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Lo que se oculta tras las montañas ~ (Entrenamiento pasado)

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Lo que se oculta tras las montañas ~ (Entrenamiento pasado)

Mensaje por Miu el Sáb Mayo 07, 2016 8:57 am

Aquella mañana parecía como cualquier otra. Los escasos finos rayos de sol que se lograban colar por el cielo nebuloso, filtrados entre los recovecos de las cortinas llegaron hasta su destino, rozándole las mejillas suavemente. Se removió entre las frazadas y pocos fueron los segundos que transcurrieron para resignarse a iniciar el día. Esa mañana en específico la mansión Yuki se encontraba inesperadamente vacía, pues el líder del clan y su esposa habían viajado a otro país, mientras que la heredera se hallaba de misión con su equipo; dejando a la joven Nae al cuidado de la servidumbre y de su fiel guardaespaldas. A pesar de que ya contaba con 14 años de edad su padre seguía insistiendo en tratarla como una niña, cuidando que ella no se acercara por ningún motivo a cualquier cosa que le pudiese causar interés en la vida shinobi. Claro que el pobre hombre ni se imaginaba que su pequeña hija entrenaba a escondidas y que sus habilidades eran bastante admirables, y aunque quizá no se comparaban a las de su primogénita, podían considerarse especiales.

Por ese motivo le alegró tener la oportunidad de seguir con sus entrenamientos sin el peligro de que su padre o alguno de los sirvientes la descubrieran. Se las ingenió para deshacerse de su guarura y salir de su casa, dirigiéndose a un lugar donde podría concentrarse y entrenar con total libertad. ¿Qué es lo que entrenaría esta vez? En realidad no estaba segura; cada que podía se enfocaba en algo diferente y debía admitir que le costaba trabajo no tener a alguien que la guiara en el proceso, o que simplemente le hiciera notar sus fallos. De pronto una idea atravesó su mente y comenzó a rondarle incesantemente. Tal vez no sería tan mala idea buscar a alguien que le ayudase y aunque en un inicio sus posibilidades fueron variadas, al final solo un nombre fue el vencedor. Había escuchado de él en innumerables ocasiones, conocía sus habilidades y sus proezas eran elogiadas constantemente en toda la aldea; además de que era el único que seguramente podría guardarle su pequeño secreto, pues su personalidad reservada no le permitiría divulgar que la pequeña Nae Yuki llevaba años desarrollando sus dotes shinobis pese a la prohibición que se le había estipulado…o eso creía.

Con todos esos puntos a favor Nae giró en dirección a la casa de aquel joven prodigio. Solo había visitado aquella residencia una vez cuando era pequeña, pero recordaba lo suficiente como para dar con el lugar sin perderse más de un vez. Arregló su ropa lo mejor que pudo y ajusto la liga que sostenía su largo cabello rubio, dignándose a llamar a la puerta. No sabía si el joven podría reconocerla; quizá la recordaría como la hermana menor de la prodigiosa Nao Yuki, o tal vez como la pequeña belleza que solo destacaba en la música y las artes, y que en numerosas ocasiones había amenizado distintos eventos en la aldea; aunque era muy probable que ni siquiera supiera quién demonios era la niña que osaba molestarlo y eso sí que sería bastante deplorable. Nae tomó una bocanada de aire y aguardó a que alguien la recibiera. El nerviosismo comenzó a hacerse presente y sopesó la posibilidad de salir corriendo y seguir entrenando por su cuenta; después de todo aquel genio podría no tener intenciones ni si quiera de dirigirle la palabra. Aun así no pudo evitar permanecer quieta en su lugar hasta el momento en que la puerta comenzó a abrirse. Se aclaró la garganta e hizo una pequeña reverencia a la persona que aparecía detrás del umbral.

—M-mi nombre es Nae Yuki —hizo una pequeña pausa—. He venido a solicitarle un favor al joven Saga Uchiha, espero no ser inoportuna.

Había muchas cosas que atravesaban la mente de Nae en esos momentos, pero en ningún instante se le ocurrió la brillante idea de ver quién era el ser que le había abierto la puerta, tal vez de esa manera habría elegido palabras más sabias y coherentes, que solo limitarse a hablar imprudentemente.



Narro ~ Hablo ~ Pienso

●•۰• 연예인보다 멋진걸
       내방 침대보다 편한걸
             너와 단둘이 Lovely day
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Re: Lo que se oculta tras las montañas ~ (Entrenamiento pasado)

Mensaje por Saga el Sáb Mayo 07, 2016 10:50 am

La noche se filtraba sobre la nebulosa Kirigakure mientras la gente regresaba a sus hogares de sus respectivas labores en la aldea como autómatas sin conciencia, los comercios renqueantes echaban el cierre, y el brillo anaranjado de las farolas iba abrazando las calles conforme estas se iban encendiendo. En esa época del año los niños ya habían dejado de jugar en los parques por las tardes al salir de la academia, y era raro ver gente en las terrazas, en los puestos de rámen o en los bares.

El mizukage cruzó el paso de peatones con lentitud desde la entrada del almacen del pueblo. Observaba a una anciana que andaba siempre por estos lares, arrastraba un viejo carro con ruedas que hacía de cama y medio de trabajo a la vez. Por la noche lo acondicionaba con mantas sucias y sábanas acribilladas de agujeros para servirle de lecho improvisado. De día acumulaba en él cartones que recogía del suelo y de los contenedores en los que rebuscaba con tenacidad como un perro escarba con fruición en pos de su hueso enterrado. Con el escaso dinero que ganaba malvendiendo los cartones iba soportando como podía. A lo más que llegaban sus ganancias era para un bocata de rámen o queso y una lata de cerveza caliente que constituían su única comida al día. Los otros mendigos de la zona la apodaban “La madre”, por ser natural y protectora, preocupada por los demás, tras haber abandonado el pueblo del arroz. Pueblo que abandonó hacía más de treinta años para instalarse en la aldea de la niebla, creyendo que allí encontraría más oportunidades para prosperar.

Saga no imaginaba cuán lejos estaba de lograrlo cuando se marchó, siguió caminando la aldea de regreso a su hogar.
Su semblante duro y las ojeras que surcaban sus ojos delataban la dura vida que actualmente llevaba. Vestía una larga túnica negra la que cubría casi todo su cuerpo. El oscuro y lacio cabello negro, que solía llevar recogido con una atadura roja, lo hacía parecer mucho más mayor de lo que era en realidad. Su aspecto general no difería demasiado del de los muchos otros shinobis, aun siendo un Uchiha, que sobrevivía como podía en esa despiadada jungla que es el mundo ninja, lleno de conflictos, los cuales se habían multiplicado exponencialmente desde el estallido de la última contienda que los lanzó a la pelea, tiempo atrás. El trataba con frecuencia con algunos de los responsables, mas no pertenecía a esa tribu de ninjas que buscaban hacer de todo una guerra. No, Saga conocía la amarga e indigna existencia de estos desde hacía tanto que lo había olvidado. Por el contrario, sí que recordaba con claridad lo que lo llevó a esa vida de miseria, frío y soledad previo a ser Mizukage. La frialdad, que durante años fue su única y fiel amiga en ese infierno de vida, era la culpable de su actual estado. Las habituales palizas de su día a día lo hicieron refugiarse en el cálido amor de la soledad y la indiferencia. El rencor le ofrecía que el consuelo que el le negaba a su pasado, el adorable niñito de cabello oscuro que una vez fue un preciado tesoro. El tesoro que perdió para siempre ese triste día, cuando esos sentimientos oscuros se hicieron cargo de su padre, de su corazón, apagando su vida. No había vuelto a verse sonreír desde aquel aciago día, y no había noche que lamentara no haber ayudado a tiempo a su padre, para poder abandonar ese lugar y escapar los dos juntos en busca de un futuro mejor que se les había negado hasta entonces. «Maldita sea mi suerte, maldita esta historia sin fin» se repetía constantemente para después imaginarse que habría sido de su padre fallecido. En sus etílicas fantasías nocturnas, veía a su padre orgulloso de lo que su hijo había logrado.

Dio unos cuantos pasos más, observaba como las personas lo observaban, como en un “flashback” de años atrás, se recordaba mirándose a sí mismo cuando en ese entonces se detuvo un momento pensando en qué lugares le ofrecerían las mejores oportunidades. Consideraba que se merecía el pequeño homenaje que pensaba en darse a sí mismo esa noche después de lo que había sido una agotadora vida buscando sueños de su padre. Quería festejar sus dieciséis años recién cumplidos de la mejor forma posible y se le ocurrió que ir a cenar fuera sería una buena idea. Buena comida que saciase su apetito. Y qué mejor que hacerlo tras haber obtenido algo de mérito por salvar a uno de sus compañeros de equipo chunnin.

Permaneció sentado en un rígido banco de mármol manchado de pintura, frente a una bulliciosa peatonal de la aldea. Los niños y jóvenes iban y venían a toda velocidad como peces nadando en el océano, deteniéndose brevemente durante menos de un minuto cuando el rojo de los ojos del Uchiha brillando en una tenue mesa les obligaba a pararse. La temperatura bajaba con rapidez ahora que ya era noche cerrada. Al cabo de unos minutos se decidió por el lugar en el que cenaría, un sitio sencillo en el que ya había estado otras veces y del que guardaba un cálido recuerdo. Cierto era que el trato del personal fue exquisito, y la comida, abundante. Si tenía suerte y todavía había plazas libres, cenaría allí. La ocasión lo merecía.

El mercurio siguió cayendo en picado como un halcón tras su presa. Saga prosiguió a caminar llevando a un costado su bolso ninja, pasó a acomodarse y frotarse las manos con vehemencia para darse un poco de calor. Deseaba llegar cuanto antes para deshacerse del frío espantoso que le entumecía los huesos. A paso ligero esta vez, evitó cruzarse con un grupo de jóvenes con los cuales había compartido misiones.
Tras media hora de caminata recorriendo varias plazas y calles peatonales del casco histórico de la aldea de la niebla, llegó al lugar. En la puerta de la entrada ya se había formado una fila de gente esperando, aunque por suerte para el no era muy larga. Aún así tendría que hacer cola a la intemperie. La puerta del local se iba agrandando a medida que los que la precedían iban entrando. El olor a comida caliente inundó sus fosas nasales en cuanto la traspasó, haciendo que se olvidara por completo de la cuestión de haber esperado, hasta el mismo frío.

Con regocijo, el entonces, joven Saga se felicitó a sí mismo por llegar por fin a su destino. Se dirigió hacia el fondo, donde en otra fila gestionada por un anciano encorvado le dieron una bandeja, y dos platos y un vaso de plástico. En el extremo derecho, una chica joven de veintitantos se encargaba de rellenar ambos con sus ágiles manos. Conforme se acercaba a ella la pudo ir distinguiendo mejor: tenía una cuidada y sedosa melena rubia corta, con una cara dulce y confiada que transmitía bondad por todos los poros de su rostro. Llevaba puesto un cómodo chándal gris sobre el que lucía el peto rojo de la cadena de chef´s a la que pertenecía. Saga se plantó delante de ella para recibir su ración. Hoy el menú consistía en cerdo de primera y merluza en salsa de segundo, y agua para beber.

Al alejarse a su mesa, una joven se le acercó y se sentó justo delante de él en esa mesa de dos, de cabellera rubia, test blanca, unos ojos amigables y confiados, vestida completamente de blanco.
Saga quedó pasmado. Atónito, no podía creer que alguien tuviese tal acto de descaro.
-Dicen que la comida no es tan mala, siendo así no hay razón para degustarla en completa soledad. – Apoyó el rostro sobre sus manos.-Supongo que sería un crimen no acompañarte.- Esbozó una sonrisa traviesa.- Mi nombre es Nao Yuki.-
-¿Quién..? –acertó a balbucear Saga -. Soy… soy Saga… …Uchiha Saga.- Musitó con algo de sorpresa, en ese entonces, el joven no era tan frío como lo es hoy, dado los golpes de su vida. Ese día, giró su cabeza y vió que todos los lugares estaban ocupados.
-Al no haber otro lugar, sería descortés de mi parte.. Así que, puedes utilizar ese lugar si deseas – Saga tras esto bajó la mirada y guardó silencio, no era alguien de muchas palabras realmente, además de que la situación era un tanto extraña, pero más no para desconfiar.
Ambos estaban a la derecha del restaurant en una mesa apartada del comedor social. No sabían que decirse, ante ellos se erguía un enorme muro de incredulidad levantado por la personalidad del Uchiha. Un muro que a la joven le costaría gran esfuerzo derribar. Tanteando el terreno con tímidas preguntas, fue desvelándose el uno al otro su respectivo paradero, retomando con cautela una frágil pero incipiente relación. Al cabo de horas de charla y tras unos cuantos cafés, mientras el resto de aldeanos hablaban sin parar, Saga y Nao entablaron una relación y a la vez un vínculo de posible amistad. Uno había recuperado a su personalidad amigable, la otra había conocido a un shinobi de ideales como de los que no hay hacía mucho. Entre sonrisas, la joven sacaba algo de oro en cuanto a buenos tratos de Saga, este fue siempre demasiado correcto y quizás la muchacha trataba de hacerlo romper un poco esa estructura.
La noche pasó y ambos tomaron caminos diferentes, pero su relación siguió avanzando ,poco a poco y cada vez que se encontraban entablaban una fluída conversación, casi siempre impulsaba por la joven de cabellos claros, pero Saga le había tomado respeto y encontraba algo de refugio en su personalidad alocada para salir de los pesares en los que vivía, casi sin quererlo, el Uchiha había formado un vínculo de amistad, tanto así que llegó a conocer a su pequeña hermana Miu, la cual era una kunoichi en potencia, quizás logrando superar a su hermana mayor, la cual era realmente una genio.

Los años pasaron y la relación entre Saga y Nao se había hecho más distante, la vida llevó a que el Uchiha cada vez se vuelva más frío, además las veces que se veían eran cada vez más escasas, el pelinegro estaba en misiones que le llevaban meses y luego, debido a muchos sucesos, se lo llamó a ser el Mizukage. Todo esto llevó a que no sigan viéndose como hasta hace unos años, Saga hoy por hoy tenía una imagen diferente a lo que era, hoy su frialdad podía sentirse y más aún verse en su mirada, no es que fuese malo, si no que ya no tenía la capacidad de expresarse alegremente como lo supo hacer.

Era un día normal en la aldea, el pelinegro se encontraba en su hogar como era de costumbre cuando no debía entrenar o realizar sus labores normales, se encontraba leyendo un libro, sentado en una sillón que poseía el cual era lo bastante cómodo, llevaba puesta una túnica que le habían obsequiado, la cual en su pedho del lado derecho tenía el símbolo Uchiha y del lado izquierdo la inscripción “Mizukage”, de un momento a otro sintió que golpeaban su puerta, se levantó y dio unos cortos pasos los cuales lo separaban de la entrada de su casa, abrió lentamente la puerta y comenzó a salir.
Antes de que su figura se mostrase por completo, oyó la voz de una joven, al observarla su aspecto se le hacía familiar, ese cabello rubio era algo que había visto, tras escuchar su nombre, recordó con claridad.
Se trataba de Miu Yuki, aquella pequeña niña al parecer había crecido y se había tomado el trabajo de ir donde Saga ¿Qué favor necesitaría? El Uchiha merodeaba en su mete tratando de adivinar, quizás Nao la envió, o quizás algo le había sucedido.. En fin, el rostro inmutable del joven no daba espacio a la especulación.
-Miu, te recuerdo… ¿En que puedo ayudarte?- Respondió Saga en un tono amable pero frío a la vez, luego de decir esto, se quedó en silencio unos segundos esperando la respuesta de la susodicha.



Off:
Perdón por lo largo Miu, quería darle una historia a todo, lo demás será más fluído! lo prometo.

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Re: Lo que se oculta tras las montañas ~ (Entrenamiento pasado)

Mensaje por Miu el Dom Mayo 08, 2016 9:43 am

Nae podía recordar con exactitud cada circunstancia que la había llevado hasta Kumogakure; cada decisión que había guiado sus pasos hacia el camino que ella consideraba correcto y cada preciada memoria que tenía de su vida en Kiragakure. Uno de esos recuerdos era precisamente el día en que le pidió ayuda al joven que tiempo después se convertiría en Mizukage. En ese entonces ella era Nae y no Miu, no había tenido que cambiarse el nombre para no ser descubierta; en ese entonces solo era una chiquilla buscando convertirse en kunoichi y en ese entonces ella jamás pensó que en algún momento tendría que abandonar su hogar para cumplir su sueño. Lo único que atravesaba por su mente era saciar la sed de aventuras que corría por sus venas y hacer frente al legado shinobi de su familia, el cual le era negado constantemente. Nae no comprendía porque su padre se negaba a que ella eligiera la vida que más le atraía y simplemente la confinaba a destacar en las artes y la música; tratándola como su fuese una frágil muñeca de porcelana, que se rompería con tan solo tocarla.

Desde que tenía uso de razón Nao siempre fue la admiración del clan Yuki. Sus habilidades, su conocimiento, su invaluable forma de sobresalir de entre los demás la colocaron en un pedestal difícil de superar. Nao no solo era una excelente ninja, también era una joven con una belleza excepcional e inclusive Nae llegó a pensar que no existía hombre sobre la faz de la tierra que se resistiera a los encantos de su hermana, hasta que escuchó hablar sobre Saga Uchiha. Tenía 11 años y el frío de enero la había despertado de madrugada. Bajó a la cocina a prepararse un poco de té que la hiciera entrar en calor, cuando una extraña silueta entrando a hurtadillas la sobresaltó. Nao tenía el cabello revuelto, la ropa desarreglada e incluso un tanto gastada, tal y como era siempre que estaba con un muchacho. ¿Qué hombre habría sido esa vez? Nae no sabría decirlo, pues jamás había visto a su hermana con un chico en más de una ocasión.

Las mejillas de la joven se tiñeron de rojo al verse descubierta por su hermana menor y una risa nerviosa escapó de sus labios. Nae parpadeó confundida ante la timidez inusual que expresaba la mayor de las Yuki y se limitó a preguntar si las cosas le habían resultado bien. Nao estaba consciente de que su hermanita estaba al tanto de su aventurera vida íntima, pues la pobre niña había despedido a sus citas en innumerable ocasiones y después de varios encuentros no le quedó más remedio que tener ‘‘esa’’ pequeña charla acerca de lo que realmente ocurría en su habitación cada noche. Nao tomó asiento en la barra de la cocina y comenzó a relatarle los sucesos que la habían llevado a los brazos de su último encuentro, intentando no entrar en detalles que dejaran a su hermana menor con un trauma de por vida, aunque bien sabía dios que luego de conocer a aquel joven y ver que su relación no progresaría más allá de una tenue amistad, ella debía desahogarse por el primer hombre que la rechazaba.

— ¿Huh? ¿Uchiha Saga? —Preguntó Nae con un gestó desconcertado—. ¿No es aquel shinobi prodigio al igual que tú? ¿Del que papá tanto habla?

—Exactamente —La joven apoyó la mejilla en su mano derecha, suspirando con cierta ensoñación—. Es realmente un sueño, todo lo que un hombre debe ser —hizo un leve puchero—y pensar que es el único con quien mi magia no ha funcionado.

—No creí que existiera alguien que pudiese rechazarte, Onee-sama —Nae no se esforzó en disimular su sorpresa. Era la primera vez que escuchaba a su hermana expresarse así de un joven y casualmente ese joven era el primero en resistirse a los encantos de Nao Yuki.

—Yo tampoco lo creía y realmente me sentí muy molesta al darme cuenta que ninguno de mis encantos funcionaba —hizo una pequeña pausa—. Tengo que resignarme a que no avanzaré más allá con ese exquisito manjar —llevó una mano a su frente de forma dramática—, aunque comprenderás que no podía quedarme con las ganas, así que fui a buscar a uno de mis compañeros y...

—Entendí —Se apresuró a decir—. No necesitas explicarme lo que sucedió después de eso.

Esa fue la primera descripción que Nae escuchó del Uchiha y aunque no lo admitía abiertamente, le alegraba saber que efectivamente existía alguien inmune a su famosa hermana mayor. Después de eso las hazañas de Saga fueron un tema de conversación constante en su familia y en los círculos que frecuentaba. Era tan alabado como Nao y parecía imposible que hubiese alguien que no le admirara, incluyendo a su propia familia. Nae por su parte se limitó a seguir entrenando en secreto; cada que podía se escapaba de Takuya y corría a cualquier lugar donde pudiese pulir sus habilidades sin que su guardaespaldas se lo impidiera. Constantemente se repetía de dónde provenía, la sangre que corría por sus venas y el valeroso legado ancestral del que era heredera. Quizá Nao hubiese nacido como una genio y por ese motivo se le permitía vivir la vida shinobi, pero ella también era una Yuki y aunque se le tuviese prohibido ese camino e inclusive sin habérsele dejado entrar en la academia se esforzaría para demostrar que no había nacido para entretener a las personas con sus dones artísticos, sino para defender a su familia y a su aldea en el campo de batalla.

Decir que le había costado era realmente poco. Al no tener a nadie que le enseñara en el proceso el avance fue mucho más lento y por ende mucho más difícil. Con el pasar de los años descubrió que tenía una peculiar habilidad en el control de chakra y que al ser una persona bajita y delgada era bastante ágil y veloz. Trataba de razonar con su padre acerca de permitirle entrar a la academia, pero este parecía firme en la decisión de alejar a su más grande tesoro del peligro inminente que suponía una vida como Kunoichi. Sin otro remedio que entrenar por su cuenta, ella había accedido llegar hasta las últimas consecuencias para volver realidad su más grande anhelo y después de varios años, un cambio de nombre y de imagen, finalmente podía decir que todo había valido la pena. Sin embargo a la edad de 14 años se aventuró a ir un paso más allá, por el bien de su futuro y fue así como llegó a la casa de aquel joven con el que hasta entonces no había tenido más que un trato meramente lejano.

Desafiando a su propio sentido común y arriesgándose a que el susodicho revelara su secreto, Nae tocó la puerta de aquella casa y aguardó pacientemente a la respuesta de la persona que la había recibido. En ningún momento pensó que el Uchiha la recibiría y su voz la sobresaltó sobremanera. Levantó la mirada y lo escudriñó unos instantes. Solo lo había visto de lejos en contadas ocasiones y ahora que lo tenía en frente se dio el tiempo de detallar sus facciones. Poseía una tez clara, unos ojos serios y afables, un cabello azabache y su semblante era bastante sereno. Ese era el joven prodigio por quien Nao estaba completamente loca. Ahora solo restaba saber si él aceptaría ayudarle. Saga le dirigió unas amables, pero frías palabras y esperó a escuchar la respuesta de la joven, la cual se encontraba con un nudo mental, buscando como expresarle sus intenciones de la manera más adecuada.

—Sé que mi presencia debe ser bastante inoportuna y que seguramente no es nada usual que alguien como yo venga a solicitarle un favor —bajó su mirada un instante, sintiendo como sus mejillas ardían de vergüenza—, pero quería saber si acaso usted tendría la gentileza de entrenarme —hizo una pequeña pausa—. Nadie de mi familia sabe que yo…que yo en realidad llevo años practicando por mi cuenta y si alguien se llegase a enterar seguramente no me permitirían volver a salir de casa. Por ese motivo no sé si he tenido progreso alguno o si simplemente debería resignarme a seguir con las artes —tomó un mechón de su cabello y jugó con él en un intento por disipar el nerviosismo—. Usted es la única persona a la que pensé en recurrir y por eso…yo…

Ya está, lo había dicho. No había necesidad de solicitarle que guardara su secreto, pues eso quedaba implícito en su pequeño relato. Nae no sabía si aquel joven aceptaría su petición o si simplemente se limitaría a mandarla por un tubo; aunque considerando lo que sabía acerca de él, se trataba de una persona demasiado solemne como para desairarla tan despectivamente. La idea de que el joven le aceptara la petición parecía demasiado descabellada, pero Nae se aferraba a esa esperanza como si su vida dependiera de ello. Instintivamente una idea se encendió en su cerebro, haciéndola fruncir el ceño un instante ante aquella vergonzosa posibilidad, por lo que sin demora alguna se apresuró a retomar la palabra.

—Sé que mantiene un lazo con mi hermana mayor…pero independientemente de su respuesta quisiera pedirle que esto no llegue a oídos de ella…por favor

Nae no podía anticipar la reacción de su hermana y lo que menos deseaba era perjudicarla de alguna manera; además de que la idea de pasar el resto de su vida confinada en su casa la asfixiaba de alguna manera. La rubia guardó silencio y esperó con paciencia. En esos momentos ni siquiera se imaginaba que tanto cambiaría su vida durante los años siguientes, ni siquiera podía imaginarse que aquel joven que tenía en frente sería nombrado Mizukage y lideraría su amada aldea. Tampoco se le ocurrió que ella terminaría viviendo en Kumogakure, a miles de kilómetros lejos de su hogar, pero sin duda algo que recordaría y atesoraría toda su vida serían sus días en Kirigakure, cuando era Nae Yuki, cuando solo soñaba con ser una kunoichi y cuando tímidamente solicitó la ayuda de aquel prodigioso ninja.


OFF:
Perdoname tú a mi si el post esta medio rebuscado, redundante y extraño D: Además que traté hacerlo tan largo como el tuyo ;-; pero la tercera persona no es mi fuerte...y me cuesta mucho rolear así xDD <3



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