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Entrenamiento amistoso y un poco de información [Entrenamiento]

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Entrenamiento amistoso y un poco de información [Entrenamiento]

Mensaje por Hana el Lun Mayo 09, 2016 12:49 am

Divagando por el camino, comencé a notar lo puro que era el aire y aquello comenzó a hacerme sentir extraña ya que no estaba demasiado acostumbrada a disfrutar de él, usualmente estoy en el interior de mi hogar sofocada en mi propio perfume, sahumerios o los fines de semana ahogada en el hediondo licor, ya que al fin y al cabo, era todo monótono y simple. Quizás variaba algo la vista, que de vez en cuando, se pudiese ver algún matorral completamente rodeado de moho a un lado del camino de piedra o las huellas de algún pequeño zorro del bosque que corriese por el lugar buscando algo de comida para después volver a su madriguera y protegerse del frío que reinaba solo por las noches en Iwagakure. Y no era para más, parecía que aquél lugar era la tierra de los relieves montañosos, me daba igual el cansancio que se fuese acumulando en mis piernas producto de la fatiga de recorrer aquél camino sin descanso, no me importaba el hecho de no haber comido absolutamente nada en horas y menos aún me preocuparía encontrarme a alguien por aquellos caminos ya que, seguramente, aquella hipotética persona tendría el mismo cansancio que yo y por lo tanto, no tendría ninguna intención de realizar algún movimiento extraño que le llevase a perder el conocimiento.
Sin un rumbo fijo, más que el de llegar hacia algún lado en donde nadie me interrumpiese para un entrenamiento de los largos, de esos que hacíamos mi padre y yo hace muchos años atrás una vez al mes en las montañas, la nostalgia me rompía el corazón casi hasta tal punto de que comenzaba a sentir nerviosismo y un principio de delirio que me hizo ver que estaba en la casa de mis padres cuando no lo estaba, ya que seguía en el camino. —Ya basta joder, tengo que pensar… Pensar en algo— Exclamé mientras me daba un par de bofetadas en la cara para espabilarme y darme cuenta de que seguía en aquél rocoso paraje sin más pensamiento que el de unos ojos, de los cuales sólo sabía para qué servían y que existían en la aldea, pero que no lograba comprender el alcance de su poder y menos quien era la misteriosa persona que los llevaba.

Una vez en las montañas quite el moho de una roca de aproximadamente tres metros para sentarme sobre la misma.
En aquella extraña posición para meditar comencé a escuchar los leves y casi imperceptibles sonidos que la naturaleza me ofrecía en un lugar así. Mientras las hojas de los árboles caían sin más, se podía observar cómo sonreía al verme sumida en un lugar tan bello y rodeado por naturaleza, cosa que me gustaba demasiado y que hacía un tiempo que no me detenía a escuchar de esa manera. Mientras meditaba con los ojos cerrados, pude comenzar a agudizar el oído para comenzar a escuchar a los animales del lugar, y de aquél modo, pude percatarme de que había algo que desentonaba con el lugar, quizás fuese un animal, pero no lo sabía con exactitud y no quise darle mayor importancia ya que seguramente fuese algún hijo de la madre naturaleza y aquello, en cierta medida, le reconfortaba.
Pero la inquietud me quito de mi trance cuando las pisadas que provocaba aquel ente extraño eran demasiado pesadas para quebrantar las hojas secas del suelo de semejante forma, sin embargo seguí fingiendo que no me molestaba hasta que sentía su presencia más cercana a mi posición.
— ¿A dónde crees que vas? —. Pregunté amablemente mientras mantenía los ojos cerrados.
— Eh…—. Sonaba nervioso.
— Tranquilo no voy a morderte —. Informé. Realmente no odiaba el acto de que me interrumpiera o siquiera al causante de aquello, consideraba totalmente innecesario el masacrar a un pueblo entero o una persona fueran los motivos que fueran. Era cierto que en muchas ocasiones incluso llegaba a herir o mutilar de gravedad a compañeros sexuales o incluso asesinar a alguna persona, pero bueno, como la caza controlada y consciente del cuidado del ecosistema, se debe matar de a poco y sólo cuando se es necesario, como cuando se caza sólo para comer y aportar nutrientes, y no por comer carne todos los días.
— He venido a cazar para alimentar a mis hijos, señora —. Abrí los ojos, el hombre estaba vestido de negro de pies a cabeza y llevaba la insignia de shinobi, en su diestra cargaba a un conejo muerto que había sido atravesado como brochette gracias a la cortesía de una flecha.
—¿Ese bichejo es tuyo? —. Pregunté estirando la zurda. Él asintió con la cabeza. — Espero que cases más, con eso no alimentarás ni siquiera a un perro —.
— Si, en eso ando, pero cada vez es más difícil encontrarlos por el invierno que se avecina —.
—Y a veo… Bien, suerte con ello —. Volví a cerrar los ojos. — Puedo darte una buena mano si me esperas a que termine, al fin y al cabo es muy temprano y yo soy buena controlando las alimañas de mi jardín —.
— Me parece bien, es aburrido cazar solo, mis hijos siempre me acompañan pero esta vez prefirieron quedarse a dormir —. El sujeto se sentó a un lado de la roca y esperó pacientemente a que terminara de meditar.

En aquél estado de letargo permanecí inalterable por la molesta mente que debía soportar mi humilde pero robusto y a la vez delgado cuerpo, el cual me había costado un tiempo lograr puesto que no era fácil entrenar de las maneras tan extrañas y complejas en las cuales lo hacía yo. Desconozco el tiempo que pasamos allí mi compañero y yo pero estaba seguro que de haber pasado un par de minutos más sin duda alguna nuestros cuerpos habrían comenzado a resentirse producto de las inclemencias del tiempo que no dejaron de azotarnos en ningún momento durante nuestra estadía en aquellas rocas altas del lugar en las que nos habíamos hospedado cada uno con intereses distintos.
El tiempo transcurría de forma ininterrumpida, amén de que aquella extraña postura en la cual me quedé, en el preciso instante en el que pude apreciar sonoramente como una persona de pisadas ligeras se acercaba hacia nuestra ubicación mi corazón pegó un brinco dentro de mi pecho y abrí los ojos como platos para poder observarlo con total claridad puesto que era un completo desconocido, huía de algo o alguien, o aún peor… Venia para darnos problemas.
Mi torso si dio la vuelta sobre la roca para poder contemplar completamente a aquella persona y la verdad es que no me disgustó para nada su apariencia. Vestía un largo abrigo blanco además de unas largas botas marrones que desentonaban un poco con el color del abrigo. Físicamente aquel tipo era más alto que mi compañero y que yo, además de que portaba una melena negra hasta los hombros y su mirada fría y firme me hizo pensar que en efecto se trataba de alguien que no venía a desearnos los buenos días.
Aquella persona se dirigió sin demora hacia nosotros, se deslizó por las hojas del suelo y tomo lo que mi compañero había cazado. —Malditos críos bastardos, ¿Cómo osáis robar a un jounin superior? Acabaré con vosotros— Alardeé.
En aquel momento comencé a sentir cómo la sangre de mi cuerpo comenzaba a hervir dentro de mí hasta tal punto en el que conseguí enfurecerme demasiado, tanto que mi cabeza comenzó a pensar en mil y un motivos a través de los cuales podría matar a una persona. Sin mucho mayor razonamiento que el de acabar con mi rival comencé a hacer sellos y en un segundo solté una potente ola de electricidad en dirección a mi rival. Este fue atacado por la espalda por descargas eléctricas que hizo que se quedara atontado en el suelo, al notar que uno de mis cabellos se había despeinado y había caído sobre mi frente casi me da un paro cardiaco ¿Cómo pude permitir semejante aberración?
— ¡¿QUÉ MIERDA FUE ESO?! —. Grito, demostrando su remolino emocional en combate, un acontecimiento suficiente como para provocar desconcierto en cualquier espectador. ¿Cómo alguien era capaz de recorrer un espectro emocional tan amplio de un segundo a otro? Y al mismo tiempo, mi rostro solamente aparentaba una sonrisa de oreja a oreja sin enseñar los blancos dientes que poseía, lo que tal vez sería un probable indicativo de quien era el culpable de su estado. — Un raiton jibashi… Deberías dejar de robar y preocuparte más en ser alguien útil en la aldea… O mínimamente en la vida —. Desafiando en tono burlesco.
Mi compañero tomó aquel animal que por breves momentos se le había arrebatado y sonrió al ver al usurero que se había atrevido a robarle. — Gracias —. Asentí con la cabeza en respuesta. — Ahora que ya no estas… En tu trance…— Alce las cejas. — ¿Qué tal un entrenamiento y caza al mismo tiempo? —.
— Eso suena… Apetecible —. En tanto no me pidiera que me arrastrase por el suelo con arco y flecha en mano.

Comenzamos a caminar a una zona menos inclinada mientras que a paso ligero una ola de hojas secas eran arrasadas gracias al movimiento mutuo de nuestros pies. —Si voy a golpearte al menos me gustaría saber tu nombre—. Comentó el joven.
— Hana —. Soné fría otra vez. — ¿Y el tuyo? —.
— Me llamo Tenzin, es un gusto conocerte Hana, un rostro como el tuyo no se olvida fácilmente, es curioso que no te haga visto por Iwagakure antes —. ¿Lo estaba diciendo por mis quemaduras el hijo de puta?
—No soy una persona muy sociable—. Respondí cruda. — Seguramente me habrás visto pero antes de que me hicieran esto —. Señalé mi rostro con seriedad.
— Oh vaya… Lo lamento, ¿Puedo saber que te paso? —.
— Me hirieron en combate —.
—Ya veo…—. Lo había incomodado, pero que podía esperarse de un joven sin sentido de la verdad de mi historia, yo ya me había acostumbrado a las miradas afiladas y los susurros a mis espaldas, son parte de mi vida cotidiana, que se le puede hacer. —¿Podrás combatir con ese pesado kimono? —.


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Re: Entrenamiento amistoso y un poco de información [Entrenamiento]

Mensaje por Hana el Lun Mayo 09, 2016 1:32 am

Entonces me pare en seco, di un salto hacia atrás, extendí mi brazo y realicé una especie de seña con su mano, para indicarle al rival que viniera a por mí. Esto naturalmente enfadó Tenzin quien impulsivamente arremetió hacia adelante.
Para mí persona no fue muy difícil evadir esa carga realizando otro salto hacia la izquierda, y ahí comprendió que su velocidad era mucho mayor a la del rival. Este se frenó en seco y comenzó a lanzar golpes en varias direcciones, los esquivaba uno tras otro sin dificultad alguna, ya que su resistencia también era ampliamente superior. Al cabo de unos segundos al rival se le notaba cansado, su corazón latía muy rápido y sus golpes cada vez eran más lentos, hasta que no pudo más y bajo la guardia para descansar.
— Mi padre siempre me decía que el peor enemigo en el combate son los sentimientos y la impulsividad, jamás debes permitir que el oponente sepa en qué estás pensando —.
—¿Eres sensei o algo así? —.
— No —. Hice una pausa. — Pero podría serlo —.
Aproveché ese momento y descargué una feroz ráfaga de golpes con los dedos índice y medio hacia el pecho del sujeto, quien no pudo evadirlos y cayó hacia el suelo sin nada de aire gracias al impacto. Lo que me sorprendió fue que, nada más caer, el sujeto realizó una voltereta hacia atrás, incorporándose nuevamente. En este descuido por parte de mi distracción, el rival arremetió nuevamente, fui capaz de esquivar algunos golpes, pero dos me alcanzaron, haciendo que volase por los aires y cayera desplomado al suelo, efectivamente el rival era lento pero sus golpes eran devastadores.
Este realizó el Jutsu de Réplica -Bunshin no Jutsu- combinando rápidamente una serie de distintos sellos, haciendo alarde de su especialidad en Ninjutsu.
Cuatro clones aparecieron unos metros más adelante de mi posición, y estos caminaron lentamente hacia mí.
A medida que las copias avanzaban, yo retrocedía mientras que milimétricamente movia una de mis ondulantes mangas para luego retirar un kunai muy lentamente, en completo silencio.
Mientras tanto el corpulento hombre seguía avanzando con sus clones, caminando de espaldas, hasta que inevitablemente choqué contra uno de los troncos del bosque en el cuál se encontraban. No tenía escapatoria.
Los clones reían, hasta que sin más saltaron de una forma coordinada sobre mí, espere con el arma bien en alto en espera de sus golpes, pero naturalmente los clones desaparecieron nada más entrar en contacto con su cuerpo.
— ¿Asustada, eh? — Dijo el único hombre presente como si estuviera intentando dejarme en ridículo.
—A lo único que le debo temer es a mí misma…—. Soné intimidante, casi psicópata, pero era la verdad ¿Qué podía ser peor que una mujer demente que no tiene sentido del pasado, presente ni futuro?

Avance otra vez y me detuve unos dos metros antes de llegar a su posición, había recordado mis nuevas técnicas y pensé que era un momento oportuno para probarlas. Sin mediar palabras junté mis manos y realicé los mismos sellos que hace aproximadamente un mes había leído en aquel misterioso pergamino. Inmediatamente después de esto, grité —Raiton: Sandāboruto —. Entonces extendí mis brazos y de estos comenzaron a ser liberadas poderosas descargas eléctricas, su velocidad era buena pues efectivamente logro esquivar ½ de mi ataque, sin embargo la tierra estaba tan húmeda debido al rocío de la noche que perdió el equilibrio, cayó y recibió el ataque apretando los dientes.
Un poco de humo salió desde su boca, pero nada más. El sujeto en frente a mí se reía a carcajadas mientras como si fuera un simple raspón se ponía de pie; había quedado en ridículo y eso me enfureció muchísimo más. Mis ojos se iluminaron, apreté sus dientes y con un rápido movimiento dejo ver el kunai que llevaba oculto. El reflejo del sol con el metal creó un destello que cegó por un momento al rival, quien no vio cuando la filosa herramienta ninja abandono mi mano y avanzó a toda velocidad cortando el aire, dirigida hacia su rodilla derecha. Inevitablemente este impacto contra la estructura ósea de la antes mencionada rodilla del sujeto, haciendo que este se retorciera contra un tronco caído y hueco del dolor.
En un abrir y cerrar de ojos, la sangre mancho completamente su pantalón de tela mientras que yo observaba complacido la escena, pero ese no era el fin. Salté hacia adelante y aparecí justo en frente del inmóvil contrincante, quien solo gritaba y lloraba por el dolor, lo ayude a levantarse y le di unos minutos para que se repusiera de esa minúscula herida.
El joven con el rostro serio, y quizás algo más que molesto, comenzó a apretar sus nudillos y a clavar sus uñas en las palmas de sus manos por la paliza que le había dado. Aquel chico parecía estar sacando sobre mí con su mirada todas sus frustraciones. Pase mi mano por mi frente y lo miré en espera de un siguiente ataque pero no recibí nada.
— Vamos, sigamos entrenando, esto que te hice no fue nada—. Insistí en un tono dulce. Con esas simples palabras le expresión de mi rival cambio drásticamente, incluso parecía reírse.
— ¿En serio te creíste ese show? —. Se arrancó la kunai de la rodilla. —Que empiece la fiesta—. Agregó.
— ¡Parece que estás más loco que yo! —. Aquellas palabras fueron dichas mientras el único y simple movimiento de mano para atacar a su enemigo aquella vez se efectuaba. Por más talentoso en Ninjutsu y sellos que fuera su compañero, la ventaja del Taijutsu si se hacía bien, es que siempre es más rápido dar un puñetazo que hacer sellos y generar el Ninjutsu y menos cuando el que hacía sellos estaba tan herido ¿Quién sería más rápido?
Ni por un instante le quito de vista a sus agitadas manos, lo veo hacer sellos a una velocidad impresionante y en cuestión de segundos el hombre había hecho un jutsu el cual yo desconocía, este consistía en rodear sus brazos con roca sólida y usarlos como armadura y arma a la vez.
—¡Mierda! — Grité con aquella voz suave y aterciopelada, pero bastante alarmada. Para cuando me quise dar cuenta aquél hombre de roca se abalanzaba contra mí y ya no poseía la velocidad ni la habilidad física como para esquivarlo, tras notar que la adrenalina que aumentaba en mi cuerpo sabía que no podía hacer nada para evitarlo, y por suerte este cuerpo desde antes ya había empezado a planear su estrategia para cuando aquél hoombre fuera a atacarme, puesto que ya había previsto un daño por parte del rocoso brazo lo espere con la boca cerrada. Aquél impacto fue poderoso y letal. Se escuchó casi como si un trozo de madera fuese golpeado con potencia hasta astillarse y quedar a punto de la rotura, lo bueno es que a pesar de que se le viera agotado y herido por el impacto, no presentaba una herida tal como la que debiera tras aquél golpe.
— Demonios ¿De qué clase de huesos estas hecha? —.
— Ni puta idea…—. Respondí con una sonrisa ensangrentada mientras me levantaba del suelo, he de admitir que su expresión facial me causaba risa.
— ¿Sabes? Llegarías muy lejos si te lo propones —. Aseguró con la cabeza en alto.
— Lo sé —. Odiaba presumir pero mis habilidades no eran nulas.
—¿Y por qué no lo haces? —.
— Porque me canse de ver que las personas utilicen excusas vagas para derramar sangre —. Fuerza, honor y libertad, esa eran las escusas y los conceptos que mis padres me habían inculcado desde muy pequeña, como buena kunoichi respetaba la espada, la ley del más fuerte imperaba en mi corazón como una bandera triunfante, mis ideas revolucionarias casi siempre me metían en problemas en la academia, era una niña de 13 años que vivía sosteniendo que los feudos estaban acabando con el mundo, gritaba a voz en cuello que la mejor forma de liberar a los pueblos y aldeas pobres, era destruir los feudos como a una hierba mala, desde la raíz. Obviamente estas ideas no pasaban desapercibidas por los profesores y personas cercanas de los feudos quienes intentaban remediarme en cada oportunidad, sin embargo dada mi posición social era casi imposible tocarme, sus enfrentamientos conmigo eran ridículos, siempre los contradecía con mejores argumentos y los hacía quedar como verdaderas basuras, esto me dio algo de fama en los debates pero lo más importante para mí en ese entonces es que sembrar esa semilla de disconformidad y anarquía en la gente y ese era el objetivo de todos sus actos. Es una desgracia que el resto del mundo no pudiera pensar así.
— Entonces proponte cambiarlo—.
— Si tuviera poder ilimitado lo haría cariño… Pero al ser una mujer solitaria sin mucha paciencia para dialogar con los demás no es fácil—. Suspiré
— Nada en el mundo shinobi es fácil —. Asentí con la cabeza en respuesta.
— Sigamos, quiero tu mejor golpe—. Esa confianza ciega en mi fuerza sin duda algún día me matara… ¿Sería hoy? No, esto es un entrenamiento más. Con cierta presteza comencé a correr hacia el hombre mientras mantenía mi mente en blanco. La mejor forma de atacar era con la mente despejada de mis demonios, pero para ello debía sentarme en una roca otra vez. ¿Meditar era una opción viable en aquella ocasión? No, ni de broma. Por eso mismo opté por dejar mi mente en blanco y, mientras corría, dejar mi cuerpo tranquilo pero en tensión. Sentir el roce del viento, notar la densidad de la sangre de pegado a mi cuerpo, notar el frescor en la zona que tapaba el parche y mi piel erizarse por las descargas… En definitiva, ser uno mismo con tu propio elemento.
—Sandā Sāburu—. Musité cerrando los puños, estos estaban cargados de electricidad a más no poder, el esquivaba una y otra vez mientras caminaba hacia atrás, me irritaba, era como un gusano escurridizo.


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Re: Entrenamiento amistoso y un poco de información [Entrenamiento]

Mensaje por Hana el Lun Mayo 09, 2016 1:39 am

Paso exactamente una hora para que ambos lados del combate cayeran exhaustos después de tanta perdida de chakra, en ese tiempo nos habíamos librado parejamente golpes y jutsus que nos dejaron no solo marcas físicas sino que también una buena amistad.
— Deberías convertirse en sensei, hablo en serio —. Insistió como hace un par de horas.
— Si te digo que lo pensaré ¿Dejaras de molestar con eso? —.
— Lo prometo —. Extendió su mano para que me levantase del suelo.
— En fin… Dije que te ayudaría a cazar así que… —.
— Oh no, déjalo, no es necesario —. Rodé los ojos.
— Raiton: Amigumo —. Dije tras una danza de sellos en mis manos. Casi instantáneamente que puse ambas palmas de las manos en la tierra una gigantesca red de electricidad que avanzaba sin piedad desde mi posición, dicha red acabó con la vida de varios animales que Vivían en el radio de 50 metros ya sea que estén bajo tierra o no. — Ahora si estoy corta de chakra—. Me puse de pie. — Bueno, ya te encargas tú de revisar en cada madriguera—. Finalice esto con un apretón de manos.
— Ha sido un gusto entrenar contigo Hana, avísame si tienes otro día libre —. Sonrió.

Al llegar a la aldea en la hora pico de las once de la mañana el olor a comida te deleitaba las fosas nasales, no tarde nada en llegar a casa y almorzar para después darme un largo baño de agua caliente y así quitarme la mugre del entrenamiento.
Después de vestirme me dirigí hacía el puerto y me senté en el muelle a visualizar la tranquilidad mientras disfrutaba de un cigarrillo en espera de una persona que iba a ayudarme en mi búsqueda.  Oculta entre unos párpados apretados se encontraba mi mirada buscaba el límite del horizonte por detrás del humo de cigarrillo y el oleaje. El levante golpeaba las rocas, regateaba las plantas y bailaba mis cabellos blancos y humedecidos. A su vez las olas iban ganando terreno a la arena seca en la costa; me encantaba pensar en la tranquilidad del mar, en la paz que logra traer a la mente del observador por medio del movimiento repetitivo y estridente; una hazaña remarcable, si cabe la redundancia.
Acerqué mis dedos de jengibre y tabaco a la boca para retirar el cigarrillo y respirar a profundidad; lo tomé entre el índice y el medio, bajé la mano hasta la mitad de su tórax y dejó salir el humo por la nariz de manera continua; después respiré, tomé aire, todo el que pude, lo guardé, lo resguardé, lo retuve en mis pulmones abrasados y lo dejé salir con tanta calma que pareciera ser su ritmo natural, todo sin apartar la vista de la línea divisoria mar-cielo.
— ¿Señorita Hana? —. Diría aquel hombre de edad avanzada. Parecía ser simplemente un hombre, como cualquier otro, no parecía tener nada especial. Vestía unas cálidas vestimentas largas y llevaba consigo un bastón, la barba en su mentón se encontraba algo recortada, sobre su cabeza llevaba una capucha, conjunto del mismo abrigo que vestía.
— La misma —. Respondí sin voltearme y luego realicé una pausa. — ¿Es usted Tekken? —. Añadí una vez me di la vuelta. No acostumbrada a tener que recurrir a las personas en años dorados para obtener información, más claro está que en Iwagakure los chismes vuelan como nunca y los ancianos son mi mejor fuente.
— Así es jovencita, ¿en qué podría ayudarle? —. Diría el anciano mientras me observaba.
—No estoy seguro de lo que busco, más bien de a quién busco. Hasta ahora parece que busco un fantasma... poco se sabe de esa persona y quizá seas tú quién tiene las respuestas—. Informé mientras me ponía de pie.
— No sé de quién hables chico, en verdad lo lamento —.Diría el hombre para luego darse la vuelta.
— ¡Espere!, solo sé que posee el  Byakugan, pocas veces una persona logra vivir para contar incluso que vio semejante habilidad, cada vez quedan menos y quiero encontrarlo—. Hice que el viejo soltase una enorme carcajada.
—¡¡JAJAJAJA!!... ¡Niña!, ¡¿Si ninguno ha sobrevivido, cómo entonces es que se sabe algo de esos ojos?! No tiene sentido…—. Respondió. Parecía se estaba mofando de mí, pero no era para menos, en verdad sonaba estúpido, pero era la única información con la que contaba.
— Sé que no tiene sentido, pero hasta ahora es lo único que he podido investigar… O lo único que se sabe —. Sentía ganas de atravesarle la garganta, pero seguramente eso sería bastante perjudicial.
— No hija, no tengo la menor idea de quién sea la persona que buscas, lo siento. Ahora si me disculpas debo salir y continuar con mis actividades —. Añadiría el hombre para luego comenzar a caminar. — ¡Suerte con tu búsqueda! —.Gritaría el viejo mientras sacudía su mano sobre su cabeza, al tiempo que caminaba sin voltear a ver atrás. Mi sangre hervía, sentía que solo había perdido mi tiempo una vez más.
Me puse de pie sumida en mi propia derrota y me dirigí a casa otra vez, en donde bebí hasta no recordar ni mi nombre para luego dormirme, el alcohol era mi mejor aliada en circunstancias en donde el control se escapa de mis manos, lo veía como un modo de escape por más bizarro y enfermizo que parezca, es como un círculo vicioso del que no puedes salir y en el cual caí hace varios años, me sentía vacía y sola, mi única amiga en el mundo era de cristal y se llamaba sake, aquellas noches con su compañía me sentía libre de preocupaciones, sin nada que perder, nada que ganar... Excepto hacer mi vida una obra de arte.


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