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Un encuentro inesperado [Pacto con babosas] ~

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Un encuentro inesperado [Pacto con babosas] ~

Mensaje por Miu el Vie Mayo 13, 2016 10:22 am

¿Cuánto tiempo llevaba encerrada en la biblioteca? Ni yo misma lo sabía. Las calles estaban oscuras y no había rastro alguno de presencias humanas; definitivamente había perdido la noción del tiempo y ya era bastante tarde. Caminaba rumbo a mi hogar cuando una idea atravesó mi mente, guiando mis pasos a las afueras de la aldea. No supe cuánto tiempo estuve vagando sin un rumbo fijo, pero en ningún instante pensé en regresar. Iba tan concentrada en mis pensamientos que ni siquiera noté el momento en que el bosque de Sakuras apareció frente a mí. Era un hermoso lugar, perfecto para una persona que necesitaba perderse en sus memorias tanto como yo y sin tener que rendirle cuentas a nadie. Me adentré aún más al lugar, sin prestarle mucha atención a lo que ocurría a mí alrededor; lo único que me interesaba era alejarme de todo y de todos, al menos hasta recuperar mi ánimo habitual.

Con cada paso que daba sentía que gran parte de mi nostalgia se quedaba en el camino. ¿Cuánto tiempo había pasado desde que me sentí realmente útil y feliz? La verdad ni siquiera podía recordarlo. Gran parte de mi vida la había pasado encerrada en una mansión, llena de lujos y comodidades, pero sin experimentar realmente la emoción que venía al vivir una vida que realmente había elegido; por el contrario, me vi obligada a vivir de acuerdo a los estándares que dictaba mi posición como la hija menor del líder del clan Yuki y me limité a seguir los pasos que mi padre había impuesto para mi futuro. En medio de toda esa hegemonía social y familiar me aferraba a mi sueño de convertirme algún día en una Kunoichi respetable, tal y como lo había hecho mi hermana. Desde muy pequeña crecí bajo la sombra de Nao; ella había nacido con dones admirables y a corta edad ya dominaba técnicas que un Jounnin apenas y soñaría, pero estaba segura que ni siquiera mi hermana poseía en su interior el amor que yo sentía por la vida shinobi.

El legado de nuestro clan se hacía presente en cada fibra de mi ser, instándome a mejorar día con día y a demostrar de lo que estaba hecha. No creía que hubiese otra persona en el mundo con una devoción más grande a los ancestros que una vez pisaron la tierra y cuyas hazañas habían enorgullecido a mi familia durante generaciones. Ni siquiera la estricta vigilancia de mi padre pudo contra mi espíritu aventurero y finalmente encontré la manera de seguir mi sueño, entrenando secretamente cada que la oportunidad se me presentaba. Con el tiempo fui mejorando y entiendo en que consistían mis habilidades ninja y cuales eran mis más grandes debilidades. Claro que el proceso fue bastante lento y complicado, pero al menos me mantenía firme y confiaba en que algún día podría cumplir mis metas sin tener que esconderme. Al crecer comprendí que por mí misma no lograría notar algún avance y fue así como terminé recurriendo a la ayuda del que ahora era el Mizukage de la aldea de la niebla.

Aquel joven de modales envidiables e increíbles habilidades había sido de gran ayuda a mi formación y a pesar de su carácter sereno y antisocial habíamos logrado trabar una hermosa amistad, la cual guardaba en el fondo de mi corazón. Saga Uchiha había sido el gran amor de mi hermana mayor, el único hombre en el mundo capaz de resistirse a los encantos de una kunoichi tan hermosa y experimentada como lo era Nao, y aunque siempre lo mantuve en secreto llegué a sentirme aliviada de que él fuese diferente a los demás. No podía decir si lo que sentía por Saga era más que cariño o admiración, pero sin duda le tenía una inmensa gratitud y hasta la fecha lo recordaba constantemente y me preguntaba cómo sería su vida liderando mí amada aldea. Yo también me había propuesto mejorar más y más, a fin de regresar siendo todo un orgullo para mi familia y Kirigakure, y también…para servir fielmente al hombre que tanto me había enseñado cuando era apenas una adolescente.

Levanté la vista al frente y me di cuenta que hacía un buen rato que había dejado el bosque de cerezos detrás de mí. Parpadeé confundida, mirando a todos lados. Genial, sin darme cuenta me había perdido. Eso me pasaba siempre que recordaba a Saga y mi vida anterior, terminaba sin rumbo y desorientada. Avancé unos cuantos pasos más; estaba oscuro, pero se podía ver con la suficiente claridad cómo para notar que me encontraba en un campo, que aparentemente resguardaba las ruinas de un antiguo poblado. Todo estaba bajo tierra y solo podía vislumbrar algunas columnas y restos de lo que parecían haber sido edificios en alguna época. Al avanzar unos 30 metros encontré una especie de recoveco entre un montón de piedras aglomeradas y decidí entrar y resguardarme del frío y de la noche; una vez que amaneciera podría volver a la aldea sin contratiempos, sin embargo ya me había arriesgado demasiado y no valía la pena poner mi pellejo en peligro todavía más. Me adentré con cuidado en esa pequeña cueva y en un instante el piso sobre el que me sostenía se vino abajo, haciéndome caer junto con él. La caída no fue tan fuerte como lo había imaginado, pero aun así emití un pequeño grito de dolor al haber aterrizado sobre mis rodillas.

Definitivamente no era mi día de suerte. Eché un vistazo y observé algunas sillas desgastadas y estantes detrás de un mostrador. Me levanté con cuidado y avancé hasta esos estantes con un gesto adolorido, dispuesta a examinar su contenido. Una sonrisa se esbozó en mi rostro al encontrar varios frascos con medicinas y ungüentos, había caído sobre las ruinas de un antiguo hospital. Olfateé el contenido de aquellos medicamentos con el fin de averiguar si alguno me ayudaba con mis heridas y grande fue mi sorpresa al notar que los ungüentos eran de aliso, eucalipto y caléndula y por su aroma no podían estar en mejor punto de preservación. Unté un poco de la mezcla sobre mis heridas y suspiré con satisfacción al sentir como la medicina hacía efecto, dejándome una agradable sensación anestésica en lugar del dolor agudo que había sentido desde la caída.

Una vez que me sentí un poco más repuesta continué explorando el lugar. No parecía haber sido un gran hospital y por el tipo de cosas que encontré en el camino pude percatarme de que había estado abandonado muchísimos años. Un par de horas después me encontré con un pequeño salón, el cual parecía haber sido bastante sagrado y cuidado en su tiempo. A la mitad del salón se encontraba un cofre genuinamente cerrado y lucía como si lo hubiesen tratado con mucho respeto. Me adentré al salón con cierta inseguridad y abrí el cofre, deseando saciar mi curiosidad acerca de aquello que resguardaba tan celosamente. La estupefacción en mi rostro no pudo ser más notoria, pues se trataba de nada más y nada menos que de un enorme pergamino. Una extraña sustancia viscosa cubría por completo aquel objeto y por un instante dudé en si acaso debía examinarlo o simplemente dejarlo en su lugar, pero al ser mi intriga mucho más grande que mi sentido común terminé tomándolo con mis manos. Una extraña sensación recorrió mi cuerpo, haciéndome sentir como si mis fuerzas se recobraran poco a poco, dejándome totalmente perpleja.

Al analizar el pergamino con más determinación una mueca de asombró asomó en mi rostro. Había visto aquellos símbolos varias veces durante su búsqueda de conocimiento y no podía creer el lugar en el que vine a encontrar un pergamino de invocación. Me detuve en seco antes de llamar a la criatura que se encontraba encerrada en él y analicé la posibilidad de que al invocarla las ruinas se vinieran abajo, pues no sabía que o quien se encerraba en aquel sello y si podía confiar en él. Tomé la decisión de buscar la salida y averiguar de qué se trataba en la seguridad de la intemperie, y así lo hice. Salir me tomó más tiempo del que creí, pero sin duda había valido la pena. Una vez que me aseguré de no correr ningún riesgo mayor abrí el pergamino por completo y mordí mi pulgar para escribir mi nombre en él, al lado de todos los demás nombre que se encontraban escritos. Una vez que terminé de firmar mi nombre en el pergamino, realicé una serie de sellos de manos y comencé a concentrar mi chakra, a fin de llamar a aquella criatura cuya identidad me era completamente desconocida.

Una gigantesca nube de humo cubrió el lugar, haciéndome retroceder unos cuantos pasos, permitiéndome observar a la imponente bestias que se alzaba frente a mis ojos. No voy a negar que fui presa del pánico unos instantes, pues aquella criatura parecía tan poderosa y peligrosa que no dudaba que me considerara su cena; sin embargo la realidad era otra. La criatura poseía una voz tierna y apacible, al igual que un carácter tímido y cortes, cosa que en ningún momento se me llegó a ocurrir. Se presentó como Katsuyu e inmediatamente comencé a tomarle cariño y a verla como algo más que una invocación con la que había hecho un contrato, pues sentía que podía considerarla una amiga…quizá mi única amiga. No estaba segura de cómo debía asimilar los acontecimientos ocurridos aquella extraña noche, pero sin duda me sentía agradecida por haber encontrado una compañera fiel en la cual podía confiar y quien me daba otro motivo para seguir mejorando día a día en mi vida ninja, y estaba segura que cuando volviese a Kirigakure mi nombre sería conocido en todas las naciones.



Narro ~ Hablo ~ Pienso

●•۰• 연예인보다 멋진걸
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•۰•●

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