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El pacto....

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El pacto....

Mensaje por Orochi el Dom Mayo 01, 2016 2:29 am

El ruido incesante de la música acompañaba los cantos perennes de los grillos. El humo danzaba en aquel oscurecido lugar, bailando cual fantasma en el espacio que me rodeaba, despacio, lento como la neblina sobre los húmedos senderos de los altos picos montañosos. Mi compañía era la verde botella que resguarda el picante sake, una copa medio vacía y unas sillas provista de invisibles muertos que allí rondan. Mi memoria yace sellada en el ahora mientras veo llegar, con pasos desequilibrados una pequeña orda de hombres azarosos que conviven con la noche. La diestra rosó a penas el manto gris de la mesa, mientras se adelantaba en tomar y llevar hasta mis labios el borde de la copa. Un sorbo de aquel elixir para los amantes del licor resbaló por mi garganta, quemando mi oscura alma por el odio que en mi corazón yace encerrado. Baje la copa, de nuevo al mismo punto exacto en el que se encontraba: al lado de su esposa la botella. Aquellos hombres tomaron asiento en una de las mesas que se encontraban a mi espalda. Pese a la música de fondo en el lugar, podía escuchar casi con claridad todas las palabrerías que salían de sus lenguas. Y contaban, ellos en su ego nocturno y los efectos del alcohol, sobre las mujeres que habían abandonado y aquellas que habían pillado. Y yo escuchaba, como si estuviese presenciando algún espectáculo para no sumergirme de nuevo en mi inercia mental. Sonreía de vez en cuando cada vez que escuchaba una palabra descompuesta, como si recordase al instante el rostro pintado de la loca que rige el viento. Ellos hacían cuentos, y yo me reía cual diablo alegre, hasta el punto de golpear la mesa. La botella rodó sobre la mesa y luego cayo al suelo. La pude detener, mas no lo hice. La copa igual callo, rompiéndose sobre la mesa y desparramando el sake sobre el mantel. Aquellos hombres se habían hartado de mis risas; y yo no lo sabia. El silencio enmudeció mis labios, el dinero de aquella botella había sido un total desperdicio. -Eeeeh EEHH!! ¿Tete... Te estabas burlando de nosotros... o que?- diría uno de aquella pandilla, un sujeto que no sobrepasaba los treinta y cinco años de edad. Ya se había puesto de pie, se había atrevido a tocar con su hedionda diestra mi hombro. Mis ojos tan solo miraban la copa, el liquido expandiéndose por la tela; iluminada por los colores de aquel bar nocturno, los cuales se reflejaban en distintos tonos sobre la parte mojada de la mesa. -¿Que no tete... te hice una pregunta, mierda?- agregó, apretando con su puño mi vestimenta. Entonces levante la cabeza y miré su rostro desde abajo. La baba le resbalaba por la comisura de los labios y sus ojos parecían estar tan rojos como el de las luces decorativas del lugar. Entonces le sostuve el brazo con mi diestra, mientras unas cadenas se soltaban para enredarse en su cuerpo y su cuello, apretándolo para impedir que respirara. Tiré de su brazo para hacerlo caer al suelo mientras intentaba en vano quitarse las molestos cadenas. Me puse de pie al tiempo que observaba a sus compañeros, los cuales permanecían atónitos ante lo que veían. Mas sin embargo, uno de ellos hablo con cierto temor. -Oye, eres un nini...ninja. ¿Por qué no te vas a pelear al bobo, bosque con hip, con el monstruo ese. AAHH??!- le observe con seriedad, si algo se sabe de los borrachos es que suelen decir la verdad en la mayoría de los casos. Los demás se llenaron de valentía mientras su compañero quedaba sin aire en los pulmones. -Un monstruo dices? Llévame hasta el y... -entonces, cuando me proponía a continuar con las palabras, sentí cómo una mano volvía a posarse sobre mi hombro desde mi espalda. -Eeh eeh calma Akabane, seguramente se refiere a la extraña criatura que aparece cada cierto tiempo en el desierto. Si quieres puedo llevarte al lugar donde siempre se le ha visto devorar a los humanos que pasan por allí, quizás tu puedas controlarle y de paso pactar con el. Estoy seguro de que se trata de una invocación superior a muchas existentes.- diría aquel anciano de mis entrenamientos a mi espalda. No dije nada sobre su extraña aparición, pues ya sabia que siempre seguía mis pasos, y eso no me gustaba del todo. Apreté por ultima vez el cuello del sujeto, y observe como se escapaba de su boca el ultimo respiro. -Entonces llévame de inmediato, me gustaría tener un aliado como ese.- diría soltando el cuello del ahora cadáver en el suelo. El anciano retiro su mano de mi hombro para comenzar a salir del lugar. Una vez fuera de aquel bar alejado de la ciudad, avanzamos por los caminos de kumogakure hacia el gran bosque, donde según el anciano, se encontraba aquel monstruo al que temían los pandilleros de quinta. -¿Y tu qué sabes sobre esta bestia?- diría a medida que avanzábamos a toda prisa sobre aquellos suelos azarosos, pues ya estábamos en el bosque.-Se sabe muy poco. Lo que sí se, es que se han hecho comentarios en los cuerpos científicos de sunagakure sobre dicha criatura. Han intentado capturarle para estudiarle, pero nadie ha podido...- respondió para luego guardar un silencio mortal, como si escondiese algo en su memoria. -Ese es el lugar.- señalo una parte del inmenso mar de árboles en el suelo, provisto de enormes columnas de rocas que sobresalían de una extraña forma desde el suelo. Estudie el lugar desde la distancia y, pude observar con rápidos vistazos que el lugar estaba mas que irregular. Evidentemente, algo se había movido sobre la tierra, algo enorme. Avance con rápidos apresurados sobre el lugar mientras realizaba sellos de manos y creaba dos clones, los cuales se separaron a la izquierda y derecha de mi posición, alejándose a gran velocidad sobre aquel terreno irregular. De pronto, bajo mis pies empece a sentir un gran temblor, como si algo estuviese a punto de salir desde las mismas profundidades de la madre tierra. Retrocedí todo lo que pude, pero me vi alcanzado por el enorme cuerpo de la criatura cuando había salido de la arena. Mis ojos se llenaron de alegría al ver a tan exagerada criatura, una gigantesca serpiente de relucientes escamas color púrpura-Quien se atreve a despertar mi sueño!!- diría con voz estruendosa aquella bestia mientras hacia surgir por completo desde la tierra su ingente cuerpo. Me lance en picada para recorrer su cuerpo y bajar al suelo. Era mejor conversar primero antes de entrar en combate con una criatura gigantesca. -He sido yo, gran serpiente. He venido para pactar contigo si me lo permites.- diría en voz alta para que me escuchase. La criatura movió su cuerpo sobre la tierra y guardo silencio por unos segundos. -Eres el primero que me habla con respeto -Eres el primero que me habla con respeto muchachoSin embargo, ¿Por qué debería hacer yo caso a tus palabras?.- diría, con una voz potente, siseando una vez guardó silencio. Yo sellé mis labios para no decir alguna palabra  que enojara a la colosal criatura; y luego de unos largos segundos, hable de nuevo. No hay razón alguna mas que mi petición. Soy el Raikage y creo que será beneficioso para ti el pactar conmigo. Piensa en lo bien que te iría cuando invadamos algunas aldeas.- guarde silencio mientras me mantenía alerta a cualquier movimiento que pudiese hacer aquella criatura. -Conque el Raikage eh. ¿Piensas que no puedo conseguir alimento por mis propios medios? ¡Soy el gran Manda!- diría un tanto enfurecido, levantando la cola y golpeando el suelo, quebrándolo y levantando escombros con el acto. Sonreí con malicia a la espera de su movimiento, colocando las manos al aire, listo para realizar un jutsu elemental; pero Manda no ataco y, levantando la cabeza sacó un enorme pergamino, el cual dejo caer al suelo. -Pareces alguien seguro de tu poder, ni siquiera te has movido de tu lugar. firma con sangre el pergamino y te concederé el poder de mi reino, pero no me llames si no hay algún aperitivo para mi.- diría, abriendo aquel enorme pergamino, sobre el cual escribí con sangre mi nombre para luego colocar mis huellas. Unas marcas semejantes a la forma de aquella criatura aparecieron en mis manos, todo estaba listo, el destino volvía a sonreírme nuevamente.

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