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Kusagakure no Sato | El poblado que sobrevivió. Capitulo I

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Kusagakure no Sato | El poblado que sobrevivió. Capitulo I

Mensaje por Eve Matsuoka el Sáb Mayo 21, 2016 11:34 pm

Sus ojos esmeraldas miraban la nada misma en un pequeño escritorio de madera maltratado por el tiempo. Sumida en sus pensamientos, recuerdos de un pasado no muy lejano al presente. Desde aquel día había sido la elegida para quedarse a cargo de la economía y seguridad del poblado que había sobrevivido al temido ataque de las bestias imperiales de este mundo.

Ella no sabía bien que hacer. Las cosas no parecían marchar mal, no había hambrunas, el pueblo continuaba trabajando en su producción pero a diferencia de antes, ahora todos los beneficios eran para ellos solos. La salud se encontraba en el mismo nivel, aunque pocos eran los médicos que habían sobrevivido. Sin embargo, la seguridad si era un gran problema. Pocos eran los guerreros que habían salido con vida de esa gran batalla y los que quedaban, no querían volver a experimentar tal infierno en el resto de su vida, se negaban a entrenar nuevos soldados.

Soldados, tampoco los había, solamente estaban los hijos de las familias campesinas que vivían allí, quienes eran influenciados por sus padres para continuar con la vida que ellos tenían y no prestar ayuda en ningún momento al servicio militar, por miedo a que sucediera nuevamente y la sangre fuera derramada una vez más. Nadie entendía que si no tenían formas para defenderse, en cualquier momento desaparecerían del mapa.

Se despertó al escuchar el golpeteo de unos nudillos en la puerta de su habitación. Era de mañana, quizás el mediodía, nadie le visitaba a esas horas salvo que sea algo de urgencia. - Adelante - Permitió que ingresara. Era un joven que no había visto nunca en su vida, escoltado por un campesino, quien se había ofrecido a cuidar la entrada del pueblo, debido a que era el "más fuerte de todos" o así le conocían y le respetaban. - ¿Qué sucede? - Inquirió rápidamente. - Asegura que no tiene donde vivir, que desea quedarse con nosotros un buen tiempo. - Le miró y también miró a su guardia. El rostro de aquel joven le congelaba la sangre y los pensamientos.

Su cabello era blanco, como la nieve en los peores inviernos. Sus ojos, sus ojos eran amarillos, se distinguían en la oscuridad como los de un felino. Sus vestiduras, delataban un poder económico abismal y tal vez... una gran habilidad por guerrero al juzgarle por la espada que llevaba a un lado de su cintura. Se alarmó. Entendía que su compañero no era el mejor en el tema, pero debió haberle desarmado. Sin embargo fue gracias a ese gran error por su parte, que pudo darse cuenta de que aquel sujeto no tenía malas intenciones para con ellos, quizás lo que decía era verdad.





- Por favor, entregadme tu espada - Sugirió la mujer a aquel desconocido. Su guardia se dio cuenta de inmediato del gran error que había cometido, pero antes que pudiera reaccionar, aquel sujeto se movió con gran habilidad hasta estar cara a cara con la doncella de cabellos carmesí. - Realmente usted posee una belleza envidiable, mi señora - Susurró, a pocos centímetros de sus labios y rodeando su cuello, con la katana enfundada. - Aquí la tiene, como verá, no planeo atentar contra usted ni contra nadie en este pueblo hundido en la desgracia - Su tono de voz... Le recordaba al sujeto que en antaño, le había propuesto matrimonio. Le asqueó.

- ¿Qué quieres en este lugar? - Fue al grano, no deseaba una conversación muy larga con aquel sujeto. Sin embargo este se acomodó en la habitación, retiró un abanico elegante del interior de su túnica y observó al guardia que se encontraba a sus espaldas. - Vamos con calma, ¿No te parece, lindura? - Se rió de forma sarcástica. Eve hizo una mueca de desagrado.

- Empezaré desde el principio, me llamo Heisuke Tohou. Soy un importante comerciante entre las grandes naciones, mis riquezas se comparan a la de un mismo feudo y además, un renegado de un gran imperio, con grandes habilidades en la batalla. Mis intenciones son claras, quiero incrementar mi dinero, quiero llevar mi poder a tal punto, que deseo tener mi propio país. - No lo podía creer. La mujer abrió sus ojos por la sorpresa y además, no tenía palabras para contestar. - Eso es imposible, ¿Que tramas? - El joven río.

La capital del país de la hierba había quedado devastada, al señor feudal ya no le interesaba seguir invirtiendo dinero en el poblado que había sobrevivido y además, estaba expuesto a un gran ataque y a la aniquilación. A ellos solo le restaba la tarea de sobrevivir y poder reconstruir la capital, pero esto, esto daba un giro inesperado a la situación, de la noche a la mañana. - Conmigo vienen dos hermanos, exiliados también, se encuentran a las afueras de la gran muralla que protege este pueblo, escoltando el carruaje que transporta todo nuestro dinero. Nosotros tres, poseemos el poder suficiente como para derrocar al reino que gobierna este país y reconstruirlo desde cero a nuestro antojo. Sin embargo, mantenemos cierta modestia y creímos necesario preguntarles a los sobrevivientes de la capital, de no aceptar, buscaremos a quienes estén interesados - Se puso de píe, con toda la intención de marcharse. Sabía negociar y sabía, que ella era una inexperta.

- ¡E-espera! Yo no puedo ofrecerte nada... ¿Que deseas a cambio? ¿Quienes te buscan? - La última pregunta, quienes te buscan... Eran exiliados, según ellos de grandes potencias, eso quizás solo podía traerle problemas a la nación y condenarlas a una extinción más rápida. - Te ofrecemos derrocar al feudo de este país, que ya no desea invertir nada de dinero en el mismo, estando su capital destruida. Te ofrecemos reconstruir la capital, entrenar nuevos soldados, traer con nosotros un gran ejército y levantar este pueblo de su miseria. ¿Qué pido a cambio?... ¿Tu eres la líder de todos estos campesinos, verdad? Pues solo necesito que te mantengas en tu puesto y aprendas a defender la capital que resurgirá. ¿Quienes nos buscan? Las cinco grandes naciones - Sentenció, sin miedo, sin titubear, con una mirada endemoniada en sus ojos.

Así comenzó todo. Así comenzó la expedición hacía la recuperación del reino.

Continuará...

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