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Entrenamiento....

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Entrenamiento....

Mensaje por Orochi el Miér Mayo 11, 2016 5:58 am

Hoy estoy solo en mis aposentos, como nunca antes, alejado de todos y de todo... A pesar de no ser cierto, puesto que estoy rodeado de animales, siento que la soledad me agobia, buscando ahogarme en sus profundas aguas oscuras. Algo me desespera, algo inquieta dentro de mi ser, entonces llega la intranquilidad, una intranquilidad extraña que me atrapa, envolviéndome en sus sabanas de acción. Hace frío en mi aposento, el viento penetra todo el espacio que conforma el lugar del Raikage, tanto era el frío, que las serpientes se estremecían, buscando escapar hacia las rocas lejanas en aquella cascada de la verdad. ¿Te preguntas a caso donde estoy? pues déjame decirte que no es un lugar alejado de lo cotidiano, muchos van a confesarse allí, en aquella cascada que mis alterados ojos observan; y no los culpo por la ignorancia que llevan en sus corazones, pues entiendo lo que es estar desesperado y sentirse culpable, aunque claro, yo ya he superado esas cuestiones. ¡OH, claro! casi olvido definir mi espacio. Pues bueno, te cuento que ser Kage no es tarea fácil aunque otros piensen lo contrario, tomar ciertas decisiones pueden traer consigo los menos esperados infortunios, desgracias, caos; aunque otras veces gloria para los tuyos. Pues bien, mi bendito espacio; y me refiero al lugar donde me encuentro: al que llamo "mi aposento" no es mas que un pequeño rancho de deterioradas maderas, cubiertas por impías ramas espinosas, pero que muestran con alegría las bellas flores silvestres entre sus pequeñas hojas verdes. En el interior: podrías ver claramente el estado del lugar, nada que envidiarle a la apariencia del exterior. No hay nada más que una silla y una pequeña meseta de unos cien centímetros de altura, polvorientos ambos, hogar de las arañas. Y en el suelo, sin sorpresa alguna las viejas botellas vacías, abandonadas por aquellos que tomaron de su interior sus aguas picantes, y que bebieron para olvidar los problemas aunque sea unos momentos. Me siento extraño, pero no es por tristeza, la melancolía hace siglos que dejó de afectarme, o eso creo. Claro, creo que ya lo he pillado, es la falta de poder lo que me tiene así, por eso me muevo de un lado para otro entre las torcidas paredes de este lugar lúgubre y sombrío, pensando, analizando y... ya basta, es hora de entrenar, como nunca antes lo había hecho. Oh, falta decir que me he tomado unos días de descanso, al menos en lo concerniente al trabajo militar, unos cinco días estaría bien para volverme mas fuerte que antes y sentirme mejor. Hoy es sábado permíteme decirte; y por lo general la mayoría suele ir a la capital, salir de compras, conocer otros lugares y, bueno, no volver hasta el lunes... ¿Qué debo entrenar pues? tengo mucho por mejorar, sé que debí aprovechar mucho mejor la adolescencia, entrenar mas duro, sangrar más pero bueno, había hecho lo que pude y ahora no tenía  razón para no entrenar; al contrario, las razones y motivos habían crecido. Ya no era un muchacho del montón, ahora era el líder de una nación y debía estar a la altura, aunque con mis métodos y no con los de mi antepasados, tenía que ser un ejemplo a seguir. El día está a penas en pañales, el cielo es tan gris que parece irá a llover temprano, eso explica el frío ¿no?, considerando también que el país de las nubes es una zona montañosa bastante alta, no por nada posee tan exquisito nombre... Mis pasos marchan ahora hacia las afueras, todo se vuelve mas "blanco", pues el haber amanecido en el interior de la caseta entre la oscuridad y mantener la vista acostumbrada a ella provocaban en mis ojos una molestia infernal, de igual manera no es un misterio para mis Yoes que siempre he preferido las sombras muy por encima de la luz, a pesar de que el día se encuentra gris. Chakra, eso he de entrenar para llevarlo a su límite. Froté las manos, torcí el cuello hacia ambos costados, apreté los dedos y luego, sonreí con malicia ante el mundo, como diciéndole que se preparaba, porque volvería a entrenar como nunca lo había hecho antes. Me senté sobre una de las piedras próximas al río, debía meditar sobre la energía, aquella que habita dentro de las plantas, animales y humanos como un regalo del universo. Acomodé mis piernas en la posición del loto así como mis manos, relajadas sobre las rodillas. La columna estaba recta como era de ser y, mientras escuchaba el sonido cantar de las aguas chocar, aspiraba del aire fresco para llenar de aires mis pulmones, manteniendolo por varios segundos mientras lo liberaba lentamente por la boca, sintiendo cómo el cuerpo se relajaba. Una y otra vez repetí el ejercicio de respiración, siete veces para ser exactos, hasta el punto que los huesos incluso estaban relajados, así como los músculos y tendones, desde las puntas de los pies hasta la coronilla de la cabeza. Luego de unos cinco minutos de profunda relajación, meditaría en la energía, esa fuente de chakra que se encuentra dentro de cada ser vivo. Mientras lo hacía, visualizaba cómo mi cuerpo brillaba en una tonalidad de intenso azul celeste, moviéndose por cada conducto de chakra, recorriendo desde la fuente primordial ubicada en el abdomen las piernas, brazos y cabeza. Aspiraba aire de nuevo mientras mis sentidos empezaban a agudizarse, percibiendo el entorno de una manera mas cercana: el agua de la cascada chocando contra el cristalino arrollo y las piedras de la superficie, el viento fresco cuyo sonido era casi inaudible los cantos del eterno grillo a mis alrededores. El aire quedaba en mis pulmones estancado varios segundos más, visualizando que aquel aire contenía partículas energéticas que alimentaban mi fuente de energía. Tras no aguantar el cese del respiro, liberaba el aire tibio por mi boca, imaginando con ello la forma de energías negativas que impedían un aumento de mis energías. Mis ojos se abrían lentamente, observando el paisaje mientras movía con lentitud el cuello, guiando la cabeza hacia la izquierda, donde habían varias ciguas buscando alimento. Tras mirar hacia la derecha e ir moviendo lentamente las extremidades del cuerpo visualizaba algunas serpientes recorrer los suelos, siseando hambrientas en busca de una víctima cercana. Fui dejando aquel pétreo asiento con cierta calma mientras elevaba el brazo y daba una señal. Libélula, uno de los anbus que se encontraba observando hizo aparición a diez metros frente a mi, amortiguando su cuerpo sobre la superficie del agua gracias a una ligera pero efectiva concentración de chakra bajo las plantas de sus pies. El sabía que era momento de entrenar, por lo que empezó al liberar sus insectos, los cuales quedaban aleteando alrededor suyo, esperando hambrientos de energía el mandato de su amo. Por mi parte, realizaría un sello, creando cuatro clones que consumían una buena cantidad del chakra, esparciéndose por el terreno para rodear al anbu, el cual no esperaría una emboscada y actuaría al instante, liberando los insectos hacia los clones mientras yo retrocedía unos diez metros hacia atrás.

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