en cuenta en un futuro, eran básicos en si, la confianza por demás excesiva de ser de un clan poderoso, el subestimar a sus rivales por la apariencia, todas cosas que traían acarreadas el hecho de llevar una sangre prodigiosa, el Hyuga le explicó que el cometía los mismo errores y recién ahora en el ocaso de su vida pudo volverse fuerte.
 Al día siguiente, el entrenamiento continuó, cada vez era más difícil y el anciano se empleaba más a fondo, como así, Saga mejoraba; Los primeros días fueron una repetición, el Uchiha desmayándose luego de horas de tratar atacar una y otra vez, pero pasaban los días y esto cada vez era más parejo.
 Tras un mes entrenando, en el cual Saga visitaba cada día al longevo, por motivos de obligaciones, el Mizukage tuvo que detener el entrenamiento, sin poder vencer al anciano.. Pero le prometió volver y lograrlo algún día.

 
 El joven Mizukage iba de regreso a su casa, y nadie lo espera. Como nadie se esperaba su escapada de hace diecisiete años atrás con sus padres en un día frío como en el que ahora esta regresando. Ni el mismo lo esperaba. Y no es cobardía. Hay que tener mucho valor para regresar a donde, en un momento desesperado de tu vida, deseaste huir.
El paisaje no ha cambiado. El mar sigue su curso, las casas resisten al paso de tiempo, como las almas que pululan por todas partes. Almas arraigadas al paisaje. Eso que tantas veces escuchó decir de su madre antes de morir, “las personas son el resultado del entorno, de las historias del entorno”. No era así para el Uchiha. Para el la vida es un camino con miles de cruces, salpimentando tu naturaleza, para que decidas tú, y nadie más que tú. Es así. No hay más. Te encuentras en un cruce, una encrucijada, y la decisión es sólo tuya. Que tomes uno u otro lado del camino sólo requiere de una decisión en un momento concreto. Nada de tu vivido contexto se alza para pararte los pies, tus pies deciden ir hacia un lado o hacia el otro. Como el decidió quedarse en esa aldea donde llegó siendo un pequeño niño.
Ahora ese niño se ha convertido en el Mizukage, que con apenas veintiún años, es el líder del lugar desde donde su madre y su padre huyeron, para buscar su lugar en el mundo, su propio mundo. Que no encontraron, y que nadie sabe, ni sabrá nunca, por qué. No hay preguntas cuando no quedan respuestas esperadas, sólo acciones.Recuerda ojear un libro de poemas de su padre, donde él mismo escribía:
“El sentimiento del amor es tan impredecible
Que arraiga en ricos, viejos y gentes humildes
Revisado con tiempo y mucha calma
Los resultados sólo los comprenderá el alma”
Y su alma comprendió que el amor que sentía por su madre, en nada tenía que ver con la forma de pensar de los arraigados al entorno de éste paisaje al que me voy adentrando lánguidamente. Nada que sentir junto a ellos. A veces luchas contra la corriente del río, y aunque sería más fácil dejarte llevar, sigues hundiendo tus brazos contra esa fuerza que te quiere arrastrar intentando doblegarla con cada brazada, más fuerte, más desesperadamente. Pero la impronta del río es arrastrar. Nadie para esa estela, por más que luches.¿Qué encontrará al llegar?, ni lo piensa, ni lo anhela. Sólo se deja llevar por éste día tan parecido al que lo alejó aquí. Sin bracear, sin luchar. Remontará el camino y atravesará el cruce de nuevo, río abajo. Veintiún años braceando, son muchas brazadas. Son muchas huidas, son muchos días. Encarará los ojos de la aldea y abrirá los suyos. Regresará, pero nunca se arraigará al entorno. Que el mundo ninja haga lo que quiera. Esa será su voluntad: Pero su alma ha visitado el otro lado de la puerta y, en cuanto pueda, regresará a ver lo que hay con más fuerza.
Va de regreso a su casa, y nadie lo espera. su mundo no ha parado de rotar, pero ahora rueda con una verdad menos sincera. 

 Al llegar, decidió solo recostarse, había pensado en tantas cosas en estos meses, se volvía cada vez más fuerte y más sabio, algo que siempre había buscado, aún así se sentía vacío, se sentía inútil.. Deseaba cumplir los deseos de su padre, deseaba conocerlos para poder saber que necesitaba para llevarlos a cabo, era algo de importancia en su vida.
Tras unos minutos recostado, solo sucumbió ante el cansancio que traía acumulado y se durmió profundamente..

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Re: Un poco más..(Pasado-Privado)

Mensaje por Saga el Jue Mayo 19, 2016 1:28 am

A medio entrenamiento, el mizukage entusiasmado por mejorar, sacarse de la cabeza aquella batalla donde gastó chakra de más cuando podría haber ganado sin moverse, la ambición lo había guiado por un camino errático , un camino que no le agradaba, debía seguir mejorando a más no poder.
Corre por el puente, desesperado, nada a sus piernas detener podría. El incesante golpeteo de los errores sigue zumbando en su cabeza, lo aturde, caerá preso de la locura. Llueve, caen gotas del cielo cual si estuvieran las nubes enfurecidas, esta realmente de empapado de agua, siente la ropa húmeda, pero no se detiene. Y este diluvio parece querer cegarlo, tiemblan sus pies de frío, mas sigue corriendo utilizando chakra, sus ojos carmesí mirando hacia la nada misma, sólo puede correr, debe escapar de la bruma que lo persigue, huir de ella, ¡escapar! Cerca está el fin del puente, ya lo puede ver, palpita el corazón como si su pecho fuese a desprenderse, como si los hilos que lo componene quisieran expandirse, siente la sangre hirviendo, sube por el cuello, impetuosa, guiada por esos mismos hilos, siendo diferente al resto. A causa de la enorme fatiga, ha resbalado, vencido por la lluvia, tendido en el suelo mojado, el rugoso asfalto siente en su piel, cae el agua en su cuerpo, y mucha que cae, que parece que en el puente ahogado encontrará su muerte. Y a lo lejos la bruma que se acerca, está más cerca, niebla helada ¡Maldición! Grito Saga, se pierden sus chillidos en la noche, no dejó de vociferar clemencia, compasión, perdón pidió por sentir que ha fallado. Entonces sucede. Se levanta, titubeante, dispuesto a continuar su entrenamiento aunque su cuerpo se detenga, necesitaba una descarga, necesitaba sentirse bien consigo mismo.

El joven bajó la calle mayor del pueblo y escuchó el más grande de los silencios. Tuvo miedo. Que sabía bien él que nunca en esa calle silencio había, que tocando el campanario las doce debiera el pregonero estar gritando, los carros yendo y viniendo, jugando los niño en los portales al salir de la academia, riendo a carcajadas, comprando la gente el buen pan del panadero. Y ese día de otoño, sólo había en la gran calle el murmullo de la nada, un frío helado, nadie había en las ventanas. Las hojas del bosque que cerca crecía las agitaba el viento en danza caótica, se levantaba también el polvo de las aceras, los papeles de periódico que alguien había tirado, alguien que tampoco estaba en la calle mayor. Pues vio Saga al andar que estaba todo cerrado, que hoy la joven, por todos los niños amada, flores no vendía, tampoco el cartero carta alguna había dejado en los buzones, el Uchiha vio que ni el panadero hoy en la tienda estaba, tampoco el carnicero, no golpeaba el carpintero la madera. Ni un alma, ni suspiro, ni murmullo alguno, que en la calle sólo el, y un silencio sepulcral. Por no haber en la calle ni estaban las palomas en los tejados de madera, ni los gatos intentando darles caza, ni ladraba el perro del anciano que en su mecedora se balanceaba mirando pasar a las gentes. Seguía andando el pelinegro, más dudas tenía. Que llegó él a la casa donde vivía quien era su shinobi de confianza, que golpeó la puerta, nadie contestó. Y más veces que pidió que bajara, y no aparecía, hoy no estaba. El muchacho empezó a temer que algo grave hubiera pasado, que las gentes del pueblo habían huido por causa de algún mal, que de ello él no había sabido, y ahora el pánico era más grande. Saga, que solo en la calle mayor estás ¿de qué tienes miedo? El viento es cada vez más fuerte, tu cabello de tintes negros volando a lo lejos ya está, acompañando el viento, va por el suelo como hoja mustia del robledal. Quieres tu atarlo, que no quieres sino que tu pelo negro vuelva a estar en su lugar, y cuando vuelven tus pies al comienzo de la calle en su busca, la ves, se te hiela la sangre. Bruma espesa, nube de misterio se avecina por donde antes bajaste tu, y viene a prisa, muy a prisa, ya ha dejado en la tiniebla las casas más altas, la panadería, el lugar donde se venden el tabaco y los sellos.

Sigue creciendo esa tupida niebla, lo engulle todo cual bestia de la penumbra, ya sus ojos no alcanzan a ver qué detrás de ella hay, lo sabe tu memoria acaso, están tus ojos ciegos, impenetrable es la cortina de humo, sin su sharingan poco puede ver. Ya la niebla ha tragado tu querida aldea, y el sigue respirando profundo, detenido en medio de la calle está, que no le responden los pies helados, que le tiemblan las manos, empieza a sudar frías gotas. Es más blanca ahora su piel, le ha tintado el miedo las mejillas del tono más albo, y por querer el miedo ser buen pintor, blancos también los labios, que parece que la muerte ya lo haya llevado. En los ojos grisáceos no se ven los tomoes del sharingan, no resplandece, que al iris ,luz el pavor le ha robado. Ya está cerca, ya se siente, la bruma lo ha hecho preso sin que tuviera tiempo a huir. Mueve la cabeza a un lado y otro, busca un destino, destinos en la niebla no hay, haber no puede. Y grita otra vez el nombre de los que en la calle conoces, de los que no conoces también, desesperada es su voz, quien la oyera sabría bien que lo acecha el peligro. Pero siguen sin responderle, sus llamadas son todas en vano, los pensamientos dicen que deje de intentarlo, es la niebla su única compañera en esta mañana de otoño. Intenta dar los primeros pasos, se mueve trémulo, castañeando están sus dientes, no sabría si sólo de frío. Mas por mucho que ande, niebla sólo habrá, que no sabe donde está el norte, ni el sur, este y oeste te son también desconocidos. Y se le antoja que cada vez es más gruesa esta niebla, que parece ya nube de tormenta, que podría acariciarla con la mano cual cojín. Sudas, ahora se ven que caen las gotas, ya el miedo a no ser más fuerte lo ha derrotado, que no hace sino por los párpados agua verter, y cae al suelo, lo envuelve este velo que todo lo ha cubierto. No ve el cielo, ni el mismo asfalto de la calle puede ver, que la niebla se ha hecho reina de los rincones y los resquicios, se ha colado hasta en las grietas por donde no alcanzaba a colarse antes la luz. Saga, ahora tu mundo es bruma, pero ¿pudiera ser que hayas escuchado los aplausos?

El joven se ha levantado del suelo con los ojos abiertos como ventanas que dan al mar, sí, el Uchiha lo ha oído, desea que no sea su intuición ingrata, en la lejanía golpes de manos a podido percibir. Y ahora vuelven estos a sus orejas, son aplausos fervorosos, a veces fuertes, otras más débiles, hasta cree haber oído vítores. La gente del pueblo, ellos son quien aplauden, así lo cree, el muchacho corriendo está entre la espesa bruma buscando de donde vienen los aplausos, aparta la niebla con la manos como quien en el bosque se deshace del zarzal que de los árboles pende, sigue escuchando los aplausos, más corre, están más cerca, ya no hay duda. Sigue desgajando el velo brumoso, se quiebra la niebla para volver después a ser una, el muchacho cada vez está más cerca, ya se aventura a creer que la luz del Sol ve entre este tumulto gris.
Ha llegado al fin del camino siguiendo el rumor de las loas, sabe que es lo que entonces sus ojos ven: en el bosque de robles está, que sigue la niebla a los pies de los árboles, pero ya no es ama del todo, que puede contemplar bien que es lo que tiene delante. En medio del robledal hay ahora una gran construcción, que antes campo de batallas alguno allí había, lo cubre un manto rojo. Hay butacas frente al “santuario” que se formó, de rojo también es su tela, mas no hay nadie sentado, nadie aplaude. El Uchiha está sorprendido, no puede creer lo que está viendo, van sus pasos inconscientes hacia el campo, busca su mirada a alguien, las orejas quieren volver a oír los aplausos, no pueden. Y el aire está frío, ahora que se ve el cielo ve el muchacho nubes negras, parece que tormenta se avecina.

Da sus pasos adentrándose, quizás esos aplausos eran recuerdos de cuando se conoció como mizukage, de cuando la gente depositó su confianza en el, todo este camino parecía un terrorífico genjutsu, algo que no quería imaginarse, se sentía débil, alejado, sobre todo se sentía poca cosa para la eminencia que era, sabía que era un Uchiha, que su poder era enorme, pero también se sentía poco ahora que no le habían salido las cosas como quería, deseaba ahora concentrarse más, tenía tiempo. Él era prácticamente inmortal, su cuerpo no poseía órganos como tales, sólo uno el cual era su corazón, la única forma de matarlo era deteniendo este, algo para nada fácil, puesto que tenía hasta la capacidad de moverlo de un lado a otro de su cuerpo, para si sabía que iba a sufrir algún daño importante , cambiarlo a un sitio donde este no fuese perjudicado en lo más mínimo.

Saga siguió caminando, hasta hallar, lentamente y observando todo a su alrededor se dispuso a entrar, de todas maneras podía verse el tormentoso cielo, debido a que le faltaban partes a dicho tejado, por causas normales de un maltrarto, ya sea en combates o demás, la tela roja que cubría gran parte, el Uchiha logró notar que en realidad se trataba de una tela que en origen fue blanca y la sangre de miles de personas la tornaron de ese color carmesí.
Ese tono singular que posee de igual forma en sus ojos, los cuales estaban atentos a cada detalle. Mientras caminaba, veía lo que era un campo antiguo de entrenamientos, las cosas eran raras y parecían ser demasiado excesivas para lo que era entrenar, había unas especies de bolsas, las cuales tenían clavos, por lo que había que golpearlas precisamente en lados opuestos, si no poseías control, te lastimarías horriblemente los nudillos e inclusive los dedos, dependiendo el lado que sea que golpees.
Pero eso no era lo más curioso, si no, que lo eran unas especies de muñecos, con altura promedio de un metro setenta, hechos de una madera extraña de color morado, o quizás era sangre, tenían una especie de sello detrás de su cabeza, con el kanji “Activación” y mostraba una serie de sellos; Saga había oído hablar de estos, eran unos muñecos especiales de entrenamiento los cuales copiaban tu nivel, y la única forma de vencerlos era superarlos, fueron creados a base a un sello antiguo creado por un shinobi enormemente poderoso llamado Nagato.
Fueron erradicados de su uso, puesto que llegaban a matar a sus rivales, y esto era algo mal visto por las entidades “éticas” de cada aldea, puesto que para ser un entrenamiento era demasiado abusivo y un porcentaje menor llegaba a superarlo, como así, terminaban con daños terribles. Los miles que no podían superarlo, terminaban básicamente por morir.

Sumado a esto, no se cansaban y tenían otros cinco sellos repartidos en su cuerpo, capaces de contrarrestar cualquier ninjutsu, ya que podían crear uno, con el mismo nivel exacto del que se debían de defender, de más está decir que no caían en genjutsus, a menos claro, que sean efectuados de forma maestra y con una innovación sorprendente, en si, eran maquinas perfectas y los shinobis que entrenaron con estos y lograron superarlos, se transformaron en leyendas, eso al menos, se decía popularmente.
El Uchiha dudaba más y más sobre si hacerlo o no, sobre si tomar valor y realizar ese enfrentamiento, el cual lo llevaría a luchar consigo mismo y sería la única forma de hacerlo hasta superarse o morir,debía tener en cuenta que su antítesis tendría sus mismas capacidades, su fuerza exacta, su misma inteligencia, era un reto enorme, si dudas el reto más complicado, ya que el conocía sus debilidades, pero su contra parte también las conocería.
Tras unos minutos pensando, comenzó a realizar de a uno en uno, los sellos necesarios, mientras los hacia pensaba que era un error, pero la inercia lo llevó al último, tras eso, una nube de humo blanco cubrió el lugar, Saga observaba fijamente con sus ojos y mientras el humo se disipaba, veía una sombra, un hombre esbelto de cabello negro… Era su copia exacta, pero no era un kage bunshin ni nada por el estilo, era él. Mirándose a sí mismo, la sensación era extraña, era algo escatológico… Tantas batallas libradas consigo mismo dentro de su mente, para pasar ahora a poder enfrentarse en persona.

Una mueca se mostró en el Saga real, la réplica en cambio, estaba inmutada, no mostraba expresión alguna, solo esperaba quizás a que el real atacara, así funcionaba, no daban el primer paso, por lo que el Uchiha realizó una serie de sellos veloz moviéndose hacia uno de los lados, su velocidad se sabía que era inmensa, lanzó de su boca unas cuantas bolas de fuego, las cuales fueron devueltas por una ráfaga de viento de su contra parte, la cual se movía igual de veloz, Saga había hecho esto solo para comprobar de que estaba hecho, puesto que ni bien lanzado el jutsu de fuego, una réplica había aparecido, la cual pasó a atacar a su “clon maligno” directamente y este no obtuvo respuesta, Saga estaba algo sorprendido, había sido muy fácil, pero luego de eso, se veía que era un clon.. Y el Uchiha real sintió como algo de calor se avecinaba, al girar su visión completa estaba cubierta por una columna de fuego, la cual tuvo que repeler con el mismo jutsu, haciendo que el fuego desapareciera, cuando esto pasó se veía la figura de la copia frente a Saga, al parecer esto le llevaría tiempo y le haría gastar chakra, sería un entrenamiento límite en verdad, en su mente pasaban mil cosas, observaba su alrededor, miraba espacios que podía usar, movimientos de distracción, pero al pasar esto, vió como se venía a atacarlo a gran velocidad, a lo que solo respondió esquivando moviéndose a gran velocidad, tal era esta que debió frenarse con su mano apoyándola en el suelo, mientras con su mirada seguía el embate de su réplica.

Horas y horas de un intenso combate se sucedían, Saga buscaba todas las alternativas pero era inútil, así también para su réplica, no lograban dañarse, pero el tiempo pasaba diferente para ambos, puesto que Saga se iba cansando como así, perdiendo poco a poco su chakra, su rival era un espejo en si, pero a su vez, no sufría los gajes de un cuerpo humano.
 Así que Saga, sabiendo ya como debía defenderse de este, se empleó al máximo, cambió sus tácticas y sus formas de lanzarlas, combinaba sus dos naturalezas para proyectar más rango de ataque, trataba de no dar opción a réplica, era algo fugaz, ataque tras ataque, poco a poco su clon comenzaba a desquebrajarse, a perder potencia de respuesta, Saga lo estaba logrando, se comenzaba a sentir seguro para luego dar una serie de sellos final y lanzar una enorme llamarada de fuego, haciendo explotar totalmente la zona, acabando con esa réplica.

Una sonrisa salió de su rostro, la bruma comenzaba a cubrir todo, esa niebla espesa
la oscuridad lo abrazaba y lo cubría como una manta acolchada y densa. Estaba sin utilizar su sharingan ya, mirando hacia arriba sin poder ver nada, tenia la boca terriblemente seca y la cabeza le daba vueltas. La ausencia de luz era total. Se incorporó y empezó a caminar. Las manos del joven escudriñaban cada centímetro de superficie que tocaban como si quisieran ver a través de la oscuridad, palpó todo lo que tenia a su alrededor. Un suelo de piedra fría y afilada bajo él. Y nada más, ni paredes ni techo. El joven se paró a escuchar. El latido de su corazón y su respiración entrecortada fueron lo único que alcanzó a oír. No sentía miedo, sentía satisfacción. Su respiración y sus latidos se hicieron mucho más rápidos, como si quisiera inspirar todo el aire de aquella oscuridad infinita de una bocanada. La sonrisa no tardó en llegar. Sus sollozos hicieron eco y se extendieron en todas direcciones a través de aquella nada. Hasta que la oyó. Una voz que lo llamaba por su nombre y que parecía venir de todas partes y ninguna.

El repiqueteo de las gotas de lluvia contra su cara sacó a Saga de su inconsciencia. Sus piernas lo llevaban de regreso abrigado, envuelto en una gruesa manta de lana cruda y caminaba monte abajo por caminos que a él le resultaban familiares. Le pareció que bajaban del monte familiar de kirigakure, pero eso estaba muy lejos de casa, no se podía haber alejado tanto en tan poco tiempo. La cabeza le ardía. Un martillazo de dolor se extendía desde la frente por todo su cráneo. Poco a poco cerró los ojos y se volvió a sumir en el mundo de los pensamientos. El recuerdo de aquella voz tan dulce le hizo sonreír.
Quizás sea la voz de su madre, quizás la de su pequeña hermana… o quizás la de alguna fémina que desconocemos hasta el momento, lo que importaba era ver al uchiha cada vez más cerca de sus objetivos, más cerca de ser un shinobi completo y a su vez poderoso, necesitaba un poco más, buscaba más… Quizás en su propio clan encontraría la respuesta, quizás en la oscuridad de los Uchiha hallaría lo que necesitaba, quizás la respuesta no estaba a la vista, si no que esta misma lo era.

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